La teoría de la conspiración domina la sucesión

Políticos, en especial los candidatos a la Presidencia de la República, como los periodistas especializados en política deberíamos comprometernos a un poco más de seriedad

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El nivel de debate en la disputa por la Presidencia de la República ha alcanzado niveles de risa loca.

He escuchado teorías tan absurdas como la que presenta a Enrique Peña Nieto y Ricardo Anaya pactando difundir que uno y otro se meterán a la cárcel, aunque no lo hagan, con la única finalidad de que el candidato del PRI o el del PAN a la Presidencia de la República alcancen al puntero, Andrés Manuel López Obrador, y le ganen la elección el primer día de julio.

Esta reflexión me la hizo un amigo periodista a quien respeto, pero que evidentemente ha tomado partido, como casi todos nosotros, lo cual no es criticable, sino apenas normal en un proceso que ha polarizado a la sociedad.

La verdad no entiendo que el Presidente pactara el crecimiento de Anaya en popularidad con promesas de que le cortará la cabeza, como tampoco resulta razonable que el candidato del Frente, formado por el PAN, PRD y MC, acepte que para victimizarse la PGR empiece y se acerque a sus talones paulatinamente.

Pero si esto se escucha absurdo, lo es igual la denuncia de Anaya sugiriendo que el pacto existe, pero entre Peña Nieto y López Obrador para deshacerse de él.

“Yo respeto que López Obrador haya decidido pactar con el PRI, que haya decidido perdonar al Presidente Peña Nieto”, dijo.

Y luego celebró haber obtenido el título de “enemigo del sistema”.

En este contexto de teorías locas sobre conspiración, también destaca una periodista que sugiere que el crecimiento de Anaya se debe a que las complicidades del sistema priísta se rompieron debido a que, como el SAT investiga (lo que ya fue desmentido) a Emiliano Salinas, hijo de Carlos Salinas, el ex presidente decidió actuar en contra del candidato del PRI.

Políticos, en especial los candidatos a la Presidencia de la República, como los periodistas especializados en política, deberíamos comprometernos a un poco más de seriedad y abstenernos, al menos durante los próximos cuatro meses, de ver series de Netflix para no confundir más a los mexicanos.

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