Trump y el T-MEC, el único pragmatismo de la 4T

Hay motivos para que esté de gozo; ha acertado en el manejo de par de variables concatenadas

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La mejor, y tal vez la única, política pública de la 4T implementada en estos 18 meses de gobierno, en donde ha imperado el pragmatismo más que la ideología, es la relación con el gobierno del presidente Trump y su correlato, la conclusión y puesta en marcha del T-MEC, ambos, por cierto, fieles representantes del más puro neoliberalismo que tanto denostan como principio y como bandera política. Las decisiones en estos rubros se han tomado con la cabeza fría, reconociendo los costos y los beneficios de la administración política de ambos, y han aguantado vara; de eso se trata cuando se es gobierno, hacer, probablemente, aquello que no te gusta del todo, pero que es necesario llevar a cabo, y sin hacer gestos.

En la relación con el gobierno de Trump no fue sencillo anteponer el pragmatismo en sus decisiones de política; quisieron hacer grilla de corte bolivariana, pero la realidad les asestó un duro revés y la amenaza y dureza del gobierno gringo de imponer medidas unilaterales en temas comerciales les obligó a acomodarse en el asiento y tuvieron que rectificar sus principios presentando otros. Entendieron que las decisiones soberanas de México ya no lo eran tanto y que lo mejor sería tener claros los intereses de ambos y actuar en consecuencia.

Aguantar los excesos de Trump y no comprar sus dichos a pie juntillas fue la clave; López Obrador se hizo de piel dura y entendió el sentido de la diplomacia tratando con el imperio; se tuvo que desdecir; tuvo que recular y tuvo que desconocer su enorme cauda de dichos cuando era opositor y exigía acciones reivindicatorias de la dignidad nacional; aguantar vara era la consigna, y privilegiar el interés de la relación, entendiendo una cosa muy importante: El éxito de la 4T como gobierno necesitaba, afanosamente, de tener una buena relación con el gobierno de Trump.

Lo mismo prevaleció en relación con la conclusión y firma del T-MEC, el acuerdo comercial más importante del orbe occidental en tamaño del monto comerciado entre las tres naciones de Norteamérica, probablemente el más importante instrumento económico que ha puesto el matiz en el papel de México, en el concierto internacional, como país manufacturero; si México no es del todo un país bananero es gracias a su importancia como potencia exportadora y proveedora de importantes cadenas de producción en el mundo. La 4T lo entendió y le dio un papel de suma importancia en el desarrollo de su política económica, inclusive superior al diseño de su propia política económica interna.

Paradójicamente para un gobierno de corte populista de izquierda tradicional e ideológicamente conservador, sus decisiones más trascendentales, y sobre la cual sostienen la propia estabilidad de su gobierno, son producto de acciones pragmáticas y neoliberales que, afanosamente, han convertido en sus enemigos ideológicos a vencer.

Sin embargo, ambas decisiones no serán suficientes si creen que con eso podrán construir derroteros de confianza y certidumbre para un crecimiento sostenido y de largo plazo, pero eso será materia de otro análisis.

Por vía de mientras, hay motivos para que la 4T esté de gozo; han acertado en su manejo de estas dos variables concatenadas, que les servirá para entender a cabalidad el complejo arte de gobernar de la mano del pragmatismo en sus políticas públicas.

 

 

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