Ni el triunfo en Hidalgo y Coahuila, saca a los priístas del ostracismo

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Aunque “Alito” se colgó la medalla de los resultados en Hidalgo y Coahuila, todavía es un misterio saber a qué santo se encomendó el PRI para, en medio de la fanfarronería morenista, poner en evidencia al partido de Andrés Manuel López Obrador y hacer a un lado al PAN.


Este domingo, los organismos electorales de cada estado confirmaron los triunfos, al parecer irrefutables, del partido cuyos miembros ni así asoman la cara.


Vaya, hasta pareciera que el priísmo siente pena o culpa ajena por haberse atrevido a zarandear a la 4T, porque ¿qué tal si se enoja más de lo que ya está?


El tricolor barrió en Coahuila al obtener el triunfo en los 16 distritos electorales, dejando a sus contrincantes solo el pastel de las plurinominales.


En Hidalgo, el PRI sacó al PAN de la capital Pachuca, mientras que en Tulancingo arrebató la victoria a Morena, donde el priísta Jorge Márquez alcanzó y superó a Damián Sosa Castelán, hermano de Gerardo Sosa Castelán, presidente del patronato de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, preso por varios delitos.


Tras el descalabro, prácticamente Morena no dijo ni Pío, salvo algunas tímidas declaraciones del interino Alfonso Ramírez Cuéllar, que pronto olvidó. En ambos estados quedó demostrado que el morenismo no es nada sin la figura de López Obrador.


Sí, los morenos se tiraron a la hamaca pensando en la ecuación Morena=AMLO, pero se llevaron la gran sorpresa. Los que no saben a quién rezarle o a quién dar las gracias, son los priístas. Todavía piensan que alguien les está jugando una broma.

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