Maduro y el lobo

Adelantó la elección presidencial, en donde, otra vez, fue candidato ganador, y nadie creyó en su triunfo. Quitó 5 ceros al Bolívar, moneda venezolana, y nadie lo elogió. El sábado dijo que sufrió un atentado y muchos, dentro y fuera de su país, no le creen…

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Por desgracia, los magnicidios suelen ser certeros, salvo que atrás de ellos exista una autoconspiración con fines maquiavélicos.
Quienes maniobran una acción contra un blanco de poder suelen ser también eso, entes de poder que no requieren ni andar azuzando “chairos” ni “mafias de poder”. A lo que van, van. Y de eso Dios nos libre.
Cuando la guerra se va ganando (en el campo de batalla, en la arena política o en la opinión pública) no hay necesidad de triquiñuelas. Contrario a cuando se va perdiendo.
En las últimas fechas lo hemos visto con Kim Jong-un, Presidente de Corea del Norte, o el mismo Donald Trump, de Estados Unidos. Éste último, sin empacho, echarse encima a todo el sector mediático.
Lo mismo comenzará a hacer Daniel Ortega porque 400 muertos en tres meses ningún Jefe de Estado los tapa con un dedo.

En 2016, ante una crisis de poder, principalmente, en las Fuerzas Armadas y ante opositores, Turquía sufrió un “Golpe de Estado” para “derrocar” al Presidente Recep Tayyip Erdogan.


Días después se especuló, casi comprobado, que sólo se trató de un “escenario creado” para reivindicarse política y socialmente, así como meter mano en el Ejército y depurar a sus opositores.

Definitivamente, el “movimiento” debió ser lo más real posible y, entonces, hubo muertos, combates y arrestos.

Este sábado, en Venezuela, ocurrió un hecho que a la vista pareciera más un montaje que un real atentado contra el Presidente Nicolás Maduro.

En principio porque si algún poder ha demostrado el sucesor de Hugo Chávez es el de las patrañas. Bueno, hasta pajaritos hablan con él.

En mayo adelantó la elección presidencial, en donde, otra vez, fue candidato… ¡y ganador! Nadie creyó en su triunfo. Hace dos semanas quitó 5 ceros al Bolívar, moneda venezolana, y nadie lo elogió. La medida es para evitar una inflación este año, que, según el Fondo Monetario Internacional, llegaría a 1 millón, por ciento.

Su acusación inmediata de que “ese dron (con explosivo C-4) era para mí… querían asesinarme” muchos, dentro y fuera de su país, no la creen. La televisora oficial presentó escenas en donde Maduro, durante la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana, es semiprotegido por militares luego de que se escuchan explosiones y caen partículas de algún material cerca de ellos.

A Maduro no lo tocó ni el polvo. Pero hubo, según la información oficial, siete heridos. ¿Alguien querrá deshacerse, de esa manera, de Maduro? Muy probablemente al interior de Venezuela sí; al exterior, salvo los propios venezolanos, que han huido ante la escasez de víveres, empleo y dinero circulante, no creo.

“Ni creas eso; ese tipo inventa todo… Y no es mi Presidente; yo, desde hace muchos años, no tengo Presidente”, me dijo una ciudadana venezolana radicada en México. Pero lo mismo me lo han repetido dos personas más de esa nacionalidad que residen en Estados Unidos, y dos más que no encuentran la forma de salir de territorio venezolano.

Con el ajetreo que vive Venezuela suena hasta ridículo, ni siquiera por nacionalismo, sino por mero raciocinio, que, el pasado 20 de mayo, Maduro haya ganado su reelección con 6 millones de votos y su rival más cercano haya obtenido casi 2 millones, y un tercero 1 millón.

El apoyo más popular, con tantos problemas para vivir -o sobrevivir-, no dura un lustro.

A Maduro sobran razones para inventar un “Golpe de Estado” o un “atentado”. Le urge ser víctima, permanecer como víctima. Crear enemigos externos para justificar errores internos. Reflejar certeza ante decisiones que generan incertidumbre.

Lo más impactante, mediáticamente hablando, es que una hora después del supuesto atentado -que, la verdad, aun sobre la posibilidad de una mentira, muchos abonaríamos más a un engaño que a una realidad-, ya el caso estaba resuelto: Identificados, detenidos, procesados; vehículos confiscados; hoteles allanados.

Un acto consumado apostaría, inmediatamente, a la barbarie (más aún) en ese país.

La primera parte ya le resultó. Ayer, miles, seguidores, por supuesto, salieron a las calles a brindarle su apoyo.

Alejandro Mota, internacionalista y académico de la Universidad Panamericana, dijo ayer, en Televisa, que Maduro necesita argumentos para que se apoye su gobierno.

“Podría ser un montaje… Una cortina de humo” ante una terrible situación interna.

Y, entonces, al Presidente de Venezuela le ocurre lo que al pastorcito mentiroso que siempre gritaba “¡es el lobo, es el lobo!”.

En “El País”, el periodista Jorge Ramos se refirió ayer, en el artículo “Los Enemigos de Pinocho”, a la actitud de Trump de crear sus propios escenarios en su eterno pleito con los medios de comunicación.

El problema que tiene Donald Trump con la prensa es muy sencillo: No le gusta que le digan la verdad. Y como no le gusta el mensaje se ha lanzado contra el mensajero. Todo lo que le haga ruido o cuestione su verdad interior es desechado, atacado, denigrado. No importa si se trata de la intervención rusa en las pasadas elecciones o el rechazo de México a pagar por su muro en la frontera. Para Trump eso es ‘fake news’”.

A Maduro tampoco le gusta que le digan la verdad. Él no habla de “fake news”, ¿pero creará su propia “fake news”? La diferencia está entre lo censurable y lo abominable.

 

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

 

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