Las pruebas de Lozoya, “Espectáculo purificador”

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Al final de la mañanera de este viernes, cuando López Obrador lamentaba que el único video de Emilio Lozoya que exhibe los sobornos a legisladores para votar las reformas del Pacto por México, quizás sea una prueba muy endeble de delito, pero celebraba que servirá para purificar la vida pública del país, vinieron a la mente las durísimas palabras de Brozo a René Bejarano cuando le mostró el video que lo exhibe echándose a la bolsa los billetes y ligas de Carlos Ahumada: “Estamos ya hasta la madre de que esas situaciones sucedan. ¿Y no merecemos una explicación? ¡No me pendejees!”.

El presidente advirtió en Acapulco de manera insólita algo que no había ocurrido hasta hoy: la posibilidad de que todo se reduzca a un show. Abogados le han explicado que “las pruebas de este tipo no son de tanto valor en los juicios, en lo estrictamente legal”, pero, dijo “puede ser que no tengan valor en lo legal, pero en lo moral son de primer orden”.

No le falta razón en cuanto a lo endeble de las pruebas porque, pese al video que muestra de cuerpo completo a Bejarano guardando los billetes de Ahumada, fue exonerado después de pasar un tiempo en la cárcel escribiendo poemas para quien le confió la coordinación de su campaña a jefe de Gobierno del Distrito Federal y su secretaría particular al suceder a Rosario Robles en el Palacio del Ayuntamiento.

Pero en nada ayudó a purificar la vida pública del país, si acaso fue uno de los elementos que ayudaron a Felipe Calderón a ganar la Presidencia en 2012.

Hoy López Obrador dice no haber visto el video que delataría el momento en que un legislador o varios recibieron de Lozoya o mensajeros suyos, dinero aportado por la empresa brasileña Odebrecht, pero expresa que le gustaría porque equivaldría a una especie de pago por evento.

En entrevista con Humberto Padgett de “Sin Embargo”, Bejarano, que para ingresar a prisión fue desaforado como diputado local a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en la que encabezaba a la bancada del PRD, se ufanó en mayo de 2013 de la lealtad que mantuvo a su jefe a pesar de estar en prisión.

El reportero preguntó:

–“¿Usted no puso a Andrés Manuel?”.

La respuesta es de antología:

–“No lo puse y me la comí todita, como dicen en el argot carcelario. Yo solo”.

¿Cómo se puede interpretar lo de “me la comí yo solo”? ¿Debió repartirla con otros? ¿Con los beneficiarios de ese dinero? En todo caso, ¿con quién o quiénes?

La entrevista es de actualidad sorprendente:

– ¿”Se quedó sin Andrés Manuel?

–“No… digamos que por conveniencia táctica y política para mí y más para él era conveniente que yo tuviera, como dijera Ernesto Zedillo Ponce de León, una sana y conveniente distancia.
– ¿”Le dolía la sana distancia?

–“En la política hay que ser disciplinados y yo diseñé una estrategia de sobrevivencia que se llamó “viento”: el viento se siente, pero no se ve. Estaba, pero no estaba; siempre estuve aunque no me vieran- dice con tono metafísico. -Estaba más presente de los que subían al presídium. Y sigo siendo así”.

En efecto, sigue estando ahí. Encabeza un movimiento paralelo a Morena que funciona como eficaz aliado electoral de López Obrador.

Además, la vida le dio oportunidad de saborear la venganza. Acusada de la “Estafa Maestra”, Rosario Robles, que en los tiempos del video era pareja sentimental de Ahumada, cayó en manos de su sobrino, el juez de control Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, quien la mantiene de manera ilegal en la cárcel.

Para Bejarano no escapa que la estrategia de filmarlo recibiendo dinero y difundirlo en el momento oportuno por Televisa tuvo la intención de dañar las aspiraciones presidenciales de López Obrador.

Posteriormente fue divulgado un video grabado en un casino de Las Vegas que revelaba la debilidad lúdica de Gustavo Ponce, que fungió como tesorero del gobierno de AMLO en el Distrito Federal. En 2014 recuperó su libertad gracias a un amparo de la justicia federal contra un escándalo de corrupción ventilado por Carlos Ahumada sobre supuestos pagos hasta por 31 millones de pesos en la ahora alcaldía de Álvaro Obregón.

El Tribunal Superior de Justicia del DF consideró que la llamada telefónica que hizo para agilizar los pagos resultó insuficiente para probar el delito imputado.

Y es de tan sorprendente actualidad porque contrasta con la promesa de Emilio Lozoya al juez de denunciar y señalar a los responsables y beneficiarios de los delitos que se le imputan (sobornos con dinero de Odebrecht), el ex presidente Peña Nieto, el ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y un grupo de senadores y un diputado.

Todo es de actualidad.

Por ejemplo, el fiscal Gertz Manero explicó por qué la diferencia entre el trato a Lozoya, quien tiene a la Ciudad de México y a su zona conurbada por cárcel, y a Rosario Robles que, merecedora de estar en prisión domiciliaria está en prisión no obstante a la resolución de una magistrada que después de aceptar los errores del juez confirmó mantener en prisión a la ex secretaria de Desarrollo Social.

El ex director de Pemex “está haciendo una oferta formal y una denuncia de hechos de una circunstancia que ha generado daño patrimonial de alrededor de 400 millones de pesos… En el otro caso (Robles) no hay esto, y es un daño por 15,000 millones de pesos y están involucradas gran parte de las instituciones de educación pública del país. La jerarquía de los daños merece cooperación para esclarecer la llamada ‘Estafa Maestra’… pero no ha ocurrido”.

Como lo sintetizó el clásico: “copelas o cuello”.

¿En qué consiste la falta de cooperación de Robles? En que no ha implicado a su superior jerárquico.

El delito que se le imputa es haber incurrido en la omisión de no informar a su superior jerárquico, el entonces presidente Peña Nieto, de las irregularidades que ocurrieron en Desarrollo Social y Sedatu.

Para usar palabras de Bejarano, se la ha tragado sola.

López Obrador ya tiene lo que quería, un escándalo mediático que ayude a la purificación del país aunque tiene dudas de que los supuestamente implicados paguen con cárcel, pues primero se necesita que los cargos en su contra sean probados.

Dijo en Acapulco que “el que acusa prueba, sino no se estaría haciendo justicia; hay que ver qué pruebas tiene Lozoya para no linchar políticamente a nadie, para no hacer un juicio sumario”.

Por la otra parte, la Constitución lo maniata para juzgar a sus antecesores, de Carlos Salinas a Pea Nieto, pues no son acusados de traición a la patria ni de delitos graves que son los delitos por los que un presidente puede ser llevado a prisión. Es por eso que sigue invocando la consulta popular para que no se diga que fue él quien los acusó y metió a la cárcel.

El presidente se conforma con el espectáculo purificador, pero el de la Santa Inquisición incluía no sólo el juicio y su difusión, sino quemar en la plaza pública a sus víctimas.
Está por verse si Alejandro Gertz Manero comparte su opinión y se conforma con el linchamiento en los medios de comunicación y las redes sociales.

Si el fiscal fue de lo abogados que le advirtieron de lo endeble de las pruebas aportadas por Lozoya, será quien cargue la culpa si los supuestos sobornados y sobornadores se le van de las manos, como ocurrió con Bejarano y Ponce que en su momento fueron prueba viviente de la corrupción en el gobierno de la capital de la República y su encarcelamiento no purificó la vida pública nacional.

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