Rosario Robles, culpable… sin pruebas

Habrá que esperar al 2 de diciembre, porque el uno será de festejo, aún para Javier Jiménez Espriú que ya tiene clientes para el día después; entonces sabremos si hubo pactos de impunidad y si operará aquello del perdón sin olvido

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Hasta que la llamada “estafa maestra” llegue a tribunales y los jueces se pronuncien, sólo sabremos lo que hay en notas periodísticas basadas en informes de la Auditoría Superior de la Federación.

Mientras, en la Cámara de Diputados Rosario Robles se dice inocente y niega la existencia de pruebas que la involucren en el desvío de 7 mil millones de pesos.


En todo caso, dice, fueron las universidades quienes habrían cometido los ilícitos a través de empresas fantasmas.

No es un tema fácil de entender y se ha enredado de tal suerte que, cual sea la resolución jurídica si la llega a haber, nadie quedará contento por todos los intereses políticos involucrados.

Para el PAN, la negativa de Andrés Manuel López Obrador de perseguir a la titular de SEDATU, por lo menos a nivel declarativo, confirma la existencia del supuesto pacto de impunidad entre los gobiernos saliente y entrante que en campaña denunció el candidato panista Ricardo Anaya.

De la comparecencia de ayer la señora Robles no hay mayor saldo que acusaciones verbales sin sustento, insultos, alegatos de inocencia y el casi encuentro a golpes de los diputados Gerardo Fernández Noroña y Luis Miranda, ambos conocidos por su proclividad al espectáculo.

Pero de la verdad, nada.

Los acusadores de la ex líder nacional del PRD deberían aprovechar su disposición a que la PGR la investigue y presentar pruebas concretas en su contra; de ser culpable, no la salvaría en un tribunal ni el supuesto indulto que el Presidente electo le otorgó, según la diputada panista Adriana Dávila.

Si no existen pruebas que la incriminen, la ex secretaria de Desarrollo Social y ahora de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, haría bien en acudir ante el Ministerio Público a presentar denuncia en contra de quienes la difaman, según sus palabras.

Nada de esto ocurrirá porque por regla general todo se reduce a espectáculo de los actores políticos y a la inacción de la autoridad que ni siquiera se da por enterada.

Por lo pronto, aunque sus acusadores nada prueban, Rosario Robles no convence y ya ha sido juzgada por los tribunales del Congreso y de los medios de comunicación. El fallo es inapelable, culpable; borrar el estigma le resultará difícil, sino que imposible.

Así es esto en los prolegómenos de la Cuarta Transformación de la República.

Habrá que esperar al 2 de diciembre, porque el uno será de festejo, aún para Javier Jiménez Espriú que ya tiene clientes para el día después; entonces sabremos si hubo pactos de impunidad y si operará aquello del perdón sin olvido.

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