Los escombros de Moreno Valle

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Claramente predecible en un contexto natural de la propaganda, y lejano de la investigación criminal, fueron detenidas algunas personas justo en el aniversario de la caída del helicóptero en el que viajaban los capitanes Roberto Coppe Obregón y Marco Tavera transportando a Rafael Moreno Valle, a su señora esposa y al asistente personal del primero, Héctor Baltazar.

La detención de tales personas no se dio en esas fechas porque la investigación, casualmente, hubiera concluido en ellas: Alguien tuvo la ocurrencia de decir que mediáticamente podía servir de algo dosificar la investigación, y el 24 de diciembre era una fecha apropiada para jugarle al spin doctor.

En el doctorado en Ciencias Penales, el eminente jurista Moisés Moreno nos decía en clase: “En el derecho penal, maestros, hay que diferenciar entre lo que se puede probar y lo que pudiera ser verdadero”.

Moreno se refería a que es probable que una persona cometa 10 delitos distintos, pero si sólo uno puede demostrarse plenamente uno, por lógica, a partir de éste se le sancionará, aun cuando queden impunes los otros nueve delitos.

El dictum del doctor Moreno se cumple, impecablemente, en el tema que nos ocupa: El caso Moreno Valle terminará por sancionar lo que se pudo demostrar; no lo que se tenía que demostrar.

¿Alguien duda sobre la veracidad técnica de los interminables folios del dictamen emitido por las autoridades federales en el sentido de que hubo mala praxis en el mantenimiento del helicóptero, que condujeron al accidente? Al menos yo no guardo dudas, pero siguiendo las reglas de la criminología, la falla del mantenimiento es la causa eficiente; no la causa final. En otras palabras: Se sabe lo qué falló, pero no se sabe por qué falló. Se comprende el elemento material que causó el desplome, pero no se conocen las condiciones humanas que llevaron al desplome.

Las personas detenidas están totalmente inmersas en el mantenimiento del helicóptero: De eso no cabe duda. Ya se sabe que una estaba involucrada en la parte operativa del mismo o que otro se ostenta como propietario de la empresa. Nada fuera de lo normal.

Cabe formular dos interrogantes: En verdad ¿alguien tan obsesivo como Rafael Moreno Valle sería capaz de perdonar que los componentes de su transporte habitual fueran abandonados al descuido? Y, en verdad, ¿la casualidad operó así, sin más?

La primera pregunta se responde con facilidad: Moreno Valle delegaba y alguien más debía estar atento al mantenimiento del transporte. Aquí caben los nombres de dos empresas, una de las cuales se evaporó apenas se enfriaban las cenizas en Santa María Coronango.

La segunda pregunta no se puede responder con facilidad. La experiencia en los casos de Santiago Vasconcelos y Francisco Blake Mora señala que la falla se presenta, pero no aparece por generación espontánea.

Probablemente estoy haciendo una comparación desafortunada: Santiago Vasconcelos era uno de los expertos más acreditados del país en combate a la delincuencia organizada y, por consecuencia, un objetivo primario a eliminar por parte de varios cárteles.

Regresando al tema, nadie se ha atrevido a preguntar sobre otras hipótesis respecto a las causas del desplome en Santa María Coronango. Nadie se ha lanzado a decir si Los Zetas en algo participaron. Nadie ha mencionado a la industria del robo de combustible, en delirante auge desde 2009, aproximadamente.

Nadie ha mencionado una palabra sobre las docenas de millones de pesos al día que el combustible robado generaba a varias organizaciones criminales desde esos años. Nadie ha comentado sobre la estructura oficial y fáctica que cobijó a esa industria, que, paradójicamente, sigue abrigada. Nadie ha mencionado, ni por error, a varios personajes que tienen intereses descomunales en la zona de referencia y que no podían actuar impune e inmunemente sin apoyo del más alto nivel.

No hay que omitir que el robo de combustible inició con el trillado mote de “triángulo rojo” y después experimentó una metamorfosis anidando en la Sierra Norte. ¿Por qué tuvo un episodio de expansividad esa empresa criminal? Peor aún, ¿por qué se dio ese crecimiento en la borrachera política de la 4T?

La racional señala que la industria del huachicol no conoce de partidos políticos: Es una empresa y, como tal, está enfocada a generar beneficios para sus socios. Y, de paso, para mantener con vida a docenas de municipios que morirían si no fuera por el combustible robado y por las remesas; 2021 será otro año de boom en materia de robo de combustible:

vienen elecciones y hay que inyectar recursos a las campañas, máxime que la pandemia no permitirá el acarreo. Se necesitará un diluvio de dinero en efectivo para dinamizar a las masas.

Mientras tanto, el respetable seguirá con la ocurrencia de que han sido detenidas cuatro personas por el helicopterazo. Yo seguiré rememorando los dichos del doctor Moisés Moreno. Y las culpas verdaderas dormitan en paz en otras entidades federativas.

 

 

 

 

 

 

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