Meade ya tiene chamba, pero AMLO…

Como cualquier mexicano, el ex candidato del PRI a la Presidencia de la República necesita un trabajo del qué vivir y mantener a su familia

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Esta mañana, José Antonio Meade será tema en la conferencia mañanera del Presidente López Obrador, a condición de que Jesús Ramírez siembre, como suele hacer, la pregunta adecuada entre los afortunados periodistas que pregunten a Andrés Manuel López Obrador, en su conferencia de prensa mañanera, sobre la nueva chamba del ex candidato presidencial del PRI.
Si ocurre, el Presidente se enfrentará a un problema moral, que no político, porque, hasta donde dan los registros periodísticos, siempre ha opinado favorablemente sobre Meade, pero conforme a la rutina de la Cuarta Transformación, estará obligado a darle hasta por debajo de la lengua con especial entusiasmo a quien ya anunció haber aceptado un trabajo contrarrevolucionario, en términos bolivarianos.
Como cualquier mexicano, el ex candidato del PRI a la Presidencia de la República necesita un trabajo del qué vivir y mantener a su familia. El problema es que se le ocurrió aceptar la chamba de consejero independiente, a nivel global, del banco HSBC, precisamente, en el contexto en el que el Presidente de México convierte en inmoral lo que no es ilegal, es decir, lo que la ley permite.
Hasta donde es posible saber, Meade puede aceptar trabajos relacionados con su quehacer como ex secretario de Hacienda pasando un año después de abandonar el puesto para aceptar la candidatura priísta a la Presidencia. Como cualquiera lo sabe, ha pasado más de un año que entregó Hacienda a José Antonio González Anaya, es decir, no existe impedimento para que trabaje con banqueros que están ocupados en la reconquista de México, aunque HSBC sea británico.
Sobra decir que José Antonio, además de economista, es abogado y que, sin duda, cuidó, sobremanera, que su nueva chamba, la primera en el sector privado después de décadas de estar en el servicio público en los más altos niveles (incluso fue candidato presidencial, como cualquiera sabe), no incida en los temas mexicanos oficiales, de tal suerte que, aunque se esmeren los leguleyos de la Cuarta Transformación, no hay delito que perseguir.
Sin embargo, lo previsible es que lo primero a restregarle sea lo supuestamente inmoral de ser consejero, a nivel global, de un banco que opera en México.
No tengo duda que, además de ser inmoral, sería ilegal que José Antonio, o cualquiera que hubiese sido servidor público antes de cumplirse un año de su renuncia o cese, estaría incurriendo si no en inmoralidad, sí en ilegalidad, pero el ex candidato presidencial dejó Hacienda un año y 4 meses atrás para buscar la Presidencia de México, de tal suerte que no hay ley que lo sancione.
Al día de hoy ha sido una gran experiencia la Presidencia de López Obrador, sin embargo, confieso, me habría gustado experimentar el mandato de José Antonio.
En su momento, voces oficiales me dijeron que igual o más peligroso habría sido el ex candidato presidencial priísta, y hoy consejero bancario, que el de Morena, porque su honestidad, en él sí a prueba de todo, habría constituido un riesgo para muchos de los que se marcharon de la política con la derrota del PRI.
Lo cierto es que lo indiscutible es que Andrés Manuel se impuso por una mayoría indiscutible, pero también lo es que el derrotado, José Antonio, conserva la fama de ser incorruptible y honesto no sólo en su vida pública, sino en la privada.
Su contratación coincide con el cumplimiento de sus 50 años de vida; sin duda celebrará con gran felicidad ambos acontecimientos, incorporarse por primera ocasión a la iniciativa privada y arribar a su primer medio siglo de vida manteniendo incólume su prestigio.


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