Ricardo Monreal en el chisme

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Ricardo Monreal no ha logrado sacudirse del todo al priista que lleva dentro. Hoy obtuvo unos puntos sobre Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard en el animo del presidente López Obrador repitiendo lo que está convencido que el presidente López Obrador quiere escuchar.

Oportunismo es el nombre del juego.

El problema es que si no tiene elementos para probar que pocos o muchos de sus compañeros diputados en la primera legislatura del sexenio de Enrique Peña Nieto fueron sobornados para aprobar las Reformas Estructurales, no debería mantener cerrada la boca.

Hasta él, que se precia de haber doblegado a Andrés Manuel López Obrador para que le entregara un escaño en el Senado y la Coordinación de los senadores de Morena después de negarle la candidatura a jefe de Gobierno, debe aceptar que resulta indigno de su estatura política caer en la vulgaridad, para no usar el calificativo apropiado, de conseguir un lugar en los medios de comunicación acusando sin pruebas.

Sus palabras delatan oportunismo y proclividad al chisme: “Me temo que no sólo en la reforma energética hubo estas presiones económicas para votar a favor, yo recuerdo muy bien ese momento, había presiones fuertes para la reforma educativa, para la reforma fiscal, para la reforma de telecomunicaciones, para la reforma de amparo, incluso para la reforma laboral”.

Y la salida fácil para evitar que el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero no lo cite a declarar: “No tengo elementos para referirme a determinados legisladores, soy de los que piensa que los principios de debido proceso y presunción de inocencia deben regir el proceso”.

Si a Monreal le consta que “no sólo en la reforma energética hubo estas presiones económicas para votar a favor”, debería cumplir con su deber cívico y acudir ante el Ministerio Público de la Federación y no solo hace declaraciones sensacionalistas para conseguir lugar en los medios de comunicacióny en las redes sociales.

De no hacerlo, todo quedará en chisme, como el que lo obligó a desertar del PRI, pero que lo persigue.

Quizás recuerde que, con todo derecho a ser candidato del PRI a gobernador de Zacatecas, el cetemista Arturo Romo no lo quería, pero además el precandidato presidencial Francisco Labastida tenía su propio candidato, al que apoyaba el líder nacional priista, Mariano Palacios Alcocer.

No fue candidato priista porque la grilla tricolor le adjudicó relaciones familiares con grupos mafiosos, lo que al final de cuentas privó en el ánimo del presidente Ernesto Zedillo.

Irónicamente, gracias a este chisme se afilió al PRD y ganó la gubernatura.
Chismes de ese tipo resurgieron en noviembre de 2013 cuando su eterno rival, Jose Bonilla, recordó no sólo que durante dos años le dio una beca de 10 mil pesos para apoyarlo en sus estudios de doctorado y por ello pidió una investigación para que se aclare cómo fue que de la condición de estudiante apoyado terminó siendo el más rico de Zacatecas.

Bonilla no se guardó nada pero es vivo ejemplo de lo que ahora dice su paisano el senador Monreal cuando recuerda que como diputado recuerda muy bien las presiones económicas para aprobar algunas reformas estructurales, pero no tiene elementos para referirse a legisladores en particular que sucumbieron a los mismos.

En definitiva, a Monral no le queda el papel de chismoso. Si sabe algo, que acuda con Gertz Manero y no pierda la oportunidad de quedarse callado para llenar el vacío periodístico de los domingos.

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