¿Si no fue Monreal? ¿Quién? ¿Y el otro documento?

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El Presidente López Obrador decidió seguir divirtiéndose guardando en secreto la identidad del trabajador de los conservadores que faltó a la confianza de sus patrones llevándole la prueba de la existencia del BOA, y El Universal también se divierte no identificando al “personero” de Morena, desayunador frecuente en Palacio Nacional, que intentó venderle la exclusiva de publicar el documento que prueba la existencia de una conspiración para derrotar al partido en el poder y derrocar al mandatario.

¿Qué podemos hacer? Sigamos haciendo el juego a quien inventó el instrumento distractor.
Lo cierto es que el autor del BOA logró lo que quería, pero al revés; durante 48 horas hizo más llevadera la confinación convirtiendo a López Obrador en blanco de las redes sociales.
El pagano fue Ricardo Monreal por su proclividad a publicitar sus frecuentes desayunos en Palacio Nacional con el Presidente. Fue identificado como el posible “personero” (aquí lo di por hecho) que intentó su publicación en El Universal y entregó a López Obrador el documento probatorio de la conspiración.

Sin embargo, en la misma fecha que El Universal publicó lo del “personero” desayunador frecuente en Palacio Nacional, dio lugar a la versión de los operadores de Monreal en el sentido de no ser el único que desayuna en la sede del Poder Ejecutivo Federal y que de ninguna manera él es el “pueblo” que llevó el documento.

En son de broma, el periódico de Juan Francisco Ealy nos invita a buscar “otro comensal frecuente”.

No sin antes disculparme con Monreal, no de los desayunadores frecuentes en Palacio Nacional, me doy: ¿quién carajos fue el eficaz personero?

Mientras juegan con la identidad de quien puso al descubierto la existencia de la supuesta conspiración contra Morena y el Presidente, insistamos que no es tema para divertir sino para preocuparse porque, más allá de la existencia del BOA, el episodio tiene elementos que si los desdeñamos podemos equivocarnos.

Es hecho indiscutible que un “personero” se acercó a “El Gran Diario de México” y trató de venderle la publicación exclusiva del documento para que de esa manera se deslindara de la conspiración, en la cual se le incluye.

Quien lo atendió y despachó con la negativa de hacerle el juego, sabe de quién se trata, como también lo sabe quien redactó el “Bajo Reserva” identificándolo como desayunador frecuente en Palacio Nacional.

La estrategia contemplaba al martes 9 como fecha de publicación de la exclusiva que, como El Universal bromea, lo haría merecedor del Premio Pulitzer.

Al no encontrar eco (no se sabe si acudió a algún otro medio porque a diferencia de El Universal no lo ha hecho público), acudió presuroso a Palacio Nacional a informar de su fracaso o a entregarlo al objetivo de la conspiración.

Concediendo que el Presidente se enteró hasta entonces, la cuestión es que también decidió hacerlo público el martes.

El pie se lo dio Lord Molécula, el reportero que suele iniciar sus actuaciones con su zalamero “Presidente de todos los mexicanos”. Le preguntó, después de referirse a Enrique Krauze y a Héctor Aguilar Camín, si “le quita el sueño el que el selecto círculo rojo mexicano no tenga simpatía hacia usted, el apoyo, de ese grupo de honorables periodistas, honrados, veraces, incorruptibles ¿o usted también los llamaría nuevamente a la tercera tregua a ese círculo rojo mexicano?”

Después de hablar de los círculos “rojo”, que apuesta por el regreso del régimen corrupto, y el verde”, el pueblo que es ahora el que decide, el Presidente dijo que el miércoles o el jueves daría a conocer “unos documentos que me llegaron -el mismo pueblo que me entrega cosas- de la estrategia que tienen para debilitarnos políticamente hablando, mañana los voy a presentar aquí, dos documentos de la estrategia, incluso quiénes participan, sus vínculos en el extranjero, cómo se contempla el hacer campaña a través incluso de la prensa internacional en contra nuestra; y como no tengo por qué ocultar eso, me llegó, yo lo doy a conocer, a ver si es cierto, es válido”.

Advirtió que “Si lo damos a conocer aquí no va a faltar quien diga que sí es válido o que sabe, porque resulta que los analistas, a los que contratan para hacer todas estas campañas, pues hay algunos aquí que son simpatizantes o sus familiares, y a la vida pública es cada vez más pública. Entonces, eso de acuerdos en lo oscurito ya no existe tampoco, ya predomina la transparencia. Entonces, por eso voy a dar a conocer esos dos documentos mañana o pasado”.

El mismo puso en duda su validez, pero justificó que “no está de más darlos a conocer”. Fue entonces que decidió no esperar a mañana o a pasado y se dirigió a alguien, quizás a su vocero, Jesús Ramírez Cuevas, con una orden-pregunta: “¿o por qué no le dices a Laurita que nos mande los dos documentos que tenemos ahí? de una vez lo voy a hacer, se los voy a entregar, porque no vayan a pensar que los voy a ir a hacer ahora. No, ahí los tengo y de una vez los subimos y ya que se den a conocer”.

Y mientras el Presidente daba respuesta a otra pregunta sobre la violencia en las manifestaciones que ocurren en la Ciudad de México, hablando de la creación de “una especie de grupos de paz, sin armamento, nada más bien protegidos porque también luego la policía tiene instrucciones de no responder y los agreden fuerte, llevan a veces unos palos con clavos y es una provocación, y muchos policías caen en la provocación y golpean, y eso también está mal y se debe de castigar”, Ramírez Cuevas y Laurita le tuvieron listo el tema que El Universal se negó a publicar. Acto seguido el vocero dio lectura a las diapositivas.

Y así fue como lo que el personero no pudo hacer publicar el martes, López Obrador lo hizo en esa fecha enigmática.

La cuestión es que Ramírez Cuevas sólo leyó un documento de los dos recibidos por el Presidente.

Ahora sólo queda esperar el segundo episodio de esta pésima telenovela sobre el poder. Debo reconocer que el argumentista nos tiene en ascuas; por más que lo intento no consigo adivinar de qué se trata, pero seguramente se cuidará de ofrecer a los adversarios del Presidente elementos como el acrónimo BOA que tanto divirtió a los usuarios de las redes sociales.

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