Rechazar el ASPAN antes que el TLC

Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte amenaza con una guerra a la que México es absolutamente ajeno

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Con Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte vamos al abismo

A partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, como se llamó ese acuerdo trilateral, globalizador, en rigor el territorio mexicano pertenece al norte y Mesoamérica, no así la ambición salinista de desprendernos de América Latina para adherir nuestro destino a la potencia cuyo comando está en Washington. Se cancelan los acuerdos de intercambio económico por sectores de la economía, la mayor independencia en un comercio internacional amplio y no regional que auspiciaba la Organización Mundial de Comercio. México renunciaba a toda otra opción. Su futuro dependería desde entonces con ser el cabús del tren de Estados Unidos y Canadá.

Cómo no recordar a José Ángel Conchello que con muchos otros panistas de entonces, advertía el riesgo de colocarnos la soga en el cuello. La integración al TLC en 1992 era un despropósito por el absoluto desacuerdo con nuestra política internacional abierta y multilateral. Significaba dejar atrás una digna historia de reencuentro con América Latina y otras naciones del planeta, nos ataba a una dependencia simbiótica que atentaría contra nuestra propia proclamación de emancipación de 1821.

Fue entonces que por congruencia ideológica nacionalista, por la que habíamos entrado al PAN, tuvimos que crear primero, el Foro Doctrinario y Democrático hacia adentro del partido para exigir a Luis H. Álvarez rectificar la decisión de la alianza con Salinas y rechazar la decisión del respaldo al TLC. Cuando no lo conseguimos en un Consejo Nacional, tomamos la dolorosa decisión de separarnos de un partido que iba a la deriva en su misión de hacer a México soberano, independiente y progresista. El mismo Conchello, Madero, Bátiz, Ortiz Gallegos, Martínez Martínez, González Torres y en un principio Juan de Dios Castro y Jiménez Remus, abandonamos la sesión del Consejo cuando se anunciaba que Acción Nacional recibiría los subsidios oficiales, construirían sus oficinas con dinero de la Cámara de Senadores y respaldaría la política internacional de Carlos Salinas de Gortari.

Más tarde todavía, con mayor esperanza de que el PAN pudiera rectificar, Conchello regresó al partido y fue electo senador. Desde ahí volvió a denunciar el despojo que se fraguaba con la maniobra de que México cediera parte de las reservas petroleras que se encontraban en el Hoyo de Dona en aguas territoriales mexicanas en el Golfo de México. Además, sostenía que el TLC no iba a quedar en un solo acuerdo comercial, que las maniobras norteamericanas llevaban a integrarnos como parte del bloque de defensa militar continental frente a los ya claros prospectos de Estados Unidos de meterse a fondo en el Oriente Medio. En esa lucha por México, la muerte sorprendió a Conchello en un accidente automovilístico dejando el vacío al interior del PAN al extremo de que en un poco tiempo Fox firmaba el acuerdo de la entrega de la mitad de los yacimientos a la Unión Americana.

El desapego a la política internacional mexicana se fue acelerando hasta llegar al extremo de que Vicente Fox en el máximo grado de servilismo, le pidió el comandante Fidel Castro que se retirara de una Cumbre de las Américas en Monterrey, antes de que llegara el presidente George W. Bush. El agravio era mayúsculo aunque Castro fue indulgente porque sólo quedó en ridiculizar a Fox con la evidencia grabada del “comes y te vas”, al mismo tiempo el Congreso Mexicano guardó sospechoso silencio e impidió que se le abriera juicio político a Fox por el desacato al artículo 89 de la Constitución que consagra la doctrina “Estrada” de autodeterminación y no intervención, además de haber causado una afrenta diplomática indigna de la amistad de los pueblos de México y Cuba.

Desde luego, como lo previmos los integrantes del Foro Doctrinario y Democrático al salir del PAN en 1992, ya para 2005 el Presidente de la República panista, firmaba con Estados Unidos y Canadá el ASPAN, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, que nos comprometía militarmente como aliados con  la seguridad con los gringos no sólo en el cuento de lograr competitividad de nuestras economías, sino abiertamente para acciones bélicas como la invasión a Afganistán en 2001 por parte de Estados Unidos. Recordemos que en aquel entonces el embajador de México en el Consejo de Seguridad de la ONU Adolfo Aguilar Zínser, se opuso, y fue obligado a renunciar. De ahí en adelante el ASPAN se convirtió en el rector de la política exterior mexicana tanto que nuestra proverbial amistad con todos los países del mundo sin distinciones de razas, credos, culturas, cayó por la borda e inauguramos un nuevo capítulo de correr el riesgo de avalar las arbitrariedades norteamericanas, sin reparar en que las mismas respuestas de los agredidos incluirán a México en el blanco enemigo.

La estupidez de respaldar a Trump en su desencuentro con Corea del Norte, pese a que México fue promotor del acuerdo del desarme nuclear para poner orden en ese antagonismo, no hizo sino exhibir los jirones de nuestra política exterior ya no sólo con el neopanismo sino de remate, continuaron con el neopriísmo de Videgaray como títere de los gringos hasta ponerse a las patadas con Maduro para perder la categoría y capacidad de México en la intermediación como la de “Contadora” en los años más difíciles de las guerrillas en Centroamérica.

Es hora de recapacitar. Vamos al abismo si seguimos así, la decisión del TLC debe implicarse en la también discusión del ASPAN. Ambos acuerdos están ligados y no pueden sostenerse. Previamente a la potencial salida de Trump del TLC, México debe quedar fuera del ASPAN antes de las pláticas que se reanudan el 17 de noviembre porque contraviene frontalmente su tradición pacifista y civilizada. Así como Trump despreció a la UNESCO para conciliar a las naciones a través de las culturas, México debe rechazar el ASPAN que amenaza con una guerra a la que México es absolutamente ajeno.

 

 

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