Reyes Heroles y Chuayffet habrían enviado a AMLO a Palenque

Otto Granados no ofendió a nadie con su certero golpear al moreno; simplemente se puso a la altura de quien pretende ser Presidente de México

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No defiendo a Otto Granados; ni siquiera lo conozco. Todas mis referencias sobre él son familiares, desde su época con Carlos Salinas; antes estuvo con Jesús Reyes Heroles en la Secretaría de Educación, en donde fue su secretario particular.

Lo aclaro por aquello de quienes supongan que escribo en su defensa por el mini escándalo producido al endilgarle el calificativo de “orate” a Andrés Manuel López Obrador.

Orate, dice la Academia, es sinónimo de loco, lo cual no es tan ofensivo si se usa en alusión a algunas de las salidas públicas del candidato presidencial de Morena, como la propuesta de  amnistiar al crimen organizado o dar marcha atrás a la Reforma Educativa.

Ya he dicho que ni siquiera López Obrador se cree tantas tarugadas, que en realidad forman parte de una estrategia diseñada para mantener la atención de su público cautivo, atraer a algunos de los grupos antisistema y seguir posicionado  en los medios de comunicación.

En cuanto a las continuas referencias sobre lo que él llama “caída” del simpatizante priísta, José Antonio Meade, y su reemplazo, como candidato presidencial, por Miguel Osorio Chong o Aurelio Nuño, son meras ganas de fastidiarlo y desestabilizar a la cúpula priísta, en donde algunos comparten sus apreciaciones, en especial, a la difícil cuesta que tiene el ex secretario de Hacienda.

Hay quienes se rasgan las vestiduras porque Otto usó el término “orate” para referirse al candidato de Morena; suponen que su condición de secretario de Educación le impide usar ese lenguaje.

En beneficio de Granados digamos que el lenguaje de López Obrador suele ser procaz cuando se lo propone, algo ciertamente inadecuado en quien por tercera ocasión quiere ser Presidente de México.

López Obrador y quienes salieron en su defensa ante el descalificativo certero de Granados deben agradecer que no estuvieran en la SEP Jesús Reyes Heroles o Emilio Chuayffet porque el lenguaje habría sido diferente. De mentada de madre para arriba. Vaya, Josefina Vázquez Mota le habría dicho “pinche” y José Vasconcelos lo habría enviado a la finca de sus ancestros en Palenque, “La chingada”.

No. Otto Granados no ofendió a nadie con su certero golpear al moreno; simplemente se puso a la altura de quien pretende ser Presidente de México.

En todo caso, usó ese lenguaje porque es el único que entiende quien ahora es defendido por las buenas conciencias de los medios de comunicación.

Algo le sabrían en la casa familiar que sus progenitores llamaron “La Chingada”, en donde se retirará a escribir sus memorias al estilo de don Nicolás Zúñiga y Miranda, que compitió cinco veces por la Presidencia.

 

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