¡Palacio… tenemos un problema!

Con gobierno de Joe Biden se acabó el cuento

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En la infancia de este menda, su héroe fue Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda. Siete años mayor que su textoservidor y gandalla “summa cum laude”, inteligente de hacer rabiar a sus profesores, tahúr desde segundo de Secundaria (otro día le cuento los estragos que hizo entre el cuerpo docente de la UNAM), amo y señor de las azoteas del barrio (no de todas, de las que tenían cuartos de “servicio”), bueno para defender a puñetazos sus andanzas y leal a toda prueba con sus amigos. Ya adulto se hizo líder de una sección sindical de electricistas y le fue siempre muy bien (ya se imaginará). En cierta ocasión, grandes los dos, este juntapalabras le comentó que un amigo mutuo quería asociarse con él en la ejecución de unos contratos de gobierno y respondió sin dudar: -No, con él pierdo –y eso era increíble de oírse de boca de Pepe, siendo Pepe, quien viendo mi sorpresa, explicó: -Es gente decente, entiende, para eso no tengo defensa –tenía razón.

Contra lo que vaticinan algunos conocedores, las metidas de pata de nuestro Presidente con Joe Biden, no permiten asegurar que vienen malos tiempos en la relación México-EUA.

Este señor Biden en su país, goza fama de tener aversión por los conflictos y una gran habilidad para conseguir acuerdos hasta con sus más acérrimos adversarios.

Dicho lo anterior, lo que sí se puede afirmar es que para nuestro Presidente no va a ser fácil su trato con el gobierno que encabeza el señor Biden. No habrá tuitazos majaderos de la Casa Blanca, no, no es el estilo de don Biden, pero no se podrá manipular con babas la relación entre ambas naciones. El nuevo Presidente de los EUA es político de alta escuela, sereno, serio, firme, al que hay que dirigirse con el idioma de los hechos. Palacio… tenemos un problema.

Aun siendo conciliador don Biden, es muy probable que observemos que sin aspavientos se maticen algunas políticas enarboladas por la 4T como innegociables y definitivas. El nuevo gobierno de allá pondrá énfasis en el respeto puntalito de los términos del T-MEC, en la rara política energética nacional-revolucionaria que la 4T sacó de un museo y en la muy fracasada estrategia de seguridad pública, entre otras cosas. Biden sí cree que trabajar de Presidente es cumplir la ley y buscar el beneficio de sus conciudadanos y sus empresas. ¡Palacio… tenemos un problema!

Tal vez convenga comparar ambos personajes. Tenga en mente cómo es nuestro Presidente y entérese (o recuerde), quién es don Biden: Doctor en Derecho; profesor en dos universidades; senador reelegido seis veces (de 1973 a enero de 2009); vicepresidente de su país dos veces; intentó en tres ocasiones ser Presidente, la tercera fue la vencida.

En el Senado, don Biden fue presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores (algo sabe de eso); y también fue ocho años, presidente de la Comisión de Justicia del Senado (de 1987 a 1995)… sí, ¡de Justicia! (ahí le hablan don Gertz).

Como Senador y con su fama de evitar los pleitos, se opuso a la Guerra del Golfo de don Bush papá, pero apoyó la intervención de la OTAN en las Guerras Yugoslavas, respaldó la guerra contra Irak y la intervención militar en Libia. No le gustan los conflictos, quedó dicho, pero no es un viejito guango.

Biden es un tipo templado en duras adversidades: Su primera esposa y su hijita de apenas 13 meses, murieron en su auto, embestidas por un camión de carga, sus otros dos hijos quedaron graves y tuvo que jurar el cargo de Senador en el hospital donde sus niños estaban entre la vida y la muerte. En segundas nupcias tuvo otra hija; lleva casado más de 40 años. Uno de sus hijos murió de cáncer y otro luchó años para dejar las drogas. Biden tuvo dos aneurismas cerebrales que pudieron matarlo o dejarlo paralítico. Las ha pasado canutas y siempre se ha repuesto. Está forjado, no lo asusta la tragedia ni es pusilánime.

Tiene fama de ser sensible y empático con los que las están pasando mal: Un tal Mark Barden, relata que en 2012, cuando su hijo de siete años fue asesinado en un tiroteo en una escuela primaria en Connecticut, para su sorpresa recibió una llamada telefónica del vicepresidente de los EUA, Joe Biden; conversaron más de una hora y según don Barden, Biden lo supo escuchar y lo reconfortó en medio de tamaña tragedia.

Debe tener defectos, como todos los de nuestra de especie, pero al menos sus compañeros de trabajo y oficio, se expresan bien de él y afirman que es un tipo decente que cumple sus compromisos y no miente, lo que es prudente creer con precauciones, tratándose de las procelosas aguas de la política. Durante esta última campaña por la presidencia varias mujeres lo señalaron como acosador, don Biden lo negó sin perder el paso y no prendió el escándalo: Su fama le valió, porque, entérese usted, la fama pública existe y en su caso le es favorable.

Don Biden inició su carrera pública como concejal de un condado de Delaware en 1969, tiene casi 52 de años de carrera política, es de suponerse que en ese largo tiempo ya conoció personalmente el abanico enterito de sabandijas, tipos listos, tramposos de tiempo completo y mentirosos profesionales, cuyo hábitat es ese, la política. Si llegó a donde ahora está, no debe ser por crédulo, ingenuo, cándido ni tarugo de nadie.

Biden se sabe obligado a hacer un buen trabajo como Presidente, tiene una prestigiosa carrera política y a sus 78 años de edad, ya ha declarado que no va a buscar un segundo mandato. Tiene cuatro años para dejar su impronta en la historia de su país.

México no es la principal prioridad de los EUA pero sí es un ineludible tema, por lo que significa para la seguridad interior de ese país nuestra frontera de 3 mil kilómetros, por la imbricación de ambas economías, por el impacto laboral de nuestros migrantes, por las consecuencias allá de nuestra delincuencia organizada y por las inversiones de sus empresarios en nuestro territorio.

Con este gobierno de este señor, se acabó el cuento. ¡Palacio… tenemos un problema!

 

 

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