Los niños sicarios

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Desde hace años hemos comentado sobre el reclutamiento de niños y jovenzuelos en las organizaciones del crimen organizado. Cientos de niños ahora son usuarios de drogas de todo tipo, dejan con facilidad las casas y las escuelas porque se sienten mucho mejor al lado de sus pandilleros donde la sensación de poder y de tener supera cualquier figura paterna o de bien. Hace algunos años, un niño de doce años que era hijo de una señora que nos apoyaba en las labores de la casa estuvo acompañándola y ahí, como tenía mucha chispa y era a todas luces inteligente le pregunté que qué quería estudiar al salir de la primaria y su respuesta me sorprendió mucho: “Pues ya no quiero seguir estudiando”, repliqué que su madre me había enseñado su boleta y estaba llena de dieces y nueves, entonces me dijo: “Y para qué quiero seguir estudiando si mi hermano mayor, llegó a la universidad de jodido y no pudo continuar por no tener para pagar la cuota a la universidad y a los porros, mejor voy a ser mototxista, y ah,í pues además de chavas pues puedo comerciar con papeles que les dan los viejos a los chavillos y les pagan a uno otra lana y junto para comprarme una pistola y un moto taxi y me convierto en un jefe de banda que son los que la rifan en toda la colonia y soy bueno para los chingadazos y me van respetando”. Al poco tiempo por terceras personas me enteraba que al chavillo se perdió, nadie lo encontró, se supone que por ahí quedó en su intento de ser un sicario y comerciante de drogas…

Como he señalado crecí en la Lagunilla, en el Distrito Federal, en la Calle de República de Chile entre Belisario Domínguez y Perú, ahí donde al idiotizado drogadicto se le cayeron las cajas donde transportaba los cuerpos de dos adolescentes descuartizados por los mafiosos de la zona. Sin duda la situación, la propaganda, el dinero, las necesidades, la falta de escuelas, la descomposición familiar con miles de jefes y jefas de familia sin empleo o buscando la “papa del día” obligan a dejar a los chavos solos y bajo la influencia de los reclutadores de las pandillas y bandas, primero, les dan droga, después les venden y obligan a trabajar para ellos, cuando alguno tiene calidad pues lo usan de correo y después de entrenarlo lo utilizan como sicario pues nadie sospecha cuando un jovencito se acerca a alguna víctima y así, si es mujer, mejor para ellos, porque además tienen legiones de motocicletas que les dan la posibilidad de fugas, no hay suficientes policías en la zona, es más, en muchos sitios y calles ni siquiera pueden ingresar porque los secuestran o los apalean.

La zona está llena de casas que anteriormente eran habitaciones y corrieron a los inquilinos bajo amenazas para utilizarlas como bodegas de contrabando chino y coreano, se llenó de inversionistas chinos y coreanos y por ahí comenzaron a fluir las drogas y a resurgir los grupos para venderles “protección” que se fueron convirtiendo en los grupos del tráfico y del cobro de piso en toda la zona. Se incrementó la venta y el consumo de drogas, se venden armas a la vista de todos, se agrupan los chiquillos para tener vigilancia y ser barreras de contención contra los demás grupos o contra las autoridades, los policías, digan lo que digan, prefieren pactar y recibir sus cuotas y hacerle al tío Lolo que tener que enfrentar los peligros de esas bandas que llegarían hasta sus casas. Las vecindades están llenas de cuevas y pasillos que se conectan para los centros del “piquete” o para almacenar drogas, armas y vehículos y dar paso a las fiestas de cada noche y el desmadre y las matazones, incluso, para hacer sus famosos ritos del palo Mayombé y las rayadas para hermanar con sangre a los miembros de cada grupo. La brujería y la adoración a la Santa Muerte es claro en todo el barrio y aumenta en todo el Centro Histórico que no han podido controlar las autoridades, porque tenemos la política del abrazo y no del balazo, y así pues nadie se atreve a entrar a la zona, las madres ya no influyen en el comportamiento de sus hijos y muchas han caído en la prostitución o en las drogas al igual que los padres y otros adultos, y pues si no hay acciones para controlar pues todo sigue y seguirá pasando no importa lo terrible que sean las consecuencias hasta continuar destazando a niños y haciendo ritos satánicos para dar impacto y miedo a los que andan afiliados a las pandillas, mientras los grandes mafiosos siguen en la impunidad y enriqueciéndose porque ya no solamente controlan las drogas, la prostitución, el cobro de piso, la venta de armas y el contrabando, también se apropian de propiedades inmobiliarias y los dueños no pueden hacer nada porque los eliminan o secuestran y amenazan.

La realidad es que con la crisis y la pandemia la situación de desocupación y descomposición social aumenta rápidamente y a pesar de los esfuerzos de apoyos como los implementados por el presidente, éstos no son suficientes para cubrir las necesidades de las familias y hace que muchos comiencen por “el camino fácil” que seguramente, en la mayoría de los casos, los llevará a la degradación moral, al asesinato, a la delincuencia y al consumo de drogas para siempre, y los famosos programas de prevención del delito pues son buenas intenciones pero no son suficientes ni cuentan con elementos ni recursos para generar una intensa campaña que convenza a los niños y jóvenes del no consumo de drogas y de no ingresar a las pandillas, pero esto es poco probable porque la realidad la viven y la presión es tal que entran a las pandillas o son marginados de marginados y explotados por esos grupos, así que se unen o se joden.

En fin, continuaremos impactados por esos asesinatos y casos brutales que se van conociendo cada día y nos sorprendemos porque los niños en vez de andar jugando canicas ahora andan matando por encargo y para que reciban alguna dosis de drogas y se sientan poderosos con las pistolas y los cuchillos que les dan la sensación de poder…así parece, vamos perdiendo la batalla.

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