Segundo informe de la 4T: sí son iguales

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Hace seis años, en el Segundo Informe Presidencial de Enrique Peña Nieto se vivía lo que calificaban como el “Méxican Moment”; se presumía la concreción de reformas estructurales largo tiempo pospuestas que significarían la definición de nuevos paradigmas de desarrollo para el país. Mientras eso sucedía, poco a poco se construía una realidad alterna que marcaría los siguientes cuatro años de esa administración, pero los dos años de inicio servirían para poner la anteojeras que impedirían observar la realidad que marcarían las desatinos de los siguientes cuatro años.

Hoy el escenario es muy parecido, no hay grandes reformas, es verdad, ni tampoco se incuban nuevos paradigmas de desarrollo, también es cierto; este gobierno es más rupestre, pero se llega con las mismas anteojeras que impiden ver la realidad, es la misma soberbia, la misma arrogancia y sobrada, es la misma incapacidad de tener un ápice de autocrítica.

Sin duda hay diferencias sustantivas, pero es el mismo Segundo Informe enfrente de un espejo, un gobierno narcisista que se empeña a mirarse a sí mismo, cree domeñar la realidad sin percatarse de esa realidad alterna que se gesta fuera de su cosmovisión.

“Todo esta bien, y todo va viento en popa” con una gran diferencia entre estos seis años, hoy tenemos una tormenta perfecta que no se vivía en los últimos 100 años, y si eso no se vislumbra la ceguera es mayor.

Un informe de la 4T que bien podría haber sido una mañanera más, un soliloquio que ni a los propios les dice nada; es más de lo mismo, la misma narrativa, los mismos argumentos, las mismas cifras maquilladas, las mismas palabras repetidas mil veces, la misma incapacidad para cambiar de guión.

“Mis enemigos quieren que cambie mis compromisos, y eso sería traicionar a la gente. No les fallaré.” De esta manera le responde no a sus críticos, ni a sus enemigos, ni a los conservadores; responde a la realidad que le sugiere que se adapte a una circunstancia que es diametralmente opuesta de cuando asumió la presidencia.

Del engaño convertido en programa de gobierno, pasamos al autoengaño para alimentar la soberbia; hoy la 4T es presa de su propia irrealidad, convertidos en la némesis de su peor pesadilla, son la prolongación de aquello que tanto odiaban y que terminaron siendo su retrato: la frivolidad de la autosatisfacción.

“No seremos recordados como un gobierno corrupto”, grita el líder en el patio central de su propia coreografía, cree tener en la mano los juicios que solamente la historia puede endilgar. De ese tamaño es su soberbia.
Todo esto pasará: el paso de todos por el gobierno es efímero. Mañana la 4T será una anécdota en los pasillo del poder, sus obras son las que lo marcarán y la respuesta que le de a esa realidad alterna que paso a paso se construye marcará los destinos de este pomposo gobierno.

Hoy son un gobierno ebrio de su propia palabrería, el juicio del tiempo dirá lo demás.

Alguien en el exilio voluntario sonríe, y piensa: “cómo te veo me vi, y cómo me ves te verás”.
Te pareces tanto a mí.

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