Palacio Nacional bajo fuego; Julio Scherer el nuevo blanco

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En vísperas del segundo aniversario de la protesta de López Obrador como presidente de la República alguien tiene en la mira a los inquilinos del Palacio Nacional. La más reciente silueta de la práctica de tiro al blanco, que no la última, es el consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer.

Le reclaman no declarar ante la Secretaría de la Función Pública un departamento en Nueva York que, como aclaró de inmediato, quedó como propiedad de su ex esposa en el proceso de divorcio.

No es anormal que los colaboradores del actual mandatario estén sujetos a escrutinio, como los de cualquier administración.

Si no olvidamos, el mayor de los escándalos que sufrió el ex presidente Enrique Peña Nieto fue la difusión de la existencia de la llamada “casa blanca”. El ex presidente ha dicho que en ese episodio y en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que en todo caso fue responsabilidad de la administración guerrerense, inició, si no el declive de su gobierno, sí la distorsión de su sexenio coronado en esa época por el éxito del Pacto por México.

Desde donde se le vea, Scherer nada tiene que ocultar en cuanto a la adquisición del inmueble ni de su actual estado jurídico, sin embargo, lo que queda del episodio periodístico es el interés que en los últimos meses ha despertado el consejero jurídico presidencial que por lo general se desempeña en bajo perfil.

Es evidente que se trata de un asunto periodístico anecdótico del cual nadie se acordará en el futuro inmediato o alguien quiere, no su puesto, sino entorpecer su posible crecimiento y eventual movimiento hacia otra posición, algo que por cierto no parece estar en sus planes.

A diferencia de otros personajes de la Cuarta Transformación, Scherer ni busca ser candidato presidencial ni arrastra problemas del pasado, pues los enfrentados en su profesión los superó en su momento y son ampliamente conocidos.

Con uno o dos más, Marcelo Ebrard, por ejemplo, es de los pocos nombramientos en los que el presidente López Obrador acertó; más aún, se ha visto obligado a subsanar las deficiencias de otros que dos años después se pierden en los pasillos o no ubican aún los elevadores de sus dependencias.

Pero ahora se le convierte en noticia con un tema escandaloso, pero sin sustento.

A alguien molesta su presencia, algún callo pisó o simplemente es siembra normal de escándalos en vísperas del segundo aniversario de la toma de protesta de López Obrador como presidente, o se trata de fuego amigo, es decir, de los enfrentamientos normales en cualquier corte presidencial.

Por lo pronto, el tiro al blanco no hizo la menor mella porque no acertó ni en el corazón ni la frente de la silueta, pero resulta ofensivo a la inteligencia del consejero jurídico porque supone que alguien con su preparación y fama profesional creyese que nadie descubriría que continúa siendo suyo un departamento en Nueva York, cuya propiedad cedió en su momento y forma, y que la pretendida omisión u ocultamiento no sería utilizada en algún momento como obús político contra su persona y, eventualmente, contra su jefe el presidente.

Para quien supo enfrentar y salir ileso de persecuciones de presidentes de la República y secretarios de Hacienda, este episodio es uno más de los que enfrentará mientras esté más cerca que la mayoría a López Obrador

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