Lealtad y profesionalismo de Meade y Beltrones

Señal que mandarán será fundamental para la campaña del candidato priísta porque la militancia entenderá que el mensaje es de unidad entre profesionales de la política, no del estilo matraquero de otros tiempos

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¿Quién podría, en sus cinco sentidos, especular que Manlio Fabio Beltrones estuviese dispuesto a ofrecerse al mundo como traidor cuando su familia, sus compañeros priístas y sus amigos, sabemos que es sumo sacerdote de una religión llamada lealtad?

Ayer, en vísperas de la visita a Sonora de José Antonio Meade, circuló, por redes sociales, un supuesto “Bajo Reserva Exprés” (la columna que El Universal pública en su portal electrónico para comentar acontecimientos del momento)  anunciando un “golpe mortal” para  el candidato presidencial del PRI.

La especulación fue que a causa de las diferencias con Luis Videgaray y Aurelio Nuño, Manlio se iría con Andrés Manuel López Obrador, lo que devendría en la derrota segura de Meade.

Nada más falso. El Universal, bajo la dirección editorial de David Aponte, jamás publicó esa noticia falsa, pero más allá de la noticia falsa y de que su origen esté en la estrategia de esos rusos hipotéticos dispuestos a dirigir el rumbo del país, concentrémonos en lo importante.

¿Cuántas lecturas se puede dar al encuentro de José Antonio Meade con Manlio Fabio Beltrones en Sonora?

No conozco al candidato del PRI y no podría aventurarme a especular sobre su mecanismo mental; sólo he hablado con él en una ocasión, en Palacio Nacional, y a unos metros del Presidente Peña Nieto, poco antes de su destape.

Por cierto, fue quien tomó la iniciativa del cruce de palabras para precisarme algunos datos de una columna que escribí sobre remanentes (lo que gana el Banco de México con las devaluaciones del peso) y el presunto desgaste en su relación con Agustín Carstens.

¿Qué nos quiso decir -pregunté al Presidente- al hacerse acompañar del secretario de Hacienda para saludarnos cuando los otros tres de la baraja de Emilio Gamboa esperaban en el presidium?

Mientras mis colegas insistían en preguntar a Peña Nieto si el candidato estuvo ahí y, en todo caso, si se sentó a su derecha o izquierda, yo, que sí entendí la señal, porque conozco a quien las manda, al regresar de la plática con Meade sobre remanentes dije al Presidente que me alejé porque fui a “futurear”.

Cinco días después, el futuro se volvió presente en la persona de Luis Videgaray, que dio luz a los embajadores acreditados en México sobre la sucesión priísta.

Quiero pensar que la idea de acudir a Sonora para encontrarse con Beltrones fue de Meade, y no consejo de sus genios, porque significaría que empieza a sacudirse el corset idílico en que lo han metido sus estrategas para regresar al político profesional capaz de navegar con éxito en la cúpula de tres sexenios y convencer al Presidente Peña Nieto, un priísta-priísta, de que su partido necesitaba a un no militante para mantenerse en el poder.

A fuerza de repetirlo sus estrategas, casi me convencen de que José Antonio no es político, sino un hombre bueno que tuvo el privilegio de estudiar hasta dos carreras en México y el extranjero, así como la suerte de colocarse, desde el primer día de trabajo, en los primeros niveles de la cúpula gubernamental y permanecer ahí durante 20 años sólo por su dedicación al trabajo, hasta quedar en posición de ser el jefe.

Todo esto es Meade, pero lo cierto es que se mantuvo dos décadas en la alta burocracia no  sólo por sus prendas morales y chambeador, sino porque aprendió a sentir, en el momento oportuno, hacia dónde sopla el viento (¿por qué otra cosa votaría por Peña Nieto siendo secretario de Hacienda de Felipe Calderón?), a nadar en mares de tiburones y a pasar de un océano a otro sin sufrir heridas, y a utilizar a los hombres, aún a los superdotados, como Luis Videgaray, para conseguir lo que quiere.

A esto le llaman política.

El político Meade acudió a Sonora en el momento oportuno; ninguno mejor que éste.

Necesita sentirse y exhibirse arropado por el priísmo. ¿Qué mejor fotografía que un abrazo con Beltrones, el priísta más emblemático del país después del Presidente?

Va a Sonora cuando Manlio requiere una muestra pública de apoyo de su partido (y no sólo de sus leales amigos, pero contrincantes al fin, de Morena) en el contexto de las acusaciones provenientes de Javier Corral en el sentido de que el sonorense fue el eje de una triangulación ilícita de recursos del erario chihuahuense para ser utilizados en campañas priístas.

Se puede especular con lo que se quiera y yo mismo participaría con gusto en el juego, pero la señal que mandarán Meade y Beltrones será fundamental para la campaña del candidato priísta porque la militancia entenderá que el mensaje es de unidad entre profesionales de la política, no del estilo matraquero de otros tiempos.

Por lo pronto, es buena noticia para el PRI que Meade decidiera sacudirse el corset de caballero blanco y volver a ser el político profesional a quien sólo falta un paso, difícil y tortuoso, para llegar a la cumbre.

Y, para finalizar, especular sobre la lealtad de Manlio a su partido sería sacrilegio.

 

 

 

 

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