La guerra Ulises-‘Alito’ puede aguar la fiesta al PRI

No vaya a ser que necesite, además del INE, a un buen, pero buen réferi, y hasta un geriatra y un gerontólogo

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No sé si el PRI tenga mucho que festejar el próximo 4 de marzo, pero nadie debería dejar de echarse un “brinco”, cuando menos, si de celebrar 90 años de vida se trata.
El asunto del tricolor es que, precisamente, cuando llega a su etapa de nonagenario se le atraviesa el “chahuistle” de volver a estar arrinconado como tercerea fuerza política en México.
No hay duda: El tricolor, a pesar de lo que se diga y se sepa, tiene mucho que festejar. La cuestión es si el ánimo alcance, de perdido, para entonar “Las Mañanitas” cuando, desde el 1 de julio pasado, muchos le cantaban “Las Golondrinas” y hasta la “Marcha Fúnebre” de Chopin.
En medio de la fiesta, al PRI se le viene la elección interna de su dirigencia nacional, cuyo proceso arrancó, el miércoles pasado, con la sesión del Consejo Político Nacional, en la que lo más novedoso fue que solicitarán al Instituto Nacional Electoral la organización del evento.
A la vista salta lo inédito de la medida y la suspicacia de hasta dónde las sombras de algo tenebroso asusta a los militantes (a quienes, ahora sí, devuelven toda la gracia), y hasta a los posibles contendientes.
Este viernes estuvo muy movida en medios la figura del ex Rector de la UNAM José Narro, que entre que sí, que no y que quién sabe, al parecer sí se apunta para disputar la presidencia nacional, que por hoy, y con una entereza que debe reconocerse por el tiempo crítico del partido, ha sabido sobrellevar Claudia Ruiz Massieu.
Con la reserva de que si quienes, desde ahora, se apuntan para presidir el partido es lo mejor de un instituto que cumple nueve décadas, pero que requiere de una radiografía total, sobre todo ante la nueva geopolítica mexicana y las formas de pensar y actuar que está tomando el contexto impuesto por el “tsunami” llamado Morena, ya saltan al ruedo desde Ivonne Ortega hasta Miguel Osorio Chong, el mencionado José Narro, Ulises Ruiz, Alejandro Moreno y, si les pega la gana, hasta René Juárez y José Calzada Rovirosa.
Desde la barrera fijarán la mirada quienes recientemente pasaron por ahí, como Manlio Fabio Beltrones y Enrique Ochoa Reza, el primero experto en mover las piezas del ajedrez político, y que por ahí podría hasta fijar línea, y el segundo que muchos consideran nunca debió tomar las riendas del partido.
Pero entre todos esos, más los que deseen entrarle al toro de revivir al casi muerto, dos ya comenzaron a hacer rounds de sombra y meterle chile al caldo.
Los piquetes de ojo y patadas por debajo de la mesa pueden iniciar con el ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz y el actual de Campeche, el tal “Alito”, que para muchos es “Amlito” por su amor, dicen, a la Cuarta Transformación.
Bueno, no vamos tan lejos; este jueves, Ulises presentó ante el INE una denuncia en contra de su contrincante por la presidencia nacional del PRI. Lo acusa, como dijo a un amigo el miércoles, de promoverse con recursos públicos, es decir, de la lana que maneja como gobernador.
El asunto es que si así empieza el 2019 para el PRI, cuando cumple 90 años y cuando requiere de salir de “terapia intensiva” y evitar cualquier “trasplante”, la cosa no inicia pésima.
Lo que Ulises escupió contra Moreno, en entrevista a IMPACTO, puede poner las cosas algo agrias y contaminar el proceso salvador del PRI.
“No se deben usar recursos públicos, como los está usando Alejandro Moreno en su promoción”, explotó quien es considerado el disidente mayor del tricolor y líder de la corriente “Democracia Interna”.
“(Le dicen Amlito) porque él es el que pregona que tiene un acuerdo con López Obrador”, acusó.
“Nosotros estamos peleando para que ya no se impongan ni candidaturas ni dirigentes dentro del PRI; imagínate que López Obrador imponga al dirigente del PRI. Eso no lo vamos a permitir”, dijo al tal Cruz.
Ruiz pide al PRI que no haga las cosas como la Cuarta Transformación: “Tiene buenas intenciones, pero malas decisiones”.
Si no graznan nada más porque no son gansos. Pero ¡aguas! Los movimientos del PRI llevan “chipote con sangre” y, de entrada, no vaya a ser que el tricolor necesite, además del INE, a un buen, pero buen réferi, y hasta un geriatra y un gerontólogo. Yo sí me canso.


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