López Obrador, presidente electo de México

Dos veces perdió como candidato a gobernador de Tabasco; igual que Salvador Allende y Lula da Silva, la tercera es la vencida

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El pasado 8 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador, por fin, fue declarado presidente electo de México. Culminaba así un periplo iniciado en Tabasco, cuando en 1983, en el gobierno de Enrique González Pedrero, renunció al PRI y se unió al grupo disidente, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que cambiaría la historia política de México.  Cárdenas ganaría la Presidencia de la República, pero el fraude electoral se consumaría.

López Obrador fue dos veces candidato a gobernador de Tabasco bajo las siglas del PRD.  En 1988, cuando compitió contra Salvador Neme Castillo, y en 1994 contra Roberto Madrazo, por el PRI, y Juan José Rodríguez Prats, candidato del PAN.  En su libro “AMLO: Vida privada de un hombre público”, Jaime Avilés –autor de la columna “Desfiladero” en La Jornada- hace una exégesis de las peripecias de López Obrador para enfrentar al sistema político desde Tabasco y su máxima expresión: El fraude electoral.


En el libro de Avilés, Andrés Manuel relata el fraude electoral perpetrado en contra de él y la imposición de los priístas Neme Castillo y Roberto Madrazo para hacerlos gobernadores de Tabasco.  Las evidencias las presentaría López Obrador en incontables cajas, para documentar que Madrazo había gastado 70 millones de dólares en su campaña, cantidad mayor a la de  Bill Clinton por la presidencia de Estados Unidos: 50 millones de dólares.

El mismo López Obrador cuenta la forma en que pretendieron neutralizarlo para declinar su candidatura a gobernador. Pregunta Jaime Avilés al ahora presidente electo: “Se dice que en algún momento de la campaña, en que tú ya estás como candidato, llega alguien y te da un papelito… y el papelito dice: Renuncia a la candidatura porque si no…”.

Andrés Manuel responde a su interlocutor: “Sí, hubo amenazas; no me gusta hablar de eso.  Y lo que hubo ya lo he contado.  Es un ofrecimiento que me hace Salinas, a través de Ignacio Ovalle, para que renuncie a la candidatura.  Me ofrece un cargo, una subsecretaría en el gobierno federal.  Más dinero, más carros, más choferes, pero, obviamente, le mandaste decir que no”.

A la interrogante de mi amigo Jaime Avilés – fallecido en agosto de 2017- responde López Obrador: “Yo sostengo que el principal problema hasta este momento había sido la falta de democracia, porque de la falta de democracia viene la corrupción y todo lo demás”. La cita es impecable y, hoy, López Obrador tiene el enorme compromiso de respetar ese postulado, aunque los resultados electorales en Chiapas y el anuncio del nombramiento de los jefes políticos en los estados –que después abordaremos- parecen contradecir ese principio democrático y las estipulaciones del pacto federal.

Al doble fraude electoral en Tabasco, López Obrador debió de enfrentar otro fraude electoral en el 2006, en contra del panista Felipe Calderón.  Cuenta Álvaro Delgado, en su libro “El Amasiato”, el cónclave secreto entre Calderón y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Reunidos en una suite del hotel Nikko, en Polanco, acordaron que el PRI mexiquense transferiría 200 mil votos al candidato del PAN.  La estratagema  dio resultado.  Felipe Calderón ganó a López Obrador por apenas 240 mil votos, el 0.52 por ciento de la votación nacional, a lo que debe agregarse la intervención de Vicente Fox y la cínica respuesta de la magistrada ponente del Tribunal Federal Electoral, Bertha Alfonsina Navarro: “Se pudo constatar intervención presidencial, pero no fue determinante para el resultado de la elección”.

Lo mismo sucedió en el 2012, cuando las encuestas señalaban a Peña Nieto con un 18 por ciento de ventaja sobre AMLO.  El resultado final, del 7 por ciento de ventaja, demostró la manipulación de los números por todas las casas encuestadoras.

Y añade Álvaro Delgado: “Ese pacto secreto definió la Presidencia de la República en 2006, pero también la de Peña Nieto en el 2012, cuando Calderón saboteó la campaña de la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, cuando Peña se desplomó y lo rebasaba López Obrador, según las encuestas del PAN y la Presidencia de la República”.

Con esos antecedentes, AMLO, finalmente, ganó con el 53 por ciento de la votación nacional, la más alta desde 1988.  En ese año, Carlos Salinas apenas rebasó el 50 más 1 en el fraude electoral más escandaloso de los siglos XX y XXl, con todo el apoyo del presidente Miguel de la Madrid, la participación de los 32 gobernadores de los estados y 300 millones de dólares (700 mil millones de 1988), descontados de las participaciones fiscales federales a los erarios estatales para apoyar al candidato priísta.  Ni así pudieron ganarle a Cuauhtémoc Cárdenas.

Con un envidiable bono democrático, y un capital político sin precedente, llega López Obrador a la Presidencia de la República.  Igual que Salvador Allende en Chile y Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil, en el tercer intento gana la elección presidencial tan manipulada en el 2006 y el 2012.  El resultado ya se conoce: Allende fue depuesto, por un golpe de Estado, en 1973 y Lula enjuiciado por corrupción con cargo a la petrolera Petrobras.

En ambas elecciones, “El Peje” concitaba dos posiciones extremas: La aprobación de la ciudadanía y el electorado, y el miedo al candidato de la izquierda, convocaba a la clase política y al poderoso sector empresarial en su contra.  Puede decirse que Andrés Manuel es el primer candidato, desde la primera elección en 1824, que accede por el voto a la Presidencia de México.  Sólo que sus propuestas y las expectativas que ha generado son muy altas. Poco más de 30 millones de mexicanos le extendieron su voto de confianza y 60 millones creen en todas sus promesas de campaña y en la certeza de poder cumplirlas.

Su discurso de 12 años continúa vigente y hoy tiene la oportunidad de cumplir los dos pilares de su propuesta de gobierno: El combate a la corrupción y la impunidad.  Y, desde luego, fuera la mafia del poder.

En el ejercicio del poder hay decisiones del gobernante que son de realización inmediata y otras que requieren de un horizonte de tiempo mayor a corto y mediano plazos.  El combate a la corrupción y a la impunidad es de esos actos inmediatos.  De sobra, el pueblo de México conoce quiénes son los gobernantes corruptos, los gobernadores en funciones corruptos y los que pronto serán ex gobernadores acusados de abusar de los tesoros públicos estatales.

Uno de los actos más emblemáticos de la corrupción que priva en México son los 7 mil 600 millones de pesos de lo que se ha denominado la Estafa Maestra y que involucra a la actual titular de la Sedatu y ex titular de la Sedesol, Rosario Robles. Con un dejo de honestidad, en el programa de José Cárdenas, públicamente manifestó que cuando se desempeñaba como Jefa de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, repetidamente, le pedía la entrega de despensas y otros productos para apoyar su candidatura a jefe de Gobierno en el 2000.  Ampliaremos…

 

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