Listos para el arranque del contagio de rebaño

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Sin importar cual sea el semáforo que nos toque a cada cual en las entidades o regiones donde vivamos, la nueva normalidad empezará para todo el país en cuanto el Presidente López Obrador aborde el avión que lo traslade a la Península de Yucatán, lunes o martes, a reiniciar el encuentro con el pueblo cuyos abrazos y besos ya extraña, aunque tal vez por ahora no le transmita su energía porque le pidió no acudir a sus eventos para evitar riesgo de contagio.

Más allá de lo que diga Hugo López Gatell, el inicio de las giras presidenciales constituirá el banderazo que los mexicanos hemos esperado durante semanas para largarnos de casa en estampida y salir a la calle con cualquier pretexto, todos válidos por nimios que sean, como el arranque de las obras del Tren Maya o la inspección en sitio del avance de la refinería de Dos Bocas.

Por más que el subsecretario de Salud diga que la condición de Presidente de la República no otorga a López ninguna protección excepcional en materia biológica ni le permite gozar de privilegios específicos, lo cierto es que todo parece indicar que los expertos en salud llegaron a la conclusión de que quizás el coronavirus teme a su investidura o que ésta es una especie de escudo, de “detente” que lo blinda, o que nada puede hacerlo por ser el hijo único laico de Dios, Porfirio Muñoz Ledo dixit.

Sin embargo, no olvidemos que el resto de mexicanos no pasamos de ser humanos de a pie, para no hablar de comunes y corrientes, razón por la cual lo mejor será no rascar las tetas a la gata e identificar bien a bien el color del semáforo que nos toque antes de aventurarnos irresponsablemente a la calle en espera de que Dios o la madre tierra nos protejan.

Además, no nos atrevamos a compararnos con el Presidente.

Por importantes o esenciales que consideremos nuestra necesidad de salir a la calle a buscar el sustento, no se compara con “la vida pública del país” (que gira en torno a López Obrador), esa si, “muy importante … una actividad esencial”.

Contra lo que muchos creemos, la temeridad del Presidente (que no tendrá problema para que el secretario de Salud, Hugo López Gatell, y el subsecretario Jorge Alcocer –perdón, era al revés, pero en los hechos no me equivoco–, le firmen este jueves el permiso para abandonar el Palacio Nacional y echarse de nueva cuenta a recorrer la legua, nada tiene que ver con que le esté pasando lo que a muchos que nos acostumbramos a estar en casa solo de noche, como si de hotel se tratara, y a convivir en familia el fin de semana y los días festivos en espera ansiosa del arribo del lunes o del final del puente largo para recuperar la libertad.

No, lo suyo obedece a su necesidad revelada de bañarse de pueblo, y a la no reconocida, pero innegable, de mantener el contacto con el pueblo para garantizar votos a los candidatos de Morena que pronto necesitarán de su popularidad.

Así, que el viernes por la mañana la noticia será que Alcocer y López Gatell, ahora sí en orden de organigrama, otorgaron permiso al Presidente para salir de casa e irse de gira sin importar que el semáforo de Quintana Roo y Tabasco esté en el color que éste, aunque en materia de seguridad nacional esto es una nimiedad, pues siempre es posible ponerlo en amarillo o verde en el momento que lo demande la necesidad del jefe de las instituciones.

Y esa será la señal de que podemos salir en estampida en busca del contagio de rebaño para que todos seamos inmunes.

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