Los pronósticos fallidos de López Gatell

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Resulta muy extraño que a estas alturas de la coyuntura impuesta por la pandemia y sus consecuencias, el doctor Hugo López Gatell, encargado de la estrategia general nacional, siga haciendo y presentando pronósticos; es realmente inconcebible que siga estableciendo escenarios de corto y mediano plazo. No se ha dado cuenta que su palabra ha dejado de ser escuchada desde hace algún tiempo, y peor aún, que nadie en los gobiernos estatales y el de la Ciudad de México escucha ya sus señalamientos u observaciones generales.

Ahora sale con que nos iremos hasta marzo del siguiente año con la presencia del coronavirus como elemento determinante de las decisiones de gobierno, y que mejor nos acostumbremos a los datos duros que serán muy duros. Así, la realidad alterna de este personaje, sin ningún aval científico y acuerpado de nadie, salvo su ego, construye narrativas que pretenden curarlo en salud. Esa es su preocupación y ese su propósito: salvar su supuesto prestigio científico con generalidades amañadas.

Lo único claro, hasta este momento, es que la curva de contagios que marca el porcentaje de muertos en base a la letalidad de su atención se ha sostenido en un nivel alto, sin una tendencia clara a la baja; es muy probable que de acuerdo a los especialista internacionales, inicie un proceso de descenso en las próximas semanas que posiblemente se verá interrumpido por la llegada de la influenza estacional, que podría provocar un alza en el nivel de contagios pero no es seguro, no hay un factor de clara determinancia que esto nos indique.

Sin embargo, la llegada de la vacuna contra el coronavirus podría ser una válvula que despresurice la tendencia y ayude a tener un inicio de año más estable y controlada la tendencia.

Exacto, los factores que ayudarán a la disminución de la tendencia serán exógenos y claramente vinculados con el aprendizaje que dicha pandemia ha dejado en el sector salud, ya muy desgastado a estar alturas de la pandemia, por cierto. López Gatel no ha servido ni siquiera para ser un ejemplo conductual para el resto de la población, no ha sido un factor de unidad, de liderazgo y de credibilidad; hoy cosecha lo que ha sembrado en estos fatídicos meses de inconsistencias declarativas.

Ya vendrán los tiempos de los saldos y de las auditorias oficiales y del juicio de la historia. Estoy seguro que sobre los hombros de alguien o de algunos estarán los incontenibles números de muertos y la incapacidad para ser un referente de confianza en tiempos aciagos. Nadie en este gobierno lo ha sido.

Por vía de mientras sigamos escuchando el soliloquio de un obsesionado por imponer sus escenarios a una realidad que desde ya tiempo dejó de tomarlo en serio. Aún faltan cosas por ver.

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