Las planas de Meade, y las que muchos otros deben hacer

Digamos, por ejemplo, que muchos gobernantes debieran escribir ‘mi Policía no sirve; debo capacitarla’… ‘mi Policía no sirve; debo capacitarla’… El caso Marco Antonio

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Cierto que los pre y los ya candidatos buscan, en todo momento, enmendar sus pifias y errores para caer en la gracia de los electores.

Le pasó, apenas hace unos días, a José Antonio Meade con su penoso “resolvido” en lugar de “resuelto”. Como al Presidente Enrique Peña Nieto en París, a mediados de diciembre pasado, cuando, ante la OCDE, espetó un “volvido” en lugar de “vuelto”.

De sus errores, el Presidente ha hecho mofa él mismo. De los suyos, Meade ha hecho planas a la manera de la penitencia que, hace décadas, los profesores imponían a los alumnos cuando no memorizaban algún concepto, pero lo del Presidente y lo de Meade, más allá de “carnita” para las redes sociales, son nimiedades ante las planas y planas que muchos funcionarios públicos y gobernantes deben hacer como tarea para mejorar aspectos, estos sí, de suma importancia y prioridad para el bienestar de la sociedad.

De entre muchos temas que hoy nos pueden llamar la atención por distintas características, incluida la frivolidad, el oportunismo político y hasta la intranquilidad para la gente (digamos lo que ocurre, gravemente, en ciudades como Reynosa o Nuevo Laredo, Tamaulipas, o en delegaciones como Tláhuac), está el del adolescente Marco Antonio Sánchez Flores, estudiante de preparatoria desaparecido, como por arte de magia, desde el 23 de enero, después de un incidente con policías capitalinos por un supuesto hecho que ni siquiera hasta cinco días después de su aparición o localización, en un lugar distante en el que fue visto por última vez, está claro.

¿Por qué es un caso que desata controversia y preocupación?, porque durante cinco días, en los que no se supo nada del universitario, hubo participación de dos corporaciones policiacas, de la Ciudad de México y del Estado de México, que, sin embargo, no aportaron lo mínimo para dar con su paradero.

A Marco Antonio no le ocurrió algo más grave sólo por gracia divina. No sabemos si fue asaltado; si pudo caer de un puente o ser atropellado. No sabemos qué comió; dónde durmió, tareas de autoridades que han demostrado ser un fiasco.

La inutilidad de quienes portan un uniforme, sin que esto sea generalizado al 100 por ciento de los elementos, es bastante evidente.

Olvidan, o no conocen, los protocolos y a veces no tienen ni el más mínimo sentido, no digamos de responsabilidad, sino de ética, para tomar en sus manos cualquier caso.

Esta vez, como ya se está haciendo costumbre, fueron las redes sociales las que se movieron y presionaron para que pudiera haber atención de parte de las autoridades, principalmente las que dependen del Jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera.

Lamentablemente, la odisea de Marco Antonio no concluyó con su localización.

El joven permanece afectado mentalmente y con golpes en su rostro. Desde el domingo por la noche, que fue detectado deambulando en el fraccionamiento Los Álamos, en el municipio de Melchor Ocampo, del Estado de México, fue sometido a revisión médica para valorar su total integridad física. En el caso hay preocupación.

Anoche, un familiar reveló que el joven no reconoce a sus padres ni sabe quién es él. Grave el asunto, y puede empeorar.

Para quienes gustan de llevar todo al extremo para sacar, hipócritamente, raja política insisten en que se trató de una “desaparición forzada”.

Sin distraer la atención en comentarios “buitres”, primero se debe resolver la salud del menor. Después, a las autoridades, capitalinas y del Edomex, tocará hacer sus respectivas planas sobre la capacitación, aunque sea demasiado pedir, de sus elementos policiacos porque algunos elementos merecen ganar mucho más sueldo del que perciben, pero también muchos no merecen ni el que obtienen.

Lo más lamentable es que su situación, o su actitud, ni siquiera es culpa de ellos, pero a’i vienen las elecciones…

 

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