Sana reflexion de confinamiento

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Estar confinado por largo tiempo, tanto como lo hemos estado y tanto más, como parece ser, es un cambio importante y un reto, pero también una oportunidad porque seguramente nos conduce al silencio, a la introspección, a leer, a reflexionar, a detenernos a ver hacia adelante y hacia atrás, a generar una serie de propósitos que con seguridad contribuirán a nuestro cambio individual, al cambio de nuestra pequeña sociedad, la familia, y así seguramente también influir en un cambio social mas amplio que se antoja necesario y urgente.

Fernando, mi Padre, ese primer maestro que por fortuna tuve, me señalaba desde niño que un ser humano debería caminar con la vista hacia adelante, puesto los ojos en un faro que direccionara la vida hacia el rumbo que nos trazáramos. Me señalaba también, la necesidad de hacer pausas, de parar, de girar la cabeza hacia atrás para revisar el trayecto recorrido, corregirlo si fuera necesario; ese -solía insistir- es un ejercicio propio del ser humano porque esa capacidad solo puede ser producto de la inteligencia y de la razón por lo tanto no se da en los animales. Eso -concretaba el tema- muchos no lo hacen, aunque presuman de ser seres humanos.

Para muchos observar nuestro actual escenario es por supuesto tema de reflexión y para muchos como yo, de seria preocupacion. Es tiempo de detenerse, de volver la cabeza hacia atrás y analizar como individuos y como sociedad lo que hemos hecho, y es cierto lo señalado, es también oportunidad de cambios. Pero si bien es cierto la humanidad ha hecho muchas cosas y muchos cambios sobre todo en materia científica y así podemos afirmar que la pandemia de hoy no es igual a las pandemias de ayer ni serán iguales las de mañana, sin embargo aun queda mucho, mucho por hacer y sobre todo en el área de lo educativo y de lo social.

A muchos mexicanos nos agobia, nos preocupa el actual escenario de una pandemia que a nivel nacional aun no cede. A mi me inquieta el ambiente de desacuerdo y el análisis y la discusión de lo que no se hizo y de lo que pudo haberse hecho, tomando como referencia el numero de infectados y el doloroso numero de fallecidos, que sin duda nos ubica dentro de los primeros lugares mundiales; así también el atestiguar las absurdas pero peligrosas, por desorientadoras, posiciones y discusiones sobre el movimiento de los semáforos con criterios mas políticos y económicos que médicos, así como el uso o no de las medidas preventivas a pesar de las claras evidencias científicas de su utilidad.

Por ejemplo el uso del cubrebocas que es muy eficaz y eficiente para evitar recibir particulas virales, pero debemos usarlos todos porque aun es mas importante y eficiente el uso en aquellas personas asintomáticas portadoras de virus que pueden convertirse en agentes trasmisores para docenas y docenas de seres humanos y dicho de paso, esta , entre otras cosas, pudo y debió ser una medida temprana y obligatoria para limitar el número de casos.

No dudo que la preocupación sea general; para mi lo es y severa, la que ya no podemos llamar epidemia porque de hecho ya no reúne los requisitos de la definición. Es y merece la designación de enfermedad crónica y degenerativa como la impresionante inseguridad, presencia y empoderamiento de los grupos delictivos que ahora a diario superan en violencia sus propias marcas.

Nos agobia también la enfermedad crónica asociada a la enfermedad concomitante de la corrupción y ahora agudizada y agravada de la economía, con pérdida de numerosas empresas y millones de puestos de trabajo, de la que lamentablemente dependen un número equivalente de personas o familias.

Ante todo lo anterior, por supuesto nos preocupa el escenario político, donde vivimos el dia a dia con la imagen y reseñas de todos contra todos, donde parece que el propósito y la clase de aritmética política no estuviera orientada a la suma y a la multiplicación sino exclusivamente a la resta y a la división.

Es el momento de que capitán y tripulación antepongan los valores superiores del país. No será saludable seguir navegando en estas condiciones. Nos involucra a todos. Por supuesto que los que tienen el poder y no solo el privilegio sino aun mas la responsabilidad de conducir el timon, deben asumir la obligación por su propio bien y el de la sociedad de combatir y eliminar el mortal virus de la soberbia, fortalecer su aparato inmunologico con las vitaminas de la razón , con los anticuerpos del juicio y la prudencia, no ser contaminantes y aquí si promover la sana cercania que los conduzca a sumar esfuerzos en la conduccion saludable, correcta y justa de nuestro barco.

No puedo dejar de referirme como estructura formativa a mi profesión Médica y en particular a la cirugia.

En cirugía somos entrenados para abordar el problema directo, si tenemos que extirpar un tumor lo hacemos derechamente vamos por el con la mayor limpieza , sin aspavientos, y tratando de provocar el menor daño posible, pudiera ser también que el grupo de enfermería, el anestesiólogo y los ayudantes trabajaran en otros hospitales con distinta camisetas o pertenecieran a otros grupos religiosos o ideológíciss, pero ahí en el quirófano considerado por nosotros un templo sagrado -como lo es la patria- todos trabajamos en un sentido, en ese que va a salvar la vida, a restaurar la salud, a construir un futuro, bajo un comportamiento valiente, enfocado, decidido, humilde, despojado de soberbia, comprometido, constructivo, lógico, pleno de prudencia y razón.

Termino esta reflexión con el pensamiento y enseñanza de uno de mis personajes admirados de la historia de la medicina que me hizo desde estudiante reflexionar sobre el valor social que debe de tener no solo la medicina sino todas y cada una de las actividades que el hombre desarrolla y en forma particular la política y los políticos en su correcta acepción , me refiero ahora a Rudolf Virchow de origen Aleman, de gran vocación social y padre de la Patologia como rama de la medicina quien nos dice:

La enfermedad no solo es un problema simple de salud sino que en realidad y en su verdadera dimensión es un problema social y agregaba: La medicina es una ciencia social y la política no es otra cosa mas que medicina en gran escala.
Esta lección la aprendí desde estudiante de la UNAM, la he confirmado en todos los niveles sociales y económicos de nuestro país. Hagamos todos una buena medicina a nuestro paciente México que lo necesita y merece. .

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