Sambenito

De seguir ebrio de triunfo, titular del Ejecutivo federal va a acabar, en los libros de texto, con vestimenta usada como símbolo de infamia

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Cualquier ajeno a la familia materna de este menda, si asistía a una reunión de la tribu toluqueña, pensaba que éramos unos majaderos porque nadie le prestaba atención al tío Ricardo, quien tenía la manía de echar discurso en toda ocasión; los viejos decían que la responsable era su mamá, quien desde chiquito le festejó cualquier tontada que dijera, hasta convencerlo de que hablando era un Demóstenes, un Juan Crisóstomo (“chrysóstomos” en griego significa “boca de oro”, nomás), con un inconveniente de risa loca: Siempre decía lo mismo, fuera boda, velorio o cena de año nuevo: “Estamos hoy aquí reunidos como la familia que somos, honrando la memoria de nuestros antepasados y para ejemplo de nuestros hijos, nuestros nietos y sucesores…” y seguía y seguía, infinitamente seguía, pero nadie dejaba de platicar ni se molestaba en verlo, mientras el viejo imprudente (que olía rancio), hablaba y hablaba, encantado de oírse. Cuando el tío pasó al definitivo estado de fiambre, en su sepelio, el impresentable primo Pepe, al oírse caer las primeras paletadas de tierra sobre el ataúd, soltó en voz alta: -“Estamos hoy aquí reunidos como la familia que somos…” –hasta ahí llegó, la carcajada fue general y los enterradores nos vieron feo.

Benito de Nursia (perdón, antes debe el tecladista corregir un error en La Feria: Roosevelt no fue elegido tres veces presidente de los EUA sino cuatro; disculpe las molestias)… ahora sí, Benito de Nursia nació en el siglo V d.C. en Umbría, en lo que hoy es Italia y entonces ni era Italia; le pusieron Benito sus papás (claro), como variante de Benedicto (“el llamado bendito” o por ahí). Es considerado iniciador de la vida monacal (la de los monjes); fundó la orden de los Benedictinos por ahí del año 530 que sigue existiendo 1,490 años después (actualmente hay unos 1,600 monasterios benedictinos en el planeta); es el Patrón de Europa. Su nombre no es muy raro entre los italianos, es muy querido y aseguran sus seguidores que muy milagrero (no conocen a San Juditas).

Hay quienes dicen que le pusieron así a Benito Mussolini por Juárez, sin que haya manera de averiguar con sus papás si es cierto, ni exista documento alguno para verificar tal cosa. Es información de revista de tienda de conveniencia (del Oxxo, pues). ¿Puede ser?, sí. ¿Lo asegura algún historiador en sus cabales?, no. ¿Es lo más probable?, tampoco, pues San Benito es el popular por esos lares, no Juárez.

En una emisión especial de su gustado programa de variedades “La Mañanera”, transmitido al Pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, nuestro Presidente les contó que Mussolini se llamaba Benito por Juárez. Hablaron otros 33 jefes de Estado, entre ellos el de China, don Xi Jinping, quien parece despidió a sus traductores, pensando que estaban chacoteando (es rumor, no crea nada).

Vamos a suponer que fuera un dato duro eso de que a Mussolini lo bautizaron Benito por Juárez: NO SE DICE. En ese foro, ante el mundo entero, es una anécdota ridícula, poco creíble y muy desafortunada, porque Mussolini es uno de los impresentables de la historia mundial, creador de los “Fasci Italiani di Combattimento”, los tristemente recordados Camisas Negras, grupos de violentos agitadores que derivaron en el Partido Nacional Fascista. Mussolini fue un brutal dictador de Italia, se alió con Hitler, metió a su país en la Segunda Guerra Mundial y es una pena que nuestro Presidente considere que da una idea de la importancia de Juárez que ese infame haya llevado su nombre. Si por el de Guelatao le pusieron Benito a Mussolini, NO SE DICE (y menos si ni siquiera es un hecho probado).

La prensa extranjera no se tomó nada bien la puntada del Presidente. Da pena. El tenochca simplex, haya o no votado por el Presidente, quiere que nos represente dignamente ante el mundo. Su discurso no trató del asunto para el que se convocó la Asamblea General (la iniciativa sobre el acceso universal a la vacuna contra el covid-19), y a cambio les recetó una dosis soporífera sobre él, los avances de su gobierno, lo bien que estamos, la 4T y temas misceláneos e inarticulados. Da pena.

A más de ser una afirmación de dudoso valor histórico, es muy inapropiada dada la calaña de Mussolini. Da qué pensar que el Presidente tenga en la punta de la lengua a semejante esperpento, declarado y bárbaro enemigo de la libertad de prensa y las organizaciones no gubernamentales que controló y neutralizó, y mediante la ley No. 2029, del 26 de noviembre de 1925, las obligó a registrarse y dar los nombres de todos sus integrantes… así les fue; también fundó el 3 de abril de 1926 la “Opera Nazionale Balilla” (“balilla” eran los niños de 8 a 14 años), movimiento nacional dedicado al mejoramiento moral de la juventud (aromas de Cartilla Moral).

Mussolini también impulsó proyectos de interés social: Mediante el decreto 284 del 30 de diciembre de 1923 creó los ECA (“Enti Comunali di Assistenza”), encargados de organizar el apoyo económico a los pobres, becas para estudiantes y el pago de salario para el aprendizaje de artes, profesiones y oficios (¡gulp!). Ya instalado como dictador, le sacó al Parlamento autorización para legislar él mismo, implantó la censura legal a la prensa y se comió en pizza la democracia. En varias cosas tuvo éxito, destacadamente, en la recuperación de la producción agrícola y el combate a la delincuencia organizada (raparon pueblos enteros en Sicilia).

Murió ejecutado a la mala, lo pescaron huyendo al final de la guerra y su cuerpo se entregó en Milán a la turba que hizo horrores con sus restos y los de Clara, su amante. Mal.

Y estamos hablando de esto gracias a nuestro Presidente. Y revisamos algo de lo que fue el fascismo en Italia encontrando motivos para la diarrea. No sabemos a dónde va, sí sabemos que va mal y a este paso, no va a ser en la historia el tercer Benito famoso y si sigue ebrio de triunfo, va a acabar en los libros de texto con esa vestimenta usada antes como símbolo de infamia, el sambenito.

 

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