Las casualidades casuales de AMLO y Trump

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No hay forma de aceptar que por mera casualidad dos horas antes de la cena en Washington de los presidentes López Obrador y Donald Trump, el ex gobernador de Chihuahua fuese aprehendido en Miami después de tres años de estancia tranquila en territorio norteamericano.
Resulta un tanto difícil aceptar que no fue gentileza del anfitrión el obsequio a su invitado para usarlo en las elecciones del año próximo, dado que el actual gobernador chihuahuense acusa a su antecesor de desvíos millonarios a favor de su partido, el PRI, precisamente para campañas electorales.
De igual suerte no parece casual la decisión “voluntaria” de Emilio Lozoya de regresar a México a probar su inocencia de los delitos que le imputan, habida cuenta que, de manera directa y no colateralmente, el PRI estará también en el banquillo de acusados en el juzgado.
Y menos se puede creer en las casualidades, más allá del adagio en el sentido de que en política nada es casual, cuando es bien sabido que Morena no pasa por sus mejores momentos por razones que resulta ocioso enumerar.
El escándalo mediático que producirán los dos juicios será explotado a suficiencia, primero por el gobierno federal para distraer a la población de las crisis que vivimos y que se acentuarán conforme avancen los meses y, segundo para ayudar a los candidatos de Morena que sufrirán para pedir una segunda oportunidad de demostrar que la honestidad no está reñida con la capacidad para gobernar.
En este contexto, tampoco es casual el buen trato que Trump dio a López Obrador en la Casa Blanca; de otra manera no cosecharía votos mexicanos que no representan mucho en el escenario nacional, con la excepción de Texas en donde, si nuestros connacionales no se tragaron el engaño significarán muchos votos en el Colegio Electoral a favor del candidato demócrata.
Lo ocurrido en Washington el miércoles fue una lección de política electoral cuyos beneficios únicos serán la probable reelección de Trump y, quizás, cierta posibilidad de, si se mantiene en el poder, siga siendo amigo de López Obrador aunque siga pensando y comportándose con los migrantes mexicanos ilegales como hasta hoy.
Por lo demás, no es casualidad que los políticos en campaña suelen ser diferentes a cuando están en el poder.
Quien haya leído el libro del candidato López Obrador sobre Trump o tenga oportunidad de ver los videos en los que le reclamaba el trato que daba a los migrantes, debió extrañarse del discurso pronunciado en la Casa Blanca en el que poco faltó para que le diera trato de hermano cuando antes le daba con ganas.
Aceptada lo natural de la metamorfosis, que a nadie extrañe si el lenguaje meloso de Trump en la Casa Blanca vuelve a ser el mismo de unas horas después que el presidente Enrique Peña Nieto relanzó su campaña en Los Pinos.
Apenas aterrizó en Arizona reiteró que “¡Construiremos una gran muralla sobre la frontera sur! Y México va a pagar el muro. 100%. Aún no lo saben, pero van a pagarlo … Son grandes personas y grandes líderes, pero van a pagar por el muro…”
Ya lo veremos.

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