Para fortuna de AMLO ya no hay Día del presidente

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El Presidente López Obrador debe agradecer a muchos de quienes ahora lo combaten que este martes, en el inicio del tercer periodo de sesiones de la LXIV Legislatura, no tendrá que sufrir de legisladores panistas, petistas y quizás de Movimiento Ciudadano, la agresividad que gracias a sugerencias suyas nunca más, a partir de 2006, un mandatario leerá su informe en la Cámara de Diputados, y estuvo a punto de provocar una tragedia en la toma de posesión de Felipe Calderón.

El 1 de septiembre de 2006 calentó el ambiente ¡quién lo creyera! la diputada mexiquense Martha Hilda González al denunciar el “estado de sitio” que mantenían en torno a la Cámara de Diputados el Estado Mayor Presidencial y la Policía Federal Preventiva por temor del presidente Vicente Fox a sufrir alguna agresión.

Todo estaba listo para evitar a Fox leer su último informe en la entonces llamada tribuna más alta del país.

Al fijar el posicionamiento del PRD, el senador Carlos Navarrete siguió la tónica de la diputada priista y preguntó “¿Por qué se han suspendido impresionantemente las garantías, e indignamente se ha cercado la casa de gobierno?” Y entonces empezó todo porque amenazó con no pronunciar el discurso a que tenía derecho y amenazó con mantenerse al lado de los 126 diputados perredistas adueñados ya de la tribuna.
Perredistas y petistas gritaban “Lo entregas y te vas”, en desagravio a Fidel Castro cuando de visita el mandatario cubano en Monterrey, el mexicano le recomendó comer y regresar de inmediato a su país para agradar a George Bush que no quería encontrar al comandante y tener que saludarlo.

Fox ya estaba en San Lázaro, pero la consigna se cumplió: no leyó el informe. Un comisión de diputados le recibió el texto una vez que la Secretaría de Gobernación informó al coordinador de la bancada perredista Javier González Garza que el EMP y la PFP se habían retirado.

Sin talento para enfrentar las circunstacias, el presidente sólo alcanzó a decir: “Ante la actitud de un grupo de legisladores que hace imposible la lectura del mensaje que he preparado para esta ocasión, me retiro de este recinto”.

Tres meses después, “El Güero” Garza y Navarrete actuarían diferente. En la toma de posesión como presidente de Felipe Calderón, el coordinador de los diputados perredistas informó al de los senadores (como éste lo hizo constar en un libro) haber desarmado a los legisladores de su partido que, en cumplimiento de la orden de López Obrador de que la sesión de la Cámara de Diputados no fuese normal, se habían aprovisionado de bombas lacrimógenas con la intención de hacerlas funcionar dentro del recinto cuyas puertas previamente habían sido bloqueadas por ellos mismos con curules.

Garza y Navarrete guardaron los artefactos en cajuelas de automóvil, de lo contrario ni pensar lo que habría ocurrido en el salón atiborrado de diputados, senadores, funcionarios del nuevo gobierno, e invitados especiales, entre ellos Terminator, el gobernador de California.

Nada de esto pasará este martes porque López Obrador no está obligado a acudir a la Cámara de Diputados a emular a su admirado Luis Echeverría, por ejemplo, y leer la larguísima lista de sus logros de los últimos 12 meses, todos a resaltar, como el reconocimiento de última hora del secretario de Hacienda, Arturo Herrera, de que estamos peor que cuando estábamos mal, el rompimiento de marcas mundiales en fallecidos y contagiados por el coronavirus o, lo mejor de todo, que pronto podrá consultar al pueblo para enjuiciar a sus antecesores, de Carlos Salinas a Enrique Peña Nieto, sin que el fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, se atreva a recordarle que la justicia no es materia de consulta popular pues ni siquiera lo fue en tiempos de la Inquisición, por Santa que fuera.

En solitario, acompañado por sus colaboradores, no necesariamente sus leales una buena parte de ellos, quizás maldiga el momento en que su ahora adversario, Jesús Zambrano, para agradarlo urdió en 2006 acabar con el “Día del Presidente” porque le habría resultado placentero que la mayoría morenista dirigida por Mario Delgado le aplaudiera y vitoreara a rabiar, aunque también es posible que los petistas de Fernández Noroña acompañaran al PAN en la toma de la tribuna solo para fastidiarle el día.

En definitiva, no es lo mismo saber que millones dan like en You Tube a sus anuncios previos al informe y que Cepropie transmitirá su informe a millones de mexicanos cumpliendo el confinamiento decretado por Hugo Lópe Gatell, que disfrutar de la algarabía de diputados y senadores morenos en el salón de plenos, así como el acompañamiento del pueblo, desde su apartamento o del Palacio Nacional a San Lázaro, y luego el besamanos.

Pero aún hay tiempo para reformar la Constitución, a menos que una voz sensata de un par de tirones a la túnica para recordarle que sigue siendo humano y, si el país sigue por donde va, lo mejor será que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, continué cumpliendo el encargo burocrático de entregar a los secretarios de la Mesa Directiva de la Cámara Baja un informe sin mayores logros que los programas asistenciales y 3 obras faraónicas de viabilidad en duda.

¿Para qué arriesgarse a que Porfirio Muñoz Ledo ya no lo reconozca como el hijo laico de Dios y pretenda repetir el numerito que le hizo a Miguel de la Madrid?

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