Peña Nieto no se puede despedir con una guerra

Titular del Ejecutivo federal está por irse y es importante que recomiende a la población mantener el optimismo y la confianza en el nuevo gobierno

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No obstante que Andrés Manuel López Obrador está sepultando su obra de infraestructura más importante del sexenio y los legisladores de Morena en el Congreso de la Unión amenazan con quitar hasta las comas a la Reforma Educativa, entre otras, el Presidente Peña Nieto hizo votos porque “de cara al futuro es importante que nuestro país mantenga optimismo y confianza en las definiciones que tome el próximo gobierno”.

No era la declaración que se esperaba del presidente constitucional sobre los planes del presidente electo, pero ¿qué otra cosa puede hacer Peña Nieto que no sea, como anunció, que las obras en Texcoco seguirán hasta el último día del sexenio?


¿Pretendemos que, faltando un mes para el cambio de mando, el Presidente Peña Nieto declare la guerra a López Obrador?

Lo conozco y no tengo duda de que ganas no le faltan, pero la guerra (la verdad es que no llegó siquiera a escaramuza) se libró entre enero y julio, y el ganador incuestionable fue Andrés Manuel.

En realidad ganó desde mucho antes, cuando el PRI permitió que personajes como Javier Duarte le dieran el gran pretexto de la corrupción para impactar a sus seguidores; cuando la PGR hizo como que perseguía al panista Ricardo Anaya; cuando el priísmo se quedó sin candidato propio y prefirió votar por el de Morena antes que por José Antonio Meade; cuando… etcétera. Los cuando sobran.

La guerra llegará, inexorablemente, si el PRI y el PAN logran reconstruirse, pero todo indica que pasará mucho tiempo para que lo consigan. Como están no significan mayor riesgo para el nuevo gobierno y lo último que los líderes de la oposición quieren, por ahora, es ir a la guerra.

Quien se esmera por ofrecer la imagen de estar en pie de guerra es la clase empresarial, pero los dueños del dinero son como los niños que lloran, gritan y patalean para que les hagan caso y les den su biberón.

Pronto habrá nuevas obras y fluirán los contratos, y los empresarios, invocando el bien de la patria, entrarán al redil de los negocios. La historia del continente nos dice que a los dueños del dinero les suele ir muy bien con los gobiernos de izquierda. Ganarán aún con austeridad y hasta sin corrupción.

Peña Nieto está por irse y es importante que recomiende a la población mantener el optimismo y la confianza en el nuevo gobierno; él hizo lo suyo y la historia lo juzgará. Sería irresponsable marcharse después de desatar una guerra que a nadie beneficiaría. Cuando lo pudo hacer prefirió, y fue lo mejor para el país, mantener la institucionalidad

Pero el optimismo y la confianza de la población la tendrá que ganar Andrés Manuel con gobierno; hasta hoy todo se ha reducido a las promesas y amenazas de campaña, y a una consulta sobre la suerte del aeropuerto en la que sólo sus seguidores más fieles creen.

A partir del primer día de diciembre, la realidad se instalará en su oficina en Palacio Nacional y sobre lo que haga o deje de hacer girará la vida.

 

 

 

 

 

 

 

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