Las boronas del PAN

Los dos personajes que cumplieron la docena histórica de poder nacional del blanquiazul, Fox y Calderón, ya no están en él. Insólito, dramático, penoso. Renuncias, expulsiones y traiciones

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Un partido que cada vez que tiene en su territorio un evento mediante el cual puede trascender, sufre de una colisión interna, que si no lo merma, lo abolla, es un partido que requiere algo más que un diagnóstico. Algo más que cambiar de nombre en su presidencia nacional.
A raíz del 1 de julio pasado, tanto el PAN como el PRI y, si aún respira, el PRD, necesitan más que entusiasmo, y no sólo de quienes piensan que nacieron para ser líderes por arte de magia y que con su sola existencia van a levantar al muerto; requieren, irremediablemente, de presumir apoyo ciudadano, con la militancia (poca o mediana) que tengan.

Hoy, en ninguno de estos tres partidos veo a alguien con el talante para borrar la imagen de destrucción asestada por Andrés Manuel López Obrador y ser casi borrados del mapa geopolítico del país, así por el PAN se llame Marko Cortés (o se habría llamado Manuel Gómez Morín) o, por el PRI, lo intenten, con todo y su colmillo político, Arturo Zamora y Claudia Ruiz Massieu. Del PRD no sé ni quién.


Y no es que se les desee lo peor. El daño solitos se lo hicieron. Unos con un arrebato incontrolable del poder político, otros con una alta ración de soberbia y abandono de sus militantes.

A estas alturas, recién efectuada este domingo la elección panista para elegir a quien lo guiará, no sé a dónde, de aquí en adelante, lo que queda claro es que al partido fundado por Manuel Gómez Morín (en donde ahora la cruda realidad la ve su nieto) le hizo mucho daño llegar a la Presidencia de la República en el 2000. Quizá más que una década antes cuando enfrentó la desbandada de figuras importantes como las de Jesús González Schmall, Pablo Emilio Madero, Bernardo Bátiz y José González Torres.

Tras su llegada al Poder (Ejecutivo), el panismo pintaba para más, sobre todo con gente “fresca”, aventada, fajada y hasta en botas vaqueras, como Vicente Fox. Era el inicio incluso de un repunte de la Izquierda mexicana. Ambos extremos ponían en jaque la octava década del PRI como gobierno omnipresente.

Pero no, con Fox no hubo transformación. No emuló (si seguimos el mapa de López Obrador) ni la primera, ni la segunda, ni la tercera. Para colmo, a finales de su sexenio se topó con el personaje que a la postre lo sucedió, le estorbó, lo criticó y hace dos días renunció al partido, Felipe Calderón.

Hoy ya ninguno de los dos milita en el PAN.

Los dos personajes que cumplieron la docena de poder nacional, gobernando el país, ya no están en él. Hecho drástico, dramático, penoso, no sé si superable. El dato habla de un fracaso.

¿Se puede hablar así de un partido que puede recomponerse ante la sociedad, aun cuando tenga un puñado de militantes cautivos, por mera mentalidad e intereses?

No lo creo en el sentido de catapultar de una derrota mayúscula a querer volver a ser protagonista en el corto plazo. Menos cuando quien el domingo ganó la presidencia nacional se apellida Cortés, pero su apelativo lo confunden mucho con el de Anaya.

Entre el protagonismo del 2005 de Calderón a su renuncia antier, el PAN ha vivido entre pleitos internos, pero a plena luz pública. Su ropa sucia la han lavado siempre fuera de casa.

Las confrontaciones las ha mostrado en sus consejos nacionales, en sus elecciones internas, en el Congreso, en las administraciones federales que tuvieron a cargo.

Durante el sexenio de Fox las cosas parecían ir bien, pero, como hechizo, la grilla los fue minando. La lista de panistas que se patearon por debajo de la mesa es interminable.

A finales del sexenio calderonista el episodio que éste mismo protagonizó durante el mismo periodo de su antecesor, se repitió. No pudo imponer a Ernesto Cordero como candidato presidencial (corrido del partido hace unos meses junto a otros panistas). Fue Josefina Vázquez Mota y al PAN le fue como le fue en el 2012.

Para acabarla, en el 2017, Ricardo Anaya pone todas las trabas a Margarita Zavala, su esposa, quien tampoco está ya en el partido.

El PAN es un queso gruyere.

Si con la salida de los anteriores del partido, “haiga sido como haiga sido”, todavía no se convence de que eso es, agregue que Germán Martínez y Gabriela Cuevas, otrora personajes “indispensables” (aunque nadie lo sea) se pintaron de morenos. Descuente también a Javier Lozano y Luisa María Calderón.

Si desde el 2013 se hablaba que el PAN había perdido a 4 de cada 5 de sus militantes, y que de un padrón de 1 millón 868 mil 567 miembros que tenía solo le quedaron 368 mil 253, cifras avaladas por el propio Madero, ahora, después del ventarrón de julio, la verdad, sólo me da para pensar que el blanquiazul (aunque Carlos Romero Hicks diga que “el PAN no se está resquebrajando”), como el PRI y, quizá, el PRD, deben volver a nacer y aprender a caminar otra vez.

Digo, del año 12 en adelante podrían contar una nueva historia. Por ahora, los dos sexenios siguientes, y me veo rabón, ya están ocupados.

 

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@RobertoCZga

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