Puebla una mancha electoral: López Obrador

… Y Chiapas con Rutilio Escandón

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Apenas el jueves pasado, el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, desde el asiento de un vuelo comercial, se inconformó con los resultados de la elección en el estado de Puebla.  Diría a su interlocutora: Es una mancha en la elección que no debió de haberse dado.

Cierta la expresión del Presidente de la República a partir del próximo 1 de diciembre.  El gobernador José Antonio Gali Fayad y el secretario de Gobierno, Diódoro Carrasco, operaron con todos los recursos del erario estatal para hacer ganar a Martha Erika Alonso Hidalgo, esposa del ex gobernador panista Rafael Moreno Valle.


Correspondía ganar al candidato de Morena, Miguel Barbosa. Incluso, el fraude a favor de Erika Alonso quedó debidamente documentado cuando en más de un sitio se encontró evidencia de relleno de urnas a favor de la candidata de “Por México al Frente”.

Sólo que Puebla no fue la única mancha.  Chiapas, de nuevo, volvió a ser noticia en el anecdotario de los fraudes electorales. La misma noche del 1 de julio, en diversos centros de educación superior de la capital, Tuxtla Gutiérrez, el relleno de urnas posibilitó el abultado triunfo de Morena con López Obrador a la cabeza y Rutilio Escandón Cadenas como beneficiario último y directo del fraude electoral para hacerlo gobernador  por decisión unilateral de su ya cercano antecesor, Manuel Velasco Coello.

Así, fueron testigos de la manipulación electoral el Instituto Tecnológico Regional, la Universidad Autónoma de Chiapas y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, aun cuando tales instituciones apenas representaban la etapa final de un fraude electoral perpetrado con semanas de anticipación.

Recuérdese que el más vapuleado en el único debate fue el hoy “gobernador electo”, Rutilio Escandón Cadenas.  Quedó de manifiesto su desconocimiento de la problemática chiapaneca y su imposibilidad para hilar propuestas y, mucho menos, de cómo convertirlas en realidades.  En una reunión convocada por la Coparmex, según los empresarios, Escandón Cadenas quedó en cuarto lugar, atrás del candidato de Por México al Frente, José Antonio Aguilar Bodegas, del PRI, Roberto Albores Gleason, y Fernando Castellanos, del Partido Verde.

Así, para hacer ganar a Escandón había que recurrir a la manipulación electoral. El artífice de tan detestable proceder antidemocrático en Chiapas se llama Amador Rodríguez Lozano, ridículo ministro de Justicia durante el gobierno del bandido adicto Juan Sabines Guerrero.  Por méritos en campaña, a Rodríguez Lozano se le dio ya, como primer pago, la titularidad del Instituto de Administración Pública del estado de Chiapas, un organismo de formación profesional de posgrado que no va con la minusvalía intelectual de quien se detenta como su conductor.

Desde hoy ya se especula que formará parte del frágil gabinete de Escandón Cadenas como recompensa a sus servicios de consumado mapache electoral.  Ya hablaremos de este siniestro personaje que tanto daño hizo a Chiapas en el 2006 y hoy en 2018, así que las manchas en este proceso electoral, de 30 millones de votos a favor del de Macuspana, las comparten, por igual, Puebla y Chiapas con sus futuros próceres, Martha Erika Alonso y Rutilio Escandón.  Queda de manifiesto que sin la intervención de los gobernadores Gali Fayad y Velasco Coello, los electos de Puebla serían Miguel Barbosa y de Chiapas José Antonio Aguilar Bodegas o Roberto Albores Gleason.

Otro de los indicios de la intervención gubernamental fue la operación política de Manuel Velasco Coello,  con la venia de Peña Nieto, para la desarticulación de la alianza PRI-Verde-Mover a Chiapas-Chiapas Unido para impedir el probable triunfo de Albores Gleason como candidato de esos cuatro partidos.

Lo que hoy son dos manchas electorales históricas e indelebles para siempre (aunque AMLO sólo se refiere a Puebla), hay entre Chiapas y Puebla un curioso paralelismo en el número de gobernadores defenestrados por la voluntad presidencial.  De 1957 a 1975  -18 años,  Puebla vio pasar por el Palacio de Gobierno a ocho gobernadores, en tanto que en Chiapas, de 1976 al 2000 -24 años-, desfilaron 11 gobernadores con la denominación de electos constitucionalmente, interinos y sustitutos.  Son los saldos negativos de la política mexicana que AMLO ve como manchas, imposibles de erradicar en una elección y con la sola invocación de Morena y su artífice, López Obrador. Manuel Velasco actualizó la figura de sustituto después de 18 años de normalidad política.

Lamentablemente, Chiapas y Puebla –dos manchas, no una- fueron, otra vez, escenario del síndrome del fraude electoral con la compra de votos para interferir en la elección presidencial y dirigir el resultado de los comicios.  Sólo así podía ganar Rutilio Escandón.  Desde el inicio de su campaña a su cuestionada candidatura, por todos los grupos morenistas, y al grito de “fuera, fuera, ya cámbialo”, se supo que el solo nombre de Andrés Manuel no sería suficiente para hacer ganar al candidato de Morena.  Y así fue.

Se ha dicho que mucho se ha avanzado en materia electoral con la creación del IFE, primero, de los institutos electorales de los estados y, después, con la creación del Instituto Nacional Electoral.  Es cierto cuando se trata de debatir el resultado de una elección hacia su interior y las reglas que hay que acatar.  Lo malo es que antes de la elección no hay control sobre los recursos clandestinos que emanan del poder público y de los donadores voluntarios que generalmente se suman al candidato oficial.

El uso político del peculado estuvo presente en las elecciones de Chiapas y Puebla, a lo que se sumó la operación electoral de los gobernadores, presidentes municipales, diputados locales y órganos electorales. En ambos casos, una escandalosa elección de Estado abierta y sin  ningún recato.

Sin embargo, hay otra mancha que Andrés Manuel instruyó para que el Senado de la República aprobara el retorno de Manuel Velasco como gobernador de Chiapas.  El mismo Velasco Coello, en entrevista con El Universal, reconoce que no fue políticamente correcto su regreso como gobernador y deslinda, convenientemente, a López Obrador de la decisión senatorial.

Lo malo es que no se puede desmarcar a AMLO de la equivocada decisión.  Las reglas del sistema político mexicano siguen tan vigentes como hace 100 años: Sumisión absoluta al Presidente de la República.  Y esta vez no iba a ser la excepción.

Queda, pues, un solo camino para medio lavar el agravio perpetrado en contra de los chiapanecos: Que Manuel Velasco desista de su propósito de volver a protestar como senador el 8 de diciembre o que la Cámara no le permita su reincorporación.

Cumpla con su deber la Representación Nacional y la Patria estará salvada: Belisario Domínguez.  Ampliaremos…

 

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