Reacción en cadena

Titular del Ejecutivo federal tensa tanto las cosas que puede provocarla en su contra

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Tía Martha no era mala persona, pero tampoco buena. Se especializaba en manipular a todo mundo y en hacer sentir a los que tenía cerca, culpables de sus “sufrimientos”. Su marido un día, nomás ya no regresó del trabajo. Luego, de uno en uno, sus siete hijos se fueron yendo. Ya muy viejita, mandó recado a sus hijos advirtiéndoles que iba a hacer su testamento y quería que la fueran a ver o heredaba a “las monjas”. Le llegó una breve carta firmada por todos: “Hereda a las monjas”, fue todo el texto. Triste.

Decíamos ayer que la pelea para conseguir presupuesto de 10 gobernadores, está perdida de antemano: Es imposible que la Cámara de Diputados con la mayoría que controla el Presidente, vote algo contra su sacra voluntad y si con algún recurso legal se escala el tema a la Suprema Corte, tampoco les van a conceder lo que piden, la actual ley no los favorece.

Ver el asunto sólo desde esa óptica es limitado, la cosa es política y aparte de ser un enfrentamiento abierto contra el Presidente, impensable en otros tiempos, es una jugada cuyo objetivo son las elecciones de 2021. ¡Chin!

Todo el actual gobierno federal, es el Presidente. Él lo ha querido así. Al centralizar toda decisión su gabinete carece por completo de autoridad, todo rebota en el escritorio presidencial, lo poco bueno y lo mucho malo; los problemas, todos, los manosea en sus mañaneras y no es frecuente que los trate con acierto, pero, no le importa, él es la primera y última palabra en todo. Es un Presidente pararrayos, sin intermediarios.

En las elecciones del 2021, estarán en juego más de 21 mil cargos de elección popular: 15 gobiernos estatales, la Cámara de Diputados, 30 congresos estatales, 1,926 ayuntamientos y juntas municipales.

Para el Presidente lo crucial es mantener el control de la Cámara de Diputados; después de eso -en orden de importancia política-, están los gobiernos estatales… y lo demás, como salga, aunque claro, con ganas de arrasar en todo. El “pero” es que no parece que tenga mucho de dónde escoger para seleccionar él, como le gusta, como diga su dedito, a más de 21 mil candidatos y es previsible que en Morena, su partido, haya pleitos a navaja libre por las candidaturas y más división entre ellos, lo que se puede reflejar en las urnas; los nuevos partidos en los que podrá sembrar gente suya, tampoco son garantía, con la excepción de RSP, Redes Sociales Progresistas, que sí son una organización organizada. Y volver a la “tómbola” como en 2018, puede en esta vuelta, acabar en batalla campal. No la tiene fácil.

Y no la tiene fácil por lo más obvio: Él no va de candidato a nada. Si fuera, ya podría darse por ganador, no con la holgura de 2018, pero ganador. Ahora los candidatos serán otros y no son muchos los que le aseguran triunfos y confiar en que los programas sociales equivalen a victorias electorales es una quimera (pregúntenle al PRI).

El voto duro de Andrés Manuel López Obrador, ronda los 15 millones de alegres tenochcas. Llegó a más de 30 millones en la elección presidencial por lo que usted quiera, pero ese doblete no es voto duro, voto convencido, voto seguro.

Así las cosas es que uno se pregunta si el Presidente está confiando de más en su popularidad y arrastre. Pareciera que alojarse en Palacio Nacional le ha adormecido el instinto político-utilitario que lo caracteriza.

Piense nomás si puede chacotear con lo de la Alianza Federalista de 10 gobernadores que en sus estados alojan a más de 28 millones 600 mil electores (por si es usted de los precisos, va la lista, si no, sáltese al siguiente párrafo: Aguascalientes, 982,957 electores; Chihuahua, 2’818,776; Coahuila, 2’219,673; Colima, 542,600; Durango, 1’299,076; Guanajuato, 4’487,583; Jalisco, 6’058,758;   Michoacán, 3’487,884; Nuevo León, 4’071,589; Tamaulipas, 2’659,439; total, 28’628,335 electores).

El listado nominal de electores registrado al 9 de octubre de este año, suma, según el INE, a 91 millones 314 mil 935 ciudadanos. Esos 10 estados representan el 31% de los cumplidores electores nacionales. Se antoja muy difícil que los habitantes de esos estados no voten pensando en su entidad, creyendo lo que sus gobernadores les dicen: Hay que vencer al “centro” (y el “centro” no es muy querido en ninguna entidad, por cierto).

Si ya es de ponerse con el ceño fruncido tener de adversarios a 10 estados que pesan tanto en las elecciones, que alguien le explique a este menda, el empeño del Presidente en despreciar a los agricultores, que cuando protestaron por la pérdida de presupuesto que sufren, les respondió: “Ahórrense el tiempo”. Enternece su sensibilidad. Debería dedicarse a la poesía. Y los agricultores son otro lote de 5 millones de personas. Bueno, él sabrá.

Por otro lado, si hay un mexicano inmune al efecto narcótico de las babas oficiales, es el indígena: A ningún indígena de este país lo marea en rollo oficial. El Congreso Nacional Indígena y el Consejo Indígena de Gobierno, han hecho público su rompimiento con el Presidente, su rechazo a su política y lo mismo hicieron el EZLN y el Ejército Revolucionario Indígena. No es poca cosa, según el INEGI los indígenas son casi el 10% de la población. Otros 12 millones trompudos con el señor de Palacio.

Dicen los analistas electorales que el voto huracanado que llevó a Palacio al Presidente, fue el de la clase media… bueno, pues el Presidente, al justificar el abandono económico que le recetó a la media clase les mandó recado de que el principal beneficio que su gobierno les otorga es “conseguir la paz y la tranquilidad en México” (discurso de su segundo informe). ¡Vaya!… pues que le apure, porque la inseguridad pública y la robusta salud de la delincuencia organizada, hacen que su oferta sea una aspiración o una burla.

Por supuesto sigue siendo difícil derrotar a un Presidente en las elecciones intermedias, aún tiene tres años por delante y controla mucho dinero; pero este Presidente tensa tanto las cosas que puede provocar en su contra una reacción en cadena.

 

 

 

 

 

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