López Obrador, el juez y parte

Culpar a los jueces es la tesis de los presidentes ante la ineficacia de sus procuradores, MP’s y agentes contra el crimen organizado. México debe seguir como país de leyes, no de excepciones, no de perdón a corruptos que colaboraron en el triunfo de Morena, no de los funcionarios salientes que gozan de total impunidad.

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La ligereza es mala consejera y amiga de la frustración.

Así le pasó a Felipe Calderón Hinojosa y a Enrique Peña Nieto, ahora comete el mismo error Andrés Manuel López Obrador con el Poder Judicial.


La legendaria ineficacia de ministerios públicos, apoyados por las deficiencias de las policías de los tres niveles, y la penetrada corrupción, es un gran obstáculo en la lucha contra el crimen organizado, es un hecho, no obstante, el respeto a los procesos y las leyes es irrenunciable en el Estado de Derecho.

En su forma más elemental, el irrespeto generalizado a los jueces no es más que la manifestación de la frustración ante la promesa de López Obrador de acabar con la inseguridad que ha llegado a los niveles más violentos en su administración.

Es mentira lo dicho en su informe de 100 días que haya bajado la aceleración de las muertes dolosas, los secuestros, el tránsito de droga y todo tipo de plagios.

Cuidado con violentar la autonomía del Poder Judicial de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea azuzando a las hordas de ‘AMLOvers’ contra jueces, magistrados y ministros, como lo hace la operación orquestada en ciber redes sociales contra medios de comunicación, periodistas y analistas críticos de su gobierno.

México debe seguir siendo un país de leyes, no de excepciones, no de perdón a corruptos que colaboraron en el triunfo de Morena, no de los funcionarios salientes que gozan de total impunidad.

Y también es responsabilidad de jueces, magistrados y ministros, apoyados por la sociedad, la defensa de esa autonomía.

Bajar a niveles aceptable la inseguridad es una disciplina exige mucho trabajo y un frente común, sin embargo, López Obrador en cada conferencia mañanera en Palacio Nacional se ha dedicado a enfrentar y polarizar a la sociedad, una ruta en sentido contrario de la unidad necesaria para controlar este gran problema.

Nadie espera soluciones a corto plazo, pero el discurso del candidato de Morena en campaña hizo suponer eso, que mediante la fórmula mágica que utiliza para todo como como conjuro: ‘acabar con la corrupción’, se solucionan los problemas del país.

Andrés Manuel sostiene la tesis errónea de que si él es honesto y predica con el ejemplo anticorrupción, toda la estructura hacia abajo se limpiará.

Indudablemente es un requisito la honestidad del líder para bajar a niveles aceptables la podredumbre, pero no garantiza nada más, como no lo logró en su gestión como Jefe de Gobierno del DF.

La propia Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena, declaró este miércoles que a su partido la infiltraron ‘sabandijas’, y no hay comparación entre la escala de un partido con la de un país.

Pienso que en realidad Andrés Manuel se convenció de sus fórmulas mágicas, no es así, los presidentes siempre encontraron el canto de sirenas en comentarios de procuradores, ministerios públicos y secretarios de Seguridad Pública que les decían al oído: “Nosotros atrapamos a los delincuentes y los jueces los sueltan”.


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