López Obrador y ‘la casa sobre la roca’

El líder-candidato de Morena ya pone a pensar seriamente a muchos. Tiene razón en aquello de poder perdonar a quien se una a él (a quien lo siga), pero, dice, principalmente, purificar a líderes del crimen organizado

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Si Ricardo Anaya o el PAN lograron una alianza con una parte de la Izquierda, el PRD (contra-natura, diría Manlio Fabio Beltrones) o, viceversa, el PRD con la Derecha, ¿por qué Andrés Manuel López Obrador no lo haría con un partido sustentado sobre bases cristianas evangélicas o, dicen sus detractores, antes socio del PAN y hasta del PRI?

El líder-candidato de Morena ya pone a pensar seriamente a muchos. Tiene razón en aquello de poder perdonar a quien se una a él (a quien lo siga), pero, dice, principalmente, purificar a líderes del crimen organizado.

En verdad, créanlo, ya no arroja peligrosidad, arroja luz.

Porque a partir del anuncio de la alianza de Morena con el Partido Encuentro Social los purificados resultaron ser también periodistas, algunos de Proceso, La Jornada, sitios web como el Sendero del Peje y otros.

Seguramente ya vieron de reojo a quien ahora firmó la alianza con Hugo Eric Flores, líder del PES, pero también pastor (o ex pastor) de la secta “La Casa Sobre la Roca”.

Recordar es vivir, dice el dicho. Y, bueno, pues casi como campaña anti-PAN y anti-régimen, durante años no se cansaron de criticar el apoyo de esa agrupación a Felipe Calderón; después relacionándola hasta con el PRI.

Pues hoy, ¿cómo les quedó el ojo?

En el 2011, varios medios dedicaron reseñas al libro “La Cruzada de Calderón” de Rodolfo Montes, señalando el acercamiento del fundador de la agrupación, Alejandro Orozco Rubio y su esposa Rosa María de la Garza Ramírez ( Rosi Orozco) con quien ganó la Presidencia de la República en 2006.

Hoy quien roba cámaras es Hugo Eric Flores (feligrés o ex feligrés de “La Casa Sobre la Roca”), pues con Andrés Manuel se une a la apuesta de que el agua y el aceite pueden mezclarse.

En los últimos días, el líder-candidato de Morena está a punto de provocar un seísmo en el Vaticano, pues en sus posturas ha resultado más papista que el Papa. Claro, para él no existe ninguna diferencia entre católicos y protestantes.

Desde hace dos semanas reveló que su registro como precandidato de (literalmente) su partido lo haría el 12 de diciembre, nada menos que el Día de la Virgen de Guadalupe. El 13, o sea ayer, dijo que todo lo que hace (y deshace) no es solo para lograr “bienestar material” a los mexicanos, sino también “bienestar de alma”.

Vaya, poco a poco descubrimos que en las aspiraciones al poder se utiliza y se vale de todo, hacer campaña por casi dos décadas, por ejemplo, lo que ya pone en seria duda que solo sea por “cambiar a este país”. Sin embargo, las truculencias “por abajo del agua” hasta de pactar con el diablo estaban casi ocultas. Hoy, el descaro es descomunal. Lo que un día pateas y aborreces, otro lo besas e idolatras. “Yo soy aquel que soy…”.

El rollo de Andrés Manuel es ya el último eslabón del realismo mágico transportado a la política.

Su casi súplica del 12 de diciembre, no pronunciada, pero sugerida: “Es mi voluntad que me construyan un templo…”, solo forma parte de su magnífica idea de ir confeccionando su último plan para llegar no a Los Pinos, sino a Palacio Nacional, su deseo más infinito.

Idea, estoy casi seguro de ello, no consciente, sino atada a un balde de ocurrencias que van formando en el oyente o en el presente imágenes tan maravillosas casi extraídas de novelas de Gabriel García Márquez.

Como “Gabo”, estoy seguro que Andrés se maravilla de su imaginación.

Una cosa es cierta, en la política y en el arte, la imaginación vence todo. Y eso logra López Obrador ante sus contrincantes, por ello el berrinche hasta de la otra parte de la Izquierda, el PRD, que le reprocha registrarse en un día de guardar simbólico como lo es el de La Guadalupana.

“Triste ver que se quiera ensuciar un día tan importante para millones de mexicanos, en un Estado laico, la vinculación de la política y la religión. Eso ha llevado a guerras muy importantes. Son temas que deben ser tratados de manera cuidadosa y que creo que ello pudiera tener otro día para un registro”, frase de estreno de Manuel Granados como nuevo líder del “sol azteca”.

Que yo sepa, Andrés Manuel nunca hizo referencia a la Virgen, a diferencia de Gerardo Fernández Noroña que, vistiendo un “ayate” con la imagen de La Guadalupana, sí se les “apareció” a los policías que vigilaban el Senado ante la discusión de la Ley de Seguridad Interior. Nunca supieron cómo, pero, de repente, ya estaba atrás de ellos. ¡Milagro!

Lo de AMLO, eso sí, es mero colmillo.

Pero con toda y su secular revolución, ¿olvidaría ya el líder-candidato de Morena aquellos recientes tiempos, cuando todavía era militante del PRD, de constante acoso a la Catedral Metropolitana con incursiones, ataques y acusaciones?

Por lo pronto, si usted se sorprendió con la alianza PAN-PRD, déjese de prejuicios, imagine.

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