Santiago Nieto exhibe a la clase política

Se embarcó en un carnaval declarativo circense que da la razón a los ciudadanos que están hasta la madre de los partidos y de sus dirigentes

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Santiago Nieto. ‘Soy un hombre de leyes’, el mayor de sus dislates

La clase política difícilmente podrá reponerse del ridículo que cometió con su reacción al cese del Fiscal Especial para la Atención de Delitos Electorales.

Ni quién lo dude, Santiago Nieto es hombre de leyes; de otra manera, nunca habría sido propuesto al Senado para ocupar la FEPADE; también tiene razón el PAN en rasgarse las vestiduras.

Sobra razón a todos los que utilicen a Nieto para sospechar que el nuevo titular será un Fiscal a modo del gobierno y del PRI.

Y, claro, este mismo puede calificar su cese de “autoritarismo”.

En lo que no la tienen es en abrir la boca a lo tarugo, como dirían en mi pueblo.

Otra cosa sería si todos los que hablaron se hubiesen tomado la molestia de leer las declaraciones de Nieto al periódico Reforma en el sentido de que el ex director de Pemex, mencionado, que no acusado, en el caso Odebrecht, le pidió, por carta, como si fuera el que le escribía a Eufemia la de la canción, que lo exonerara y, además, le ofreciera un disculpa pública, y comparar el texto con la carta publicada por IMPACTO, en la que Lozoya le dice estar ubicable, le señala domicilio para  ser notificado y le pide que lo cite a declarar.

Si lo hubieran hecho sabrían que el ex titular de la FEPADE le mintió al periódico Reforma y que por ello fue destituido.

De hecho, tal parece que ni siquiera en Reforma han leído la carta de Lozoya.

Sí se antoja miserable que un fiscal con toda la barba, con el poder, sobre todo aquel que se dedique a la política, como lo tenía Nieto, mienta con descaro al periódico que, se supone, trabaja con el mayor rigor profesional de la Ciudad de México; lo es igual que la legión política pretenda ignorar que defiende a un mentiroso.

El Senado debería aceptar la exigencia de los preclaros personajes de la política nacional de citar a quien deba para que explique la destitución del ex Fiscal y, si es el caso, lo reponga en su puesto para que Nieto sufra la vergüenza de ser exhibido como el mentiroso y mala leche que es.

Olvidémonos de la violación al debido proceso en agravio de Lozoya y de la violación a la secrecía de la carpeta de investigación; concentrémonos sólo en la capacidad de mentir de Santiago Nieto.

Si comparamos sus declaraciones, por cierto entrecomilladas por el periódico Reforma, y lo que el ex director de Pemex le dijo en la carta de marras, las mentiras de Nieto saltan como pulgas de circo.

De igual manera salta el oportunismo de los políticos incapaces de perder la oportunidad de cerrar la boca para no decir una tontejada.

Nieto se exhibió a sí mismo, pero de igual manera exhibió a los políticos opina todo que antes de abrir la boca se mostraron incapaces de leer más allá de lo que conviene a sus intereses.

Nieto los embarcó en un carnaval declarativo circense que da la razón a los ciudadanos que están hasta la madre de los partidos políticos y de sus dirigentes.

Lo mismo se fueron de hocico los venerables integrantes de la Comisión Política Permanente del PAN como la talentosa Alejandra Barrales, que vela los despojos del PRD.

Y qué decir del Pinocho que durante tanto tiempo estuvo en la FEPADE, el mismo que aún después de exhibido, y cesado de la peor de las maneras posibles, aún sale a decirnos el mayor de sus dislates: “Soy un hombre de leyes”.

 

 

 

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