La violencia ni se inmuta ni se rinde

Ante el cambio de Gobierno y de estrategia, niveles de muertes persisten. Pero el Presidente López Obrador dice que, en sus primeros siete días, el crimen ya bajó

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Desde el 1 de diciembre de 2006, hace 12 años, tres Presidentes de la República han arrancado con una clara disposición: Terminar con la violencia que afecta a algunas zonas del país, tarea claramente difícil, pero, quizá, la de mayor demanda de la población.

Tanto Felipe Calderón (PAN) como Enrique Peña Nieto (PRI) lo cantaron en su respectiva campaña presidencial y al iniciar su gestión, en 2006 y 2012. Desde los primeros días pusieron manos a la obra, aunque con mínima diferencia en la estrategia. El panista dio el primer paso con la movilización de miles de militares en aquel año, principalmente en Michoacán, estado en donde, a la postre, sí disminuyó la violencia.


Este 2018, con el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador y bajo la misma consigna, pero con el agregado de que sus antecesores, afirma, no hicieron bien su trabajo y equivocaron la estrategia, en los primeros días, aunque temprano para sacar conclusiones, no se ha notado ningún movimiento brusco en la estrategia, más allá de anunciar la creación de la Guardia Nacional, reclutar a jóvenes para el Ejército y dar prioridad al desarrollo del país para combatir la pobreza. Sin embargo, la incidencia se mantiene a la alza.

En el inicio de semana, hechos como el ataque con granadas al Consulado de Estados Unidos y la ejecución de seis policías en Jalisco, cinco hombres en Puebla y un abogado en la CDMX, dieron la nota roja. El martes pasado, reportó el periódico Reforma, en el país asesinaron a más de 50 en 11 estados.

El viernes: Plagian a 5 en Morelos y ejecutan a 3. Asesinan a funcionaria de Fiscalía de Guerrero. Matan a 5 en casa de Guadalajara. Descuartizan a 3 en Veracruz.

Resalta también el dato de que desde su toma de posesión, el pasado 1 de diciembre, en la Cámara de Diputados, y ni siquiera en su reflexión, ese día, sobre sus proyectos, el Presidente ha vuelto a mencionar la palabra “amnistía”, incluso desde días antes del evento en San Lázaro.

La extensa violencia ha sido referencia sobre México, a nivel internacional, en los últimos años, mismo lapso de tiempo en el que, para mal, aparece otro delito que se ha posicionado en nivel de emergencia, el llamado tráfico de “huachicol”, que se une al de las ejecuciones, secuestros y extorsiones dentro del crimen organizado.

Al referirse al tema en su mensaje de toma de posesión, López Obrador dijo que la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia, “es la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo”.

Su estrategia en sí, sin embargo, parece destinada al largo plazo, pues mientras transcurre todo el proceso de creación de la Guardia Nacional (incluso con la realización de una consulta) y el reacomodamiento de programas para desarrollo social, es un hecho que el crimen organizado no frenará sus actividades. En ese sentido, durante algunos meses (¿o años?) prevalecerá la situación registrada durante los sexenios de Peña Nieto y Calderón.

Además, para el Presidente, uno de los pilares de su estrategia que incidirá en la solución, pareciera, de todos los males del país, incluyendo el de la violencia, es el combate a la corrupción: “En el periodo neoliberal, la corrupción se convirtió en la principal función del poder político; por eso, si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno respondo: ‘Acabar con la corrupción y con la impunidad’”, señaló en San Lázaro.

Enfatizó que es necesario replantear el papel de las Fuerzas Armadas ante la inoperancia de las corporaciones policiales.

“Es indispensable aceptar que la Policía Federal, creada hace 20 años para suplir la labor de las Fuerzas Armadas en el combate a la delincuencia, es, en la actualidad, un agrupamiento de apenas 20 mil efectivos que carecen de disciplina, capacitación y profesionalismo”, recriminó.

Añadió que su Plan de Paz y Seguridad incluye la creación de 266 coordinaciones territoriales en el país.

Prometió, como lo hizo durante su gestión como Jefe de Gobierno del ex Distrito Federal, “todos los días, desde las 6:00 de la mañana, voy a presidir, en Palacio Nacional, la reunión del Gabinete de Seguridad, en la cual recibiremos el parte, o reporte, de lo sucedido en las últimas 24 horas y tomaremos las medidas necesarias”. Lo expresó en la Cámara de Diputados y lo reiteró en el Zócalo el mismo día.

Y, cierto, eso lo ha cumplido cabalmente y lo hará hasta terminar su administración, pero ¿sirve de algo conocer a diario las cifras escandalosas de violencia cuando la estrategia no arranca aun? Es decir, parecerá doloroso recordar a diario cómo el crimen organizado golpea y golpea, pero los mexicanos debemos esperar a que inicie, en toda su extensión, el nuevo plan.

Me pregunto si López Obrador aplicará, paralelamente a la implementación de su estrategia, medidas para cambiar la sensación de que las cosas continúan como siempre. Porque el crimen organizado, como vemos, está en lo suyo.

 

LA CDMX Y LOS FOCOS ROJOS

En la misma semana que el Presidente López Obrador volvió a ratificar su compromiso contra la inseguridad habló también, cinco días después, Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad Pública.

En entrevista con medios de comunicación, enumeró focos rojos en el territorio nacional, haciendo hincapié en estados donde existe el problema del tráfico o robo de combustible (“huachicol”), y mencionó a Jalisco, Guanajuato, Veracruz, Puebla, Nuevo León y Tamaulipas. En los dos últimos, el robo de combustible casi no existe. Pero, además, Durazo excluyó de los focos rojos a Guerrero, Sinaloa y otros estados en donde sí es visible la emergencia, sobre todo en el primero.

“Hay focos de violencia que se han sostenido en el tiempo; tienen, ya, un largo tramo; los vamos a enfrentar, por supuesto. Para nadie es un secreto las condiciones en las que hemos recibido al país en materia de inseguridad”, dijo.

Agregó que diversos indicadores nos ubican, lamentablemente, entre uno de los países más inseguros del mundo, y calificó al Cártel Jalisco Nueva Generación como “un reto”.

Pero tanto Durazo como López Obrador se encierran en su propia disyuntiva. Al señalar que México vive una “emergencia”, el Secretario de Seguridad enfrenta el mismo dilema, ¿Qué hará el nuevo gobierno más allá o diferente a lo que hicieron Calderón y Peña mientras no se apliquen bien a bien las medidas anunciadas? La creación de la Guardia Nacional, la profesionalización de las corporaciones policiacas y los resultados de los programas sociales, repito, llevará, mínimo, meses.

Y aunque, el jueves, el titular de la SSP enlistó los focos rojos, dejando fuera a Guerrero, también lo hizo con la Ciudad de México, pero, el mismo día, la nueva Procuradora capitalina, Ernestina Godoy, admitió lo que nunca hizo la administración de Miguel Mancera, que el crimen organizado sí opera en la Capital mexicana.

Creo que Durazo hizo bien en no meter a la CDMX en la lista de “emergencia”, pero si no es foco rojo, cuando menos, amarillo sí. Más aun cuando los capitalinos soportan un día las acciones del crimen organizado, pero todos los días las de la delincuencia del fuero común (asalto a transeúntes y comensales, robo a casas-habitación, robo de autos).

En la Capital o en Guerrero, o en los focos rojos enumerados por Durazo, el asunto está pendiente. Los enfrentamientos entre grupos antagónicos del crimen organizado continúan; el robo de combustible ahí está; las extorsiones; los secuestros (en niveles altos o bajos).

Vaya, no ha cambiado nada. Lo dicho por el Presidente, con todo respeto, es una gran mentira. El crimen organizado no reducirá sus acciones sólo porque hay cambio de gobierno. En una semana hemos visto que a la nueva administración le vale un cacahuate y el baño de sangre continúa. Insisto, un negocio internacional que maneja, al año, cantidades de dólares, equiparables al PIB de cuatro o cinco países juntos de Latinoamérica, no se termina con discursos o mentiras. Vaya, no se termina con nada.

Por lo pronto, lo mejor es tener confianza en la nueva propuesta, sobre todo si las anteriores no dieron todo el ancho. Quien quita y el “me canso, ganso” jale.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

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