Surrealismo a la mexicana: coronavirus, Zedillo, Acteal, Collado

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Al presidente López Obrador le da por hablar de Kafka cuando en realidad se refiere a André Bretón para resaltar el surrealismo que caracteriza a la vida pública mexicana.

Más allá de las confusiones, no le falta razón, empezando por la realidad que nos ha impuesto la Cuarta Transformación en la que de pronto una cucaracha despierta convertida en burócrata o al revés.

El jueves 3 de septiembre es fecha a registrar para los amantes del surrealismo por la coincidencia de eventos sin conexión, pero entrelazados entre si.

Muy de madrugada circuló por el mundo la noticia de que el ex presidente Ernesto Zedillo fue electo como una de las 11 figuras de la política mundial que someterán a escrutinio el desempeño de la Organización Mundial de la Salud en el origen, inicio y desarrollo de la pandemia del coronavirus.

En lo surrealista de la fecha debemos registrar la coincidencia de que el zar mexicano de la Covid 19, Hugo López Gatell, no asistiera a su conferencia vespertina porque fatalmente a algún reportero no sometido al control de Jesús Ramírez Cuevas se le habría ocurrido preguntar si aceptaría el escrutinio del ex presidente neoliberal a quien Andrés Manuel López Obrador suele asociar con el Fobaproa.

Van las coincidencias.

Por ironías de la vida, el gobierno de López Obrador, por medio de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el subsecretario sobreviviente al austericidio, Alejandro Encinas, asumió ayer por la tarde, a nombre del Estado mexicano, “el reconocimiento de la responsabilidad del Estado por la violación de los derechos humanos fundamentales (y ofreció) … una disculpa pública a la comunidad de Acteal por los hechos de violencia que dieron lugar a la masacre” de 45 personas hace 22 años, cuando Zedillo era presidente de México.

Para mayor ironía, ayer una jueza de Chihuahua dictó prisión preventiva a Juan Ramón Collado por presunto desvío de 13.7 millones de pesos del erario estatal, en tiempos en que a César Duarte lo hicieron creer que sustituiría a Manlio Fabio Beltrones en el PRI para posteriormente ser candidato a la Presidencia de la República.

Collado armó la conexión entre 10 indígenas de Acteal y los abogados de Miami que denunciaron a Zedillo en Connecticut por la masacre de las 45 personas, ocurrida a causa de un enfrentamiento por una mina de arena entre dos grupos, uno perredista-católico y otro priista-protestante.

En el principio del conflicto murió un joven, hijo de un líder, y luego ocurrió la venganza por la que Zedillo fue llevado a juicio no como un ciudadano más, sino como ex presidente de México.

Zedillo recibió el apoyo del embajador de México en Washington, Arturo Zarukhan, y de la entonces senadora Hillary Clinton que le recomendó al abogado. Al final, el juez desechó la demanda.

Demasiadas casualidades en un día normal de la Cuarta Transformación y de la epidemia del coronavirus.

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