Los imprescindibles

Después de todo, ‘piensa, oh, Patria, querida, que el cielo, un soldado en cada hijo te dio’. ‘Pilares y confiables’: López Obrador

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Necesidad, cordura o simple faramalla, pero después de soportar acusaciones hasta de “masacrar a jóvenes” en la lucha contra el crimen organizado, por tercer sexenio consecutivo, las Fuerzas Armadas cargarán con la responsabilidad más difícil de cualquier gobierno, ahora enmarcada en la relumbrante visión de una “Cuarta Transformación”.

Más aun, sin el tan solicitado marco jurídico que al menos les evite un juicio sumario en el futuro por obrar, ante ataques, bajo las reglas para las que están entrenados. La reciente esperanza la tumbó la Suprema Corte de Justicia de la Nación el jueves pasado.
Con más ánimo y patriotismo que equipo, remuneraciones y reconocimientos, el Ejército y la Marina llevan, ya, dos sexenios de ser, como dijo el Presidente Electo el miércoles, “pilares y confiables”. Palabras y halagos que, por cierto, contrastan con su posición durante sus campañas presidenciales del 2012 y 2018, cuando sus consideraciones sobre la participación de los militares en la lucha para frenar el crimen organizado casi llegaban si no al insulto, sí a la desacreditación.


Un corto recuento de las declaraciones de López Obrador en seis años, sobre las Fuerzas Armadas, que lo llevaron a que la semana pasada, con un preámbulo, ya en esta dirección, de hace casi un mes, las considerara imprescindibles.

2012, Febrero 6: “No debe seguir exponiéndose al Ejército ni socavarlo; regresarlo en la medida que se va profesionalizando la Policía, y eso nos llevará seis meses, en tanto la nueva Policía Federal sea la que se haga cargo de garantizar la seguridad”.

2016, Diciembre 8: “No continuar con la política coercitiva, pues no se resuelve nada con el uso del Ejército, Marina, policías, cárceles, amenazas de mano dura, con leyes más severas”.

2017, Febrero 4:

“Aquí en Tlatlaya (durante un operativo militar) tengo que hacer mención a la masacre que hubo de jóvenes”.

2017, Febrero 11:

Días más tarde, López Obrador haría una de sus críticas más contundentes al papel de la Marina en el abatimiento del H2, líder del cartel de los Beltrán Leyva, y de al menos otros 12 presuntos integrantes del crimen organizado.

“¿Por qué los aniquilaron (a supuestos jóvenes o menores durante el abatimiento, en Tepic, del ‘H2’, Juan Francisco Patrón, y al menos una decena de acompañantes? ¿Por qué si ellos investigan y, supuestamente, tienen asesoría del extranjero en materia de inteligencia los masacraron?

“Tiene que cambiar la política de masacrar, torturar, que desde Calderón no ha dado resultado; al contrario, trae más sufrimiento”.

2018, Agosto 24 (casi dos meses después de ganar las elecciones):

“Quiero ser claro, ser sincero: Sería irresponsable mandar al Ejército y a la Marina a los cuarteles. Si no contamos con el Ejército y la Marina no podríamos implementar el plan (Nacional de Paz y Seguridad).

“En las circunstancias actuales no podríamos dejar de utilizar al Ejército y a la Marina para atender el problema de la inseguridad y la violencia. La Policía Federal no está preparada para sustituir lo que hacen actualmente los soldados y los marinos”.

Vaya, la cambiante postura de Andrés Manuel ante la actividad de las Fuerzas Armadas en su apoyo contra la inseguridad ha resultado hasta folclórica. No es, sin embargo, el primer tema, o el único, en el que ha torcido su opinión.

La que ahora tiene de los militares resalta y sorprende porque no es un cambio de opinión leve. Acusarlos, hace meses, de “desgastados” y de “masacrar a jóvenes”, de “torturar” y “provocar dolor”, y hoy considerarlos casi héroes, imprescindibles, es un vuelco diametral que sólo se entiende elucubrando tras ello algún motivo oculto.

Confirmar el miércoles pasado (luego de momentos de duda e indeterminación) la creación, finalmente, de la Guardia Nacional, la convocatoria para llamar a 50 mil jóvenes a unirse a las Fuerzas Armadas y el anuncio de una iniciativa para que el nuevo cuerpo militarizado patrulle las calles (y, dicen, hasta tenga la facultad de detener a civiles), descubren una mentira hacia quienes le dieron su voto el 1 de julio pasado.

En principio, Andrés Manuel avala la estrategia de sus antecesores, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Y no sólo las avala; las refuerza y endurece.

Vaya, ¿cómo sacudirse el polvo de la incriminación y admitir que la milicia es, por ahora, la única línea de protección de la ciudadanía? ¿Cómo admitir la equivocación y sacudirla de pena? Creando un nuevo instituto armado, con distinto uniforme, pero con el verde olivo por dentro.

La decisión de mantener el espíritu militar en las calles hasta vencer la violencia y la inseguridad es loable hasta el punto en el que quizá lo mantuvieron Peña y Calderón. Pero reiterar constantemente su rechazo y finalmente elogiarlos y duplicarlos, pero, además, darles el mando, hasta ahora ostentado por un civil, en la lucha contra lo que pase en las calles, lo que sea, y con facultades algo extralimitadas, preocupa.

Y preocupa ya a agrupaciones sociales, incluso a algunas que lo han apoyado, a partidos y hasta a organismos internacionales, como Human Rights Watch, porque empoderar a instituciones como las Fuerzas Armadas conlleva una lectura histórica que, incluso, hasta a él mismo podría, en un momento dado, hacer perder el balance.

 

UN PLAN BAJO LA MANGA
El horno no está para bollos, las policías no sirven y los mexicanos tenemos enfrente a un enemigo que no respeta ni códigos ni pactos de honor. Así lo entendió Calderón y lo secundó Peña Nieto.

Eso fue lo que encendió la situación de violencia en México, diseminada por el mundo: Los cárteles del narcotráfico libran una encarnizada lucha desde hace década y media, pero golpean a la sociedad, incluyendo mujeres, jóvenes, niños y niñas.
Para Vicente Fox, como para al menos dos o tres antecesores, la situación no fue tan crítica. Apenas el imperio del tráfico de drogas florecía, principalmente, en Colombia y actuaba, incipientemente, en México.

Hoy, la necesidad de actuar ante un enemigo peligroso y la oportunidad (con doble filo) de cuidarse los flancos y el futuro (¿plan bajo la manga?) vence al más duro (¿incrédulo, irracional, desinformado, despistado?) de los Comandantes Supremos en fila.

Quizá la parte más difícil en cuestión de operación y cobertura, sin restar riesgo ni reconocimiento a las otras, fue la iniciada, con Calderón, por Guillermo Galván y el Almirante Francisco Saynez. En diciembre de 2006 encabezaban el primer gran despliegue en Michoacán, entonces, uno de los estados con mayor violencia.

Michoacán es el claro ejemplo de cómo a fuerza de fuerza (valga la redundancia), el Estado pudo detener a los muy reconocidos líderes de grupos como “Los Caballeros Templarios” y “La Familia Michoacana”, hoy intensamente disminuidos.

Bajo el mismo esquema, algo que ni las Policías estatales ni municipales podrían haber logrado, se redujo, notoriamente, la injerencia de los cárteles en Nuevo León y Chihuahua.

Durante el sexenio de Peña Nieto tocó al General Salvador Cienfuegos y al Almirante Vidal Soberón dar seguimiento a la estrategia al considerar, como ahora lo entiende el gobierno que viene, que no hay de otra.

Pero si en Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua, se ha detenido ya a más de un centenar de “objetivos prioritarios” (líderes de agrupaciones delictivas), en Sinaloa se aprehendió al principal, incluso después de dos fugas, y que hoy está siendo juzgado por la justicia estadounidense, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Pero el problema no se acaba con la detención de algunos; los cárteles de las drogas conforman toda una estructura que, aunque a simple vista no se perciba, opera una cuidadosa y profesional administración.

A partir del 1 de diciembre tocará al General Luis Sandoval y al Almirante Rafael Ojeda, con la sorprendente anuencia de López Obrador, concluir (así lo ha prometido) con el problema que mancha a la Nación. ¿Sinodales indeseables? Ahí están Guerrero, Jalisco, Guanajuato (quién lo diría), Tamaulipas y, aunque lo sigan negando, la Ciudad de México y su zona conurbada.

 

LAS ALERTAS

El jueves pasado, apenas el Presidente Electo concluyó su propuesta de Paz y Seguridad, con el anuncio de que los militares son imprescindibles, se desataron los fantasmas. Dios nos libre que se desaten los demonios.

Para paliar en algo los efectos de los que piensan de más, la próxima Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, defendió el plan.

“Muchos de nosotros queríamos que nada más estuviera la Policía Federal, pero no nos daba para la seguridad en este momento…  Y el clamor (que escuchó en todos lados el Presidente Electo) fue ‘no retire a los militares’”, dijo.

“(Y) la institución que pensamos que no daría la imagen de militarización es una Guardia Nacional”.

La primera en lanzar alertas fue la disminuida oposición.

Para Miguel Osorio Chong, ex Secretario de Gobernación y actual líder del PRI en el Senado, el plan de López Obrador, centrado en la militarización de la seguridad pública, no se da en el marco de la ley, además de que se contradice con lo que prometió en campaña.

“La verdad es que el tema de mandar a los militares a ser policías, no hay modificación que permita que esto pueda suceder de manera legal. Así que, con una gran preocupación, creo que es una estrategia que no se da en el marco de la ley y que a todas luces compromete al Ejército en el tema de seguridad pública”.

Y cuestiona cómo es que si Morena rechazó la Ley de Seguridad Interior, al amparo de qué los militares van a poder trabajar legalmente en el tema de seguridad pública.

Marko  Cortés, nuevo líder nacional del PAN, considera que “militarizar” el país como única salida contra la inseguridad va en contra de la Constitución y los derechos humanos. Como Osorio, asegura que incumple su promesa de campaña.

Para René Juárez, coordinador de los diputados del PRI, urge que se trabaje en crear el marco legal que necesitan las Fuerzas Armadas para sus labores de seguridad.
“Hay que trabajar todos rápidamente para construir un marco jurídico. No podemos seguir en la anarquía.
“Qué bueno que el nuevo gobierno rectificó y voltea a ver a dos instituciones que son fundamentales en la vida de la República; ahora hay que regular y hay que darles un soporte legal, y hay que darle certeza, certidumbre, basamento jurídico”.
El reconocido organismo internacional de Derechos Humanos “Human Rights Watch” calificó de “error colosal” la decisión de mantener a los militares en las calles, pero además elevar su número y crear otro cuerpo como el de la Guardia Nacional.

“López Obrador hereda una catástrofe de derechos humanos que ha sido causada, en gran medida, por la militarización de la seguridad pública en el país”, dijo José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, con sede en Washington, D. C.
“Al redoblar la apuesta de esta estrategia fallida, López Obrador comete un error colosal que podría frustrar cualquier esperanza de poner fin a las atrocidades que tanto sufrimiento han causado en México en los últimos años”.

De hecho, el plan de seguridad del gobierno por entrar en 15 días ha alborotado a más de una docena de organismos no gubernamentales que ya iniciaron una ronda de rechazos.

Lo cierto es que después de querer casi quemarlos con leña verde (a tono), el Presidente Electo ha reconocido (y “premiado”) la labor de los militares contra el flagelo del comercio ilegal de drogas y sus terribles consecuencias.

Ha reconocido a los imprescindibles.

 

 

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@RobertoCZga

 

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