La Presidencia agobiada: Violencia, crecimiento económico… ¡Y Morena!

Como si a Andrés Manuel López Obrador no le sobraran preocupaciones, su partido se enfrasca en una trifulca de vecindad. Ante balazos, sillazos, patadas y un padrón ‘que no es confiable’, el Trife anula el proceso interno

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Después de su tercera semana de asambleas locales para designar consejeros, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decidió tumbar el ring en que se había convertido el proceso interno de Morena.

Esto significa que el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador no elegirá a su primer presidente nacional entre el 23 y 24 de noviembre, y que la secretaria general con funciones de líder, Yeidckol Polevnsky, continuará en su papel de lideresa.

La situación por la que pasa Morena podría considerarse normal dentro de un partido político a la usanza del viejo PRI, del atribulado PAN o el pulverizado PRD, pero quizá sea demasiado pronto lo que al instituto lopezobradorista le esté ocurriendo en el albor de su actuación como gobierno nacional.

Para el Presidente puede resultar insoportable, aunque no lo diga -así su pecho no sea bodega-, que como gobierno ondee la bandera de la democracia, aunque esté visto que en los hechos no sea así y en su partido se rompan la madre y falten al respeto a lo más sagrado del término (democracia) que envuelve a la Cuarta Transformación.

Me parece impaciente que López Obrador se mantenga tan a la distancia de lo que hacen la propia Polevnsky, Mario Delgado, Bertha Luján y Alejandro Rojas Díaz de León, en principio, por ser quienes aspiran a la dirigencia nacional, pero también Ricardo Monreal y otros que encubren bien la fachada de sus rostros, pero que deben estar detrás de cada reventón de asamblea.

Desde un inicio, el prietito en el arroz del incipiente proceso, para llegar al método que fuere (que hasta el de por encuesta les propuso su Jefe) y elegir dirigente nacional, fue el padrón de militantes. Varias voces podrían tener razón; a Morena todavía no se le despinta muy bien el amarillo perredista.

Quien propuso, de entrada, que el proceso se frenara fue Polevnsky. Claro, exhibirse más con balazos, sillazos, patadas, destrucción de inmobiliario, era patético.

Después vino la queja de Delgado porque, dijo, lo querían sacar, a la mala, de la competencia.

Sospechosamente, quienes guardan un poquito de serenidad y silencio son Rojas Díaz de León y Monreal, el primero a pesar de que en meses pasados armó toda una gira por el país con argumentos contra la “dirigencia” de Yeidckol. Pero también el otro Alejandro, Armenta, también cercano a Monreal y que le disputó la candidatura de Morena en Puebla a Miguel Barbosa.

Pues entre el lodazal parece que Polevnsky se salió con la suya. El Trife ya cantó que el proceso está detenido.

Luego de conocerse la decisión del tribunal electoral, quien respingó en el mismísimo lugar de la noticia fue Luján, quien junto con varios seguidores la agarró contra los magistrados, a quienes acusaron de recibir “ganancias” por sus sentencias.

En un arranque de enojo inusual, la presidenta del Consejo Nacional de Morena advirtió a los siete magistrados del Trife: “La Historia los va a juzgar y vamos a empezar por investigar su situación patrimonial”.

Desaguisado y fatal el comentario, pues sólo deja al descubierto el arma favorita del actual Gobierno Federal, escarbar en la “situación patrimonial” de quien no es santo de la devoción de la Cuarta.

Por si fuera poco llama “traidores a la Patria y a la Cuarta Transformación” a quienes empujaron la intervención del tribunal electoral en los asuntos del partido.

Aunque en la violencia exhibida en las asambleas locales, durante tres semanas seguidas, no se ve la mano de ninguno de los aspirantes a dirigir el partido; vaya, ni siquiera de otros “prominentes” morenistas, la saga viene de pronósticos reservados.

¿Qué va a pasar ahora? ¿A quién invitará el Presidente ahora a un desayuno, chilaquiles y queques de por medio?

Claro, lo más aconsejable es que se ciñan a la resolución del Trife y a los consejos de su Jefe. Pero ¿quién va a cuidar que, cuando se reinicien las asambleas, las sillas y las armas estén a buena distancia de los reventadores?

Pasaron tres semanas, y sigue la Cuarta.

 

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@RobertoCZga

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