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LA FERIA

Olga Sánchez Cordero, una senadora ilegal

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POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Florería Palacio.

Tía Pepina (originalmente, Josefina) fue siempre un manual de buenas maneras andante, aparte de ser la campeona mundial y olímpica en consentir sobrinos (“porque no tuvo hijos”, decía frunciendo la boca la Jefa de Disciplina que domesticó a este menda).

Era divorciada (no, era “dejada”, así se estilaba en esos tiempos) y siendo tan fina de modos, si por cualquier razón salía en alguna plática el que había sido su marido, era divertidísimo oírla hablar como carretonero, como sargento asustando reclutas, como briago de pulquería: lo detestaba con toda el alma.

Ya más grandecito este menda supo la razón por ella misma: su esposo la convenció de ir a un viaje de tres semanas a Tierra Santa y Roma que organizaba el señor cura párroco cada año; su esposo no podía ir, pero le dijo que no debía desaprovechar; y allá fue la tía, para encontrar a su regreso que el tío había levantado el vuelo, así nomás, sin un recadito ni explicación, nomás se esfumó y en su casa estaba otra familia porque su maridito vendió la casa, con todo dentro. Tipo infame.

 

ADIÓS A LA PROMESA DE OLGA

El 13 de julio pasado, Olga María del Carmen Sánchez Cordero Dávila, conocida por todos como Olga Sánchez Cordero, declaró: -“(…)hay secretaria de Gobernación para rato”- y agregó que terminando ese encargo, pensaba en jubilarse. Bueno, sí, el 16 de julio cumplió 74 años.

Antes, desde julio de 2019, el propio Presidente de la República había dicho: -“Estamos muy contentos con ella (…), no queremos que se vaya”.

Pero resulta que el jueves pasado, 26 de agosto, presentó su renuncia porque quiere irse al Senado a ocupar su escaño, según explicó el Presidente en el video en que anunció su reemplazo en la Secretaría de Gobernación, por Adán Augusto López Hernández, quien tiene que solicitar licencia a su Congreso al cargo que tiene de gobernador de Tabasco (seguro se la conceden, todo sea por la patria).

Cosa rara tal cambio de planes de parte de doña Olga, quien un día antes de su súbito amor por la curul, fue a la reunión plenaria de Morena en San Lázaro y manifestó en su calidad de secretaria de Gobernación, a quienes asumirán de diputados federales el próximo miércoles, que “en lo que queda de la administración, el diálogo con los gobiernos locales y legisladores de oposición será permanente, constante, fluido y afectuoso”.

Ella se refería a los tres años y medio que quedan de sexenio, pero le quedaban 24 horas de diálogo “permanente”, porque al día siguiente le dijo al Presidente que se moría de ganas por regresar de senadora.

 

AMLO SE PORTÓ CABALLERO

No se le puede regatear al Presidente que se portó caballerosamente con la señora: en lugar de decir que la corría, afirmó que le daba su gusto de irse a legislar. Está bien. Hubiera estado mejor que no la hubiera dejado ir a la plenaria de Morena en San Lázaro a hacer el papelazo… diálogo permanente.

Doña Olga es senadora plurinominal con licencia y el 26 de agosto, día de su renuncia, remitió oficio al presidente de la Mesa Directiva del Senado, para que vayan desinfectando su curul, que ocupó como suplente la distinguida Jesusa Cervantes (¿le tocará indemnización por despido injustificado?… sería bueno).

 

LOS ESCÁNDALOS

Hay versiones que apuntan a la insatisfacción del Presidente sobre el desempeño de doña Olga en Gobernación. Son calumnias. Sí metió algunas patas y se enredó gratis en controversias y escandaletes como haber dicho que el “bonillazo” -la prolongación inconstitucional del mandato de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California- era legal, pero esas cosas al Presidente no le mueven un pelo, pues está muy claro, para él la honestidad y la lealtad son lo mero importante y ahí sí: doña Olga, honesta, es y leal, leal hasta la ignominia, como cuando el 6 de marzo de 2020 le hizo el quite al Presidente con el asunto de la inseguridad y la violencia contra las mujeres; si no se acuerda, se lo transcribo:

“Los problemas que sufre México de inseguridad, impunidad, corrupción y violencias -sic- contra las mujeres se deben a un fallo en el sistema de justicia, que abarca a todas las fiscalías y procuradurías locales del país, por ello es un tema en el que se debe poner atención”. O sea: no le anden echando la culpa de nada al Poder Ejecutivo, ni se les ocurra. Amor del bueno.

Y tan el Presidente está muy satisfecho de la labor floral de doña Olga, que la deja irse a ocupar su curul de senadora, pudiendo echar a andar a alguno de sus fieles para recordar a la nación unos datos francamente muy incómodos.

 

VIOLAN LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA

Doña Olga fue ministra de la Suprema Corte del 26 de enero de 1995 al 30 de noviembre de 2015. Doña Olga es senadora con licencia, cargo que obtuvo a resultas de las elecciones del 1 de julio de 2018.

¿Y qué?, dirá usted. No, nada, sólo que es ilegal. Doña Olga NO puede ser senadora de la República según manda la Constitución, que dice en su artículo 58 que los requisitos para ser senador son los mismos requisitos que para ser diputado (menos la edad, pues deben tener 25 años cumplidos el día de la elección). ¿Y?, usted insiste… a ver lea abajo lo que ordena la Constitución en el artículo 55 (requisitos para ser diputado), en el segundo párrafo de su fracción V:

“No ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (…) salvo que se hubiere separado de su encargo, de manera definitiva, tres años antes del día de la elección”.

No le salen las cuentas a doña Olga. No tenía tres años de haberse separado de su cargo de ministra de la Corte el día de las elecciones de 2018. Le faltaban cuatro meses completos. Será un detalle sin importancia para algunos, pero “dura lex, sed lex”, se dice desde hace siglos; la ley es dura, pero se aplica; si le faltara un día, igual: no podía ser senadora ni diputada. Secretaria de Gobernación, sí, pero ya ve, de un día para otro le entró la pasión por legislar.

 

¿RAYONCITO A LA CONSTITUCIÓN?

Por supuesto en nuestra querida patria que sabe sufrir y cantar, no se rasgará el velo del templo por este rayoncito a la Constitución. Ejercerá doña Olga de senadora, a menos que algún malvado quiera exhibirla como violadora.

Así estamos. No pasa nada. Una aventura más de la Florería Palacio.

LA FERIA

En Palacio Nacional el país no cuenta… la gente tampoco

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Si no fuera presidente, ‘México sería un caos’ * AMLO y gobierno sólo esperan mantener el tiempo que les queda de esta cruel mascarada

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Mascarada.

Hace ya más años de los que es prudente confesar, un grupo de amigos fuimos al aeropuerto a despedirnos de un querido maestro ya muy viejito, que regresaba a pasar sus últimos años en España, su patria.

En una cafetería del aeropuerto, esperando su hora de abordar, anécdotas, bromas y la disimulada tristeza de saber que no sabríamos más de él, eran tiempos de cartas y meses de espera para recibir respuesta… aquello era un adiós con regusto a funeral con el fiambre vivo.

Alguno le preguntó por qué se había quedado en México… nos habló de las muchas cosas que lo hicieron vivir acá 45 años, habiendo venido sólo a dar unas cuantas conferencias y después de una profunda pausa, dijo como hablando para él: -Pero… nunca entendí a México, nunca -se le preguntó a qué se refería… casi pierde el avión explicándonos.

 

EDADES DIFÍCILES DE LA VIDA

Sí está difícil. A los 20 años de edad uno ni se plantea la cuestión, ocupado en apurarle a encontrar una manera decente de comer tres veces al día y el resto del tiempo a encontrar soluciones adecuadas aunque sean temporales, al vigor glandular propio de esas edades.

A los 30, empiezan las inquietudes, porque no es tan fácil mantener la nariz por encima del agua ya casado, con hijos -nacidos ricos: absténganse- y está del nabo pagar y pagar impuestos y al mismo tiempo, ver el franco progreso material de nuestros funcionarios, sus hijos y sus compadres, inversamente proporcional al IGJ (Índice General de Jodidez).

A los 40, la población no incluida en la ENE (Encuesta Nacional de Estupidez) ya ha elaborado su propia teoría sobre México. Unos, atribuyen nuestro penoso desarrollo, periódicas crisis económicas y baños de sangre, a que nos conquistaron los españoles (que ni es cierto, la conquista la hicieron los indios, la independencia los españoles); a la religión que enseña que ser pobre es a todo dar; otros, a la maldita vecindad con los yanquis, que nos odian gratis; aquellos, al mestizaje -sin atreverse a proclamar las bondades del exterminio de indios-, y también hay los ambientalistas: el clima es culpable de nuestro modo de ser, de nuestra improductividad y mañas: es que ¡con este calor!, nada más se antojan hamaca y fornicio.

A los 50 de edad, algunos de los pensantes tienen muy cuajada su propia teoría sobre México y sus penalidades, y una amplia mayoría, harta de buscarle cuadratura al círculo, simplemente aborrece a los políticos y a la política, se refugia en un egoísmo balsámico, ya perdida la fe en que durante su vida verán algún indicio esperanzador de que nuestro país cambie, que nuestra realidad tome rumbo mejor (digo, ¿ya se le olvidó que estamos en “nuevos pesos”, con tres ceros menos desde 1993?, nomás piense que un “hot dog” de banqueta cuesta el doble de lo que antes costaba un Volkswagen Sedan nuevecito, de agencia; y que hoy, con lo que gasta en ir al cine -más “combo” de palomitas y refresco- antes le alcanzaba para comprar una casa de interés social, grandecita).

NOTA.- esta abulia ante la realidad, explica en parte la pasión por el futbol y los chismes de vedetes, pues con algo hay que distraer las neuronas.

A los sesenta de edad, los que creían conocer bien el Manual de instrucciones para vivir en México, ya ven telenovelas, compran el Hola, sólo leen la sección de Deportes en el periódico, resignados a seguir haciendo panza, conformes con no entender nunca los fenómenos que nos llevan de tropiezo en tropiezo público, a comenzar y recomenzar el país en cada sexenio.

A los setenta de edad, ya pocos se toman la molestia ni de preocuparse, total, ya va uno de salida porque a esas edades se anda todo el tiempo con el pase de abordar en la mano… pasajeros con destino al más allá, último aviso.

 

INEXPLICABLE EXPERANZA EN MORENA

Hoy por supuesto y no tan novedosamente como creen los que no han acumulado en uso de razón más de seis décadas, soplan por el país vientos de inexplicable esperanza en Morena, más bien dicho, en el Presidente López Obrador y a lo más a que se atreven ante la astringencia de resultados visibles, es a proponer:

a).- Tenerle paciencia al Presidente para que enderece el barco, que Roma no se hizo en un año, ni en tres (un ‘ya merito’ recargado);

b).- Darle tiempo a Morena para que sea partido, forme cuadros, expulse oportunistas y pueda poner de candidato a inquilino de Palacio Nacional, a uno que sí tenga la cabeza en su lugar;

o, c).- Darle tiempo a la oposición para que asimile sus derrotas, asuma sus errores, corrija sus extravíos y en caso de que recupere el poder federal nos gobiernen, ahora sí, mejor que Dios Padre a la corte celestial.

Le tengo noticias: cualquier opción (a, b y c) y sus combinaciones, no resuelven la necedad general de poner en manos de una sola persona el destino nacional.

Es tan inmensa la influencia y poder de nuestros presidentes que se vuelven locos; sí, nuestro presidencialismo a ultranza y por encima de las leyes, los vuelve locos; y a los que no, sus secretarios y colaboradores, con baños diarios de confeti, alabanzas desmedidas y sumisión de cachorritos retozones, los vuelven locos.

Habitualmente, en tiempos del PRI imperial era en su quinto año de gobierno que se volvían locos, pues llegaban a la cima de su poder, sabedores de que su autoridad política sería el fiel de la balanza para decidir su sucesión.

Y aunque renieguen los fieles al Presidente actual, estamos en la resurrección del viejo régimen con una diferencia: este Presidente anticipó el proceso sucesorio y enloqueció apenas iniciando su cuarto año de gobierno.

Si piensa que es una exageración de este menda, entérese que el miércoles pasado declaró que si él no fuera presidente, “México sería un caos” y agregó: “Ahora no, nosotros tenemos estabilidad económica, financiera, no se endeudó al país, no se ha empobrecido al pueblo a pesar de la crisis económica y el prestigio de México está por lo alto”.

Vil mentira. Nada de eso es real, pero a ver quién es el macho que se lo dice. En Palacio el país no cuenta, la gente tampoco, ellos sólo esperan mantener el tiempo que les queda esta cruel mascarada.

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LA FERIA

Al que le sale mal todo… es que hace mal todo

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No existe la mala suerte * Menos confiables son sus cuentas; y si no lo sabe, se va a enterar: ha comprometido la economía nacional, ahora la meta esperable, no segura, es que terminemos en 2024 como estábamos en 2018. Mal asunto.

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Mala suerte.

El abuelo Armando nunca abrió la boca para ventilarla y todo mundo lo oía atento porque no decía tonterías; tenía predilección por este menda y lo llevaba a la calle a “sus asuntos” (sentarnos en el parque). Desde que su texto servidor tuvo edad de saber de qué va esto de haber nacido, de vez en cuando soltaba algún consejo, como hablando para él mismo.

Una vez dijo: “Nadie es superior a nadie, pero en este mundo hay moscas y mariposas, y uno escoge qué mujer mete a su casa” o “nunca se deja a la mujer por encontrar mejor, a Dios siendo Dios, le salió Eva como le salió y no hizo otra”.

Sí, decía cosas como: “En la vida hay cosas que salen mal por mala suerte, pero al que le sale mal todo es que hace mal todo, no hay tan mala suerte”; y “se vive la vida con lo que toca, sin esperar completo, nunca hay completo”. Tenía razón.

 

SÓLO LOS AMATEURS DEL PODER ASUMEN LA PRESIDENCIA CREYÉNDOSE TODOPODEROSOS

Legalmente, el poder de un Presidente de México es enorme y más, considerando eso que alguien definió como facultades “supraconstitucionales”.

Como sea, la influencia y poder del Ejecutivo rebasan las cotas de la ley y sus decisiones y palabra pueden cambiar y cambian, el curso de los asuntos nacionales, para bien o para mal.

Sin embargo, sólo los amateurs del poder asumen la Presidencia creyéndose todopoderosos. No, eso no son y los que lo creen sufren mucho al descubrir las limitaciones propias del cargo y lo inmensamente diminuto que es su plazo portando la Banda Presidencial.

Se les va como agua su sexenio y conforme se acercan a su fin, se topan cada vez más con mayores dificultades y obstáculos. Se acumulan frustraciones, decepciones y luego traiciones.

Un Presidente como el que ahora tenemos, que ganó las elecciones arrasando en las urnas y con una delirante popularidad, parece haber creído que todo era posible por obra y gracia de su sola voluntad.

No ofreció gobernar al país sino transformarlo con lo que él mismo definió como una “revolución pacífica”, seguro de ganarse un lugar entre Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas, como prueba el mural en que su imagen aparece junto a los próceres. Canonización laica anticipada que de no lograrse lo arriesga al ridículo… y no la logrará.

 

PÉSIMOS RESULTADOS A MENOS DE TRES AÑOS DE GOBIERNO

Ya con poco menos de tres años más en Palacio Nacional, no es imprudente verificar resultados: la pobreza crece, la gente lo padece y no se aprecian los beneficios casi milagrosos que prometió con sus programas sociales; la inseguridad es rampante y se han roto todos los récords de homicidios dolosos; la salud pública se ha deteriorado no poco y la negada escasez de medicamentos hubo de aceptarla, finalmente; cada vez es más difícil ocultar que la tragedia por la pandemia se magnificó por malas y tardías decisiones, por sostener frente a su combate a un médico genuflexo con ansias de reflector; conforme avanzan sus magnas obras favoritas, más crece la desconfianza en su rentabilidad, más aumentan sus costos, menos confiables son sus cuentas; y si no lo sabe, se va a enterar: ha comprometido la economía nacional, ahora la meta esperable, no segura, es que termináramos en 2024 como estábamos en 2018. Mal asunto.

El terreno en que el Presidente se siente más seguro es en el de la operación política, su mero mole. Las premisas deseadas eran que desapareciera de la escena nacional su gabinete, solo él sería la cara visible de todo el gobierno, nadie nunca le quitaría un ápice de mérito; y con mayor importancia, que se sometieran a él, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, el Tribunal Electoral y el INE.

Así, ya terminado su sexenio conservaría la suprema autoridad moral de la política nacional o quien sabe, tal vez la gente, el pueblo hecho populacho, le rogaría seguir de Presidente. Sí.

Bueno, que el gabinete se sujete a su autoridad no tiene gracia, son sus subordinados, pero que él sea el mascarón de proa de la nave gubernamental lo dejó expuesto y sin defensa ante todo problema, ante cualquier tropiezo, ante las contradicciones y naturales pifias que resultan de manejar sin delegar decisiones, un aparato burocrático tan inmenso. Consiguió este objetivo, sin duda, pero el precio es demasiado alto. Mal asunto.

De lo otro, de controlar al Poder Legislativo, desde el inicio no fue posible, nunca contó con la mayoría necesaria para reformar la Constitución, hubo de conformarse con la mayoría simple para que se le autorizaran presupuestos y leyes secundarias que en algunos casos se le han nulificado en tribunales.

Controlar al Tribunal Electoral federal parecía objetivo conseguido hasta que los magistrados con el poder de su dedo, defenestraron al obsequioso Presidente del Tribunal que se afanaba en darle gusto en todo. Instancia perdida.

El INE no se dejó someter, el enfrentamiento es abierto y el Presidente lo definió como un “obstáculo para la democracia”, despropósito mayúsculo, más aún por no tener suficientes votos legislativos para desaparecerlo, como él mismo dijo cuando propuso incorporarlo al Poder Judicial.

Con el Poder Judicial tampoco pudo nunca. Los magistrados de la Suprema Corte y los jueces, sin aspavientos, repetidamente emiten resoluciones contrarias a los deseos presidenciales: Suspendieron la ley de remuneraciones (febrero 14, 2019; junio 3, 2020 y noviembre 11, 2021); no le concedieron la consulta contra ex presidentes, que quedó en consulta de una generalidad del todo inútil (octubre 2, 2020); invalidaron la “Ley Bonilla”, que prolongaba el mandato del gobernador de Baja California (mayo 11, 2020); tiraron la ley de reforma eléctrica (febrero 3, 2021); no le concedieron derrocar y encarcelar al gobernador de Tamaulipas (mayo 14, 2021) -impugnó la Fiscalía (mayo 17, 2021)-, los jueces volvieron a protegerlo (antier); invalidaron las reformas a la legislación penal, que permitían la prisión preventiva de oficio por delitos fiscales (26 octubre, 2021); anularon por unanimidad de magistrados presentes la ley que prolongaba el mandato del Magistrado Presidente de la Corte.

Pobre hombre, nada le sale, no es posible tanta mala suerte.

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LA FERIA

Con Pablo Gómez adiós a los intocables

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Ha dado muestras de que no le impone el poder y ser respetuoso de la ley * Si encuentra mentiras en el expediente contra Ricardo Anaya y si halla ‘asuntos por encargo’ en la UIF, seguramente los mandará al carajo, no importando quién lo haya ordenado

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Los intocables.

Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, siete años mayor que este menda y su héroe máximo, gozaba de probada popularidad entre el personal femenino que antes solía alojarse en cuartos de azotea y aparte, siempre gustó de los dineros de dudosa licitud: planeando desafueros era magistral; mintiendo, un artista; realizaba sus bellaquerías con seguridad de experto relojero y engañaba con seriedad de obispo.

Ya grandes los dos y él muy adinerado, este López le preguntó cómo hizo para salirse siempre con la suya y mirando hacia el horizonte como lama tibetano a punto de develar un misterio, explicó: -“Nunca confiarse y jamás tener cómplices, jamás… y tú, ándate derecho porque eres muy bobo” –bueno, eso dijo.

 

PABLO GÓMEZ NO AFLOJA EN LAS DERROTAS

Un problema de la política y el gobierno, es que son actividades gregarias. Nadie dedicado a tan nobles oficios puede ser un solitario. La naturaleza de sus actividades obliga a trabajar en grupo o dirigir grupos. El otro problema es que no todo mundo hace de la discreción, guía de vida. Ni modo.

Pablo Gómez fue nombrado por el Presidente de la República como titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

De verdad el Presidente practica la amnesia selectiva: Pablo Gómez en 2000 compitió por la candidatura del PRD a la Jefatura de Gobierno del entonces DF y denunció que Andrés Manuel López Obrador no era elegible por no tener la residencia en la capital de la República que la ley exigía; perdió, como todos sabemos, pero tenía razón: López Obrador fue candidato y jefe de Gobierno ilegalmente.

Luego, en 2006, Pablo Gómez fue nuevamente precandidato a jefe de Gobierno del DF, pero declinó en apoyo a Jesús Ortega y formaron el Tucoi (Todos Unidos con la Izquierda) para descarrilar a Marcelo Ebrard… pero López Obrador quería a Ebrard y Ebrard fue.

Pablo Gómez inició su militancia política en 1963 incorporándose al Partido Comunista Mexicano, tenía 16 o 17 años. Luego de su estancia en la cárcel más de dos años, por su participación en el Comité Nacional de Huelga del año 68, el partido le asignó mil pesos mensuales, suficiente para vivir, pero con mucha estrechez… y no aflojó.

Después, en el seno del Partido Comunista se opuso a quienes querían la lucha armada que él veía como “aislamiento armado”, proponiendo el “trabajo de masas”. Acompañó a Valentín Campa en su candidatura a Presidente contra López Portillo. Perdieron… y no aflojó.

Pablo ha militado en los partidos Comunista de México, Socialista Unificado de México (PSUM), Mexicano Socialista (PMS), de la Revolución Democrática (PRD) y Morena, siempre en la izquierda, jamás en el PRI, haciendo como él dice, historia con las derrotas… y no afloja.

Por primera vez llegó a diputado federal en 1979 por la vía plurinominal, tres veces más ha sido diputado federal, también representante ante la Asamblea Legislativa del entonces DF y senador.

Nunca ha ganado un peso por lo que la generalidad de las personas llama “trabajo”, pero ha estado siempre muy activo, políticamente, se entiende. Jamás tampoco ha sido funcionario ni ha formado parte de ningún gobierno. Esta es la primera vez, a los 75 de edad, en que tiene un cargo en la administración pública y muy difícilmente podrá aprender nuevas maneras de actuar: es político y se desempeñará en el cargo como político, con el inconveniente de que es un tipo con convicciones que ha honrado durante 58 años, libre y preso.

Se puede coincidir o no con su marxismo tropical, pero tiene prestigio de señor serio, de que su talante no es soberbio y de negociador experto, además de tener muy claro que la ley es para respetarse: cuando estaba a todo vapor la presión presidencial para hacer válido el desafuero pronunciado por la Cámara de Diputados federal contra el gobernador de Tamaulipas, García Cabeza de Vaca, don Gómez, en su calidad de  presidente de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados, aclaró a la prensa sin que se le moviera un pelo por ir a contrapelo de los deseos presidenciales: “(…) quiero decirles que eso es una cosa de la competencia exclusiva del Congreso del estado libre y soberano de Tamaulipas”. Y era. Y enmudeció el palenque.

Gómez ha dado prueba de que no le impone el poder, no hay ante quien se achique, será que lo forjaron los años que jovencito estuvo preso en Lecumberri y no aflojó, como no aflojó ante el presidente Fox, al que denunció por el uso ilegal de recursos en su campaña, a través de Amigos de Fox, y se dio tiempo para participar muy activamente en lo del ‘Pemexgate’, también por dineros indebidos en la campaña presidencial de Francisco Labastida, que le costó mil millones de pesos de multa al PRI. El poderío del PRI y del sindicato de Pemex no lo arrugaron. Guango no es.

Por eso, porque es un militante convencido de la izquierda que está a la izquierda de no pocos de los morenistas al uso, y porque respeta las reglas de eso que está como pasado de moda en este gobierno (la ley), hay no pocos preocupados. Sin embargo, los asuntos en curso de la UIF no roban el sueño a nadie, están ya muy ventilados, tanto lo del Lozoya como todo lo de los sobornos de Odebrecht… pero que él vaya a sostener mentiras si las encuentra en el expediente contra Ricardo Anaya, dé por seguro que no lo hará y si encuentra asuntos por encargo en la UIF, no los seguirá, sea quien sea el que los haya ordenado, que en este caso es sólo el Presidente.

Ignora el del teclado las razones del Presidente para este nombramiento en la Unidad de Inteligencia Financiera, con lo que significa de acceso a los secretos de esa inquisición laica, pues Pablo Gómez, aparte de que en su larga carrera política nunca ha actuado de manera cómplice de nadie ni ha estado envuelto en chismes ni escándalos, no ve para arriba a ningún Presidente y tampoco al actual, al que conoce de mucho y bien.

El Presidente va a tener que aprender a sostenerle la mirada.

Y algunos cercanos al Presidente se van a enterar que no existen los intocables.

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