Por fin el PRI hace justicia a un militante

En todo caso la pregunta es por qué en Yucatán no prosiguió la estrategia de postular a un candidato que no apeste a priísmo para atraer el voto ciudadano, como se ha hecho en la búsqueda de la Presidencia de la República y la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México

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Una vez que fue registrada la coalición “Meade, Ciudadano por México”, el PRI por fin pudo impulsar a uno de sus militantes como precandidato a gobernador.

Se trata de Mauricio Sahui que tratará de gobernar Yucatán, en donde fue dirigente estatal del partido, diputado local y líder de la bancada tricolor en el Congreso local.

El registro de la coalición “Meade Ciudadano por México” confirma la intención priísta de impactar a los electores con una propuesta ciudadana que los demás partidos políticos no tienen, pues todos sus precandidatos son militantes partidistas, incluidos los llamados ”ciudadanos” desertores de sus organizaciones partidistas, como Margarita Zavala lo hizo del PAN, y Jaime “El Bronco” Rodríguez del tricolor.

El PRI repitió el experimento Meade en la Ciudad de México con Mikel Arriola, ajeno también a cualquier militancia partidista. Esta postulación hizo temer a los priístas que la mayoría de los puestos de elección popular serían destinados a ciudadanos con sus caracterizadas.

Pero el hechizo se rompió en Yucatán, en donde al PRI le sobra arsenal humano, pero también tiene un gobernador con origen en ese partido. La postulación de Sahui dejó en el camino a uno de los mejores exponentes del priísmo peninsular, Jorge Carlos Ramírez Marín, que preside la Cámara de Diputados, pero además ha sido el campeón priísta en el Instituto Nacional Electoral, donde ha defendido casos como la elección del Estado de México y la de Coahuila, para no ser exhaustivos.

Yucatán pudo convertirse en problema por los compromisos que debió hacer el candidato presidencial con la ex gobernadora Ivonne Ortega, que sin duda vendió cara su derrota y el millón de votos que prometió aportar para la causa del ex secretario de Hacienda, pero también por la importancia que adquirió en el sexenio el coordinador de los senadores priístas, Emilio Gamboa.

Al final Enrique Ochoa Reza optó por un candidato del actual gobernador lo que al menos le garantiza que habrá apoyo para el candidato.

En todo caso la pregunta es por qué en Yucatán no prosiguió la estrategia de postular a un candidato que no apeste a priísmo para atraer el voto ciudadano, como se ha hecho en la búsqueda de la Presidencia de la República y la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

¿Será que en Yucatán no hay ciudadanos con las cualidades de Meade y Arriola?

¿Qué va a hacer Ochoa Reza en los otros más de tres mil candidaturas que deberá decidir en los próximos meses, en especial en las entidades en donde el gobernador no es priísta y, en consecuencia, los candidatos no tendrán ayuda?

¿Se recurrirá a simpatizantes como candidatos a gobernadores, senadores, diputados federales, diputados locales y presidentes municipales?

Si es así, ¿quién les echará la mano si no hay gobernador con recursos y el PRI es inexistente en esos lugares?

 

 

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