La historia sin fin

No sería del todo inútil repasar los textos más importantes de Francis Fukuyama y ponerlos, como quien no quiere la cosa, en alguna esquina del escritorio del presidente electo

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Francis Fukuyama

Hace ya 29 años que Francis Fukuyama, ex analista de la Corporación Rand y ex subdirector de Planificación Política del Departamento de Estado de la Unión Americana, publicó su paradigmático ensayo “El Fin de la Historia”. En ese definitorio y polémico texto, el agudo politólogo plantea la irreversible hegemonía histórica, filosófica y práctica de la democracia capitalista como modelo objetivo del desarrollo político y económico de las naciones emergentes del planeta. Según el resumen ofrecido por el propio autor, su ensayo “constituye un intento de explicación del acontecer de los últimos tiempos a partir de un análisis de las tendencias en la esfera de la conciencia o de las ideas. El liberalismo económico y político, la “idea” de Occidente, finalmente, se ha impuesto en el mundo. Esto se evidencia en el colapso y agotamiento de ideologías alternativas. Así, lo que hoy estaríamos presenciando es el término de la evolución ideológica en sí y, por tanto, el fin de la historia en términos hegelianos. Si bien la victoria del liberalismo, por ahora, sólo se ha alcanzado en el ámbito de la conciencia, su futura concreción en el mundo material será, ciertamente, inevitable.

Conviene recordar que el ánimo en el que Fukuyama adelantó esta profecía radical, que no deja espacio a modelos político-económicos distintos a la democracia capitalista en el futuro de la humanidad, estuvo influenciado por trascendentes acontecimientos históricos recientes, como el colapso de la aparentemente invencible Unión Soviética y el derrumbe del ignominioso Muro de Berlín, pero transcurrido ya casi un tercio de siglo parece relevante y oportuno preguntarnos en qué medida los acontecimientos han respondido a lo esperado por Fukuyama o si, acaso, la historia, así, con minúscula, ha seguido su milenario andar caprichoso y se ha resistido a hacer realidad el fin de la Historia, así, con mayúscula. Y quizá cabe reflexionar también sobre si es sensato o no pensar que, en un futuro más distante, la predicción de Fukuyama pudiera llegar a concretarse.


Por fortuna, el propio Fukuyama se ha hecho las mismas preguntas y ha consignado sus respuestas en un artículo publicado, hace ya cuatro años, en el The Wall Street Journal. En ese texto, Fukuyama dice: “Hace 25 años escribí el ensayo ‘El Fin de la Historia’ para una pequeña revista llamada el Interés Nacional. Era la primavera de 1989 y para aquellos de nosotros que habíamos sido atrapados en los grandes debates políticos e ideológicos de la Guerra Fría fue un momento increíble. La pieza apareció unos meses antes de la caída del Muro de Berlín, justo en el momento en que las protestas pro democracia se llevaban a cabo en la Plaza Tiananmen de Beijing y en medio de una ola de transiciones democráticas en Europa del Este, América Latina, Asia y el África subsahariana”.

“Mirando hacia atrás conviene comenzar con un punto obvio: El año 2014 se sintió muy diferente al 2018.  El problema en el mundo de hoy no es sólo que los poderes autoritarios están, de nuevo, en ascenso, sino también que muchas democracias existentes no lo están haciendo bien, así que mi hipótesis del final de la historia necesita una revisión seria, aunque creo que la idea subyacente sigue siendo esencialmente correcta”.

Dicho de otro modo, no estamos aún ante el fin de la Historia, y más bien estaremos inmersos, todavía por muchas décadas, en los avatares y retos de la historia sin fin. ¿Y qué significa esto para México hoy? Según Goldman Sachs, México se convertirá en la séptima economía más grande del mundo en 2020 y aportará el 7.8% del Producto Interno Bruto mundial debido al aumento de la clase media y la rápida disminución de los índices de pobreza. Por lo tanto, el triunfo global de la democracia capitalista es de indudable relevancia para la reflexión sobre los retos y oportunidades que se presentan para México en el contexto inmediato de la historia sin fin. ¿Qué significado habrá de tener en este contexto la inminente presidencia de Andrés Manuel López Obrador? ¿Las orientaciones colectivistas o “socialistas” que a veces se asoman en sus discursos ante multitudes de mexicanos pobres habrán de concretarse en un gobierno hostil al capitalismo y a la democracia liberal? Quizá no sería del todo inútil que Beatriz Gutiérrez Müller, Alfonso Romo, Carlos Urzúa, Esteban Moctezuma Barragán y otros hombres y mujeres inteligentes y cercanos al presidente electo repasaran los textos más importantes de Fukuyama y los pusieran, como quien no quiere la cosa, en alguna esquina del escritorio de AMLO. Muchos mexicanos que queremos vivir en libertad y en un país con alto crecimiento económico se los vamos a agradecer

 

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