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LA FERIA

Olga Sánchez Cordero, una senadora ilegal

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POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Florería Palacio.

Tía Pepina (originalmente, Josefina) fue siempre un manual de buenas maneras andante, aparte de ser la campeona mundial y olímpica en consentir sobrinos (“porque no tuvo hijos”, decía frunciendo la boca la Jefa de Disciplina que domesticó a este menda).

Era divorciada (no, era “dejada”, así se estilaba en esos tiempos) y siendo tan fina de modos, si por cualquier razón salía en alguna plática el que había sido su marido, era divertidísimo oírla hablar como carretonero, como sargento asustando reclutas, como briago de pulquería: lo detestaba con toda el alma.

Ya más grandecito este menda supo la razón por ella misma: su esposo la convenció de ir a un viaje de tres semanas a Tierra Santa y Roma que organizaba el señor cura párroco cada año; su esposo no podía ir, pero le dijo que no debía desaprovechar; y allá fue la tía, para encontrar a su regreso que el tío había levantado el vuelo, así nomás, sin un recadito ni explicación, nomás se esfumó y en su casa estaba otra familia porque su maridito vendió la casa, con todo dentro. Tipo infame.

 

ADIÓS A LA PROMESA DE OLGA

El 13 de julio pasado, Olga María del Carmen Sánchez Cordero Dávila, conocida por todos como Olga Sánchez Cordero, declaró: -“(…)hay secretaria de Gobernación para rato”- y agregó que terminando ese encargo, pensaba en jubilarse. Bueno, sí, el 16 de julio cumplió 74 años.

Antes, desde julio de 2019, el propio Presidente de la República había dicho: -“Estamos muy contentos con ella (…), no queremos que se vaya”.

Pero resulta que el jueves pasado, 26 de agosto, presentó su renuncia porque quiere irse al Senado a ocupar su escaño, según explicó el Presidente en el video en que anunció su reemplazo en la Secretaría de Gobernación, por Adán Augusto López Hernández, quien tiene que solicitar licencia a su Congreso al cargo que tiene de gobernador de Tabasco (seguro se la conceden, todo sea por la patria).

Cosa rara tal cambio de planes de parte de doña Olga, quien un día antes de su súbito amor por la curul, fue a la reunión plenaria de Morena en San Lázaro y manifestó en su calidad de secretaria de Gobernación, a quienes asumirán de diputados federales el próximo miércoles, que “en lo que queda de la administración, el diálogo con los gobiernos locales y legisladores de oposición será permanente, constante, fluido y afectuoso”.

Ella se refería a los tres años y medio que quedan de sexenio, pero le quedaban 24 horas de diálogo “permanente”, porque al día siguiente le dijo al Presidente que se moría de ganas por regresar de senadora.

 

AMLO SE PORTÓ CABALLERO

No se le puede regatear al Presidente que se portó caballerosamente con la señora: en lugar de decir que la corría, afirmó que le daba su gusto de irse a legislar. Está bien. Hubiera estado mejor que no la hubiera dejado ir a la plenaria de Morena en San Lázaro a hacer el papelazo… diálogo permanente.

Doña Olga es senadora plurinominal con licencia y el 26 de agosto, día de su renuncia, remitió oficio al presidente de la Mesa Directiva del Senado, para que vayan desinfectando su curul, que ocupó como suplente la distinguida Jesusa Cervantes (¿le tocará indemnización por despido injustificado?… sería bueno).

 

LOS ESCÁNDALOS

Hay versiones que apuntan a la insatisfacción del Presidente sobre el desempeño de doña Olga en Gobernación. Son calumnias. Sí metió algunas patas y se enredó gratis en controversias y escandaletes como haber dicho que el “bonillazo” -la prolongación inconstitucional del mandato de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California- era legal, pero esas cosas al Presidente no le mueven un pelo, pues está muy claro, para él la honestidad y la lealtad son lo mero importante y ahí sí: doña Olga, honesta, es y leal, leal hasta la ignominia, como cuando el 6 de marzo de 2020 le hizo el quite al Presidente con el asunto de la inseguridad y la violencia contra las mujeres; si no se acuerda, se lo transcribo:

“Los problemas que sufre México de inseguridad, impunidad, corrupción y violencias -sic- contra las mujeres se deben a un fallo en el sistema de justicia, que abarca a todas las fiscalías y procuradurías locales del país, por ello es un tema en el que se debe poner atención”. O sea: no le anden echando la culpa de nada al Poder Ejecutivo, ni se les ocurra. Amor del bueno.

Y tan el Presidente está muy satisfecho de la labor floral de doña Olga, que la deja irse a ocupar su curul de senadora, pudiendo echar a andar a alguno de sus fieles para recordar a la nación unos datos francamente muy incómodos.

 

VIOLAN LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA

Doña Olga fue ministra de la Suprema Corte del 26 de enero de 1995 al 30 de noviembre de 2015. Doña Olga es senadora con licencia, cargo que obtuvo a resultas de las elecciones del 1 de julio de 2018.

¿Y qué?, dirá usted. No, nada, sólo que es ilegal. Doña Olga NO puede ser senadora de la República según manda la Constitución, que dice en su artículo 58 que los requisitos para ser senador son los mismos requisitos que para ser diputado (menos la edad, pues deben tener 25 años cumplidos el día de la elección). ¿Y?, usted insiste… a ver lea abajo lo que ordena la Constitución en el artículo 55 (requisitos para ser diputado), en el segundo párrafo de su fracción V:

“No ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (…) salvo que se hubiere separado de su encargo, de manera definitiva, tres años antes del día de la elección”.

No le salen las cuentas a doña Olga. No tenía tres años de haberse separado de su cargo de ministra de la Corte el día de las elecciones de 2018. Le faltaban cuatro meses completos. Será un detalle sin importancia para algunos, pero “dura lex, sed lex”, se dice desde hace siglos; la ley es dura, pero se aplica; si le faltara un día, igual: no podía ser senadora ni diputada. Secretaria de Gobernación, sí, pero ya ve, de un día para otro le entró la pasión por legislar.

 

¿RAYONCITO A LA CONSTITUCIÓN?

Por supuesto en nuestra querida patria que sabe sufrir y cantar, no se rasgará el velo del templo por este rayoncito a la Constitución. Ejercerá doña Olga de senadora, a menos que algún malvado quiera exhibirla como violadora.

Así estamos. No pasa nada. Una aventura más de la Florería Palacio.

LA FERIA

Las que madrugan son las fieras

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Según escrito de Jorge Ibargüengoitia, los males de la patria se deben a la absurda costumbre de levantarse temprano * Las bodas no son a las siete de la mañana, la misa del obispo es a las doce, los toros a las cinco, la ópera al anochecer y el buen futbol de noche… y es que no por mucho madrugar amanece más temprano

EL SEÑOR LÓPEZ

Fieras.
Resulta intrigante lo infructuoso de los esfuerzos para corregir el derrotero nacional, de políticos de todos colores y ubicación topográfica (izquierda, derecha, centro, centro izquierda y lateral derecho); de ministros de diversos cultos y algunos ejemplares del tenochca ilustrado, los llamados intelectuales.
Como no todos pueden ser imbéciles o enemigos de la patria, este menda intentó observar los hechos cotidianos, buscando conclusiones que nos permitieran enderezar el rumbo y enfrentar mejor cada día, en su calidad de arribo a plazos del futuro.
Vano afán, dicha observación reporta acidez estomacal y conjuntivitis. Poco es lo que parece y nada es simple ni indiscutible en nuestra vida mexicana.

REALIDAD COMPLEJA
Antes teníamos cosas indudables; la fe en la Guadalupana por ejemplo, era la sagrada quintaesencia de la mexicanidad y no se cuestionaba, pero en estos tiempos post Schulenburg, ya se manosea hasta en YouTube sin consecuencias estilo islamita parisino enchilado.
El mariachi era nuestra máxima prueba de hermandad y el ‘Son de la Negra’ escuchado fuera del país, hacía llorar al macho más bragado que ahora se pone histérico en un concierto de Alejandrito Fernández. También teníamos claro que el futbol era el deporte nacional y que el Enmascarado de Plata, El Santo, era el campeón universal de la lucha libre; pero ahora el fut americano le compite al soccer y de las luchas qué decir: la televisión transmite las de los EUA con atléticos gladiadores de 2.10 de estatura y da una pena horrible recordar a nuestro panzoncito Santo, correteando a la estupenda mujer vampiro, Lorena Velázquez, de la que no había varón nacional en pleno uso de sus facultades hormonales, que no se hubiera dejado morder por ella, pasara lo que pasara, y ahora… ¡Alejandrito!


Nuestra realidad es tan compleja que ahora que somos un país democrático, lejos de disfrutar del Edén de la igualdad, la legalidad y la fraternidad, sufrimos una desigualdad que escandaliza a Haití (con respeto), la autoridad sin rubor se refiere a la ley como “un cuento”, chapoteamos en sangre y no pocos extrañan con rara nostalgia al priísmo cavernario que no conocieron y también hay quienes añoran la “pax porfiriana” que tampoco conocieron, y sostienen que sólo don Porfirio y Santa Anna han sabido gobernarnos… y pensándolo bien.


Lo cierto es que no había protestas masivas cuando las elecciones eran un teatro masivo que no alteraba el resultado de todos conocido de antemano (y no solo en los tiempos del partidazo sino también en los decenios de la dictadura de Díaz, más los 17 años de Juárez y los constantes retornos de Santa Anna al poder).
En cambio ahora, con elecciones más vigiladas que las bóvedas del Banco de México, con credencial de elector a la que nada más le falta una muestra de tejido del votante para que se verifique su ADN en la casilla, el inconforme es el propio gobierno que clama por la desaparición del INE que validó y valida sus triunfos electorales.


Pareciera que todo complicamos por el gusto de sorprender al planeta; tenemos tratados de comercio con medio mundo que de poco servirían sin inversión extranjera, y nuestro gobierno libra gallardo combate defendiendo a Venezuela, Nicaragua y Cuba, cosa que seguramente pone locos de contento a los fondos de inversión que nos urge vengan a la seguridad de nuestro Estado de Derecho y perpetua coherencia oficial… de veras, los que han venido son valientes.
Abandonado el esfuerzo de tratar de encontrar explicación a tanto tropiezo, por casualidad topó este menda con un escrito del inolvidable olvidado Jorge Ibargüengoitia, quien en sus ‘Instrucciones para vivir en México’ del 18 de junio de 1972 (Excélsior), da en el clavo: los males de la patria se deben a la absurda, insana e irracional costumbre de levantarse temprano. ¡Albricias!
De la mano de don Jorge, epifanía de la lógica, se entiende esta simple y gran verdad que deberían considerar nuestras autoridades pues no se puede ocultar que los males nacionales se están agravando y que la única diferencia con los gobiernos anteriores, es la afición a madrugar que estos tienen.


En lo que hay una reacción oficial, por lo pronto, que escuelas y fábricas empiecen su jornada a las once de la mañana y veremos maestros y patrones, silbando sin prisas rumbo a sus labores; obreros productivos y alumnos aprovechados, que ya nadie pensará más en huelgas, paros o marchas, producto del malhumor acumulado a fuerza de desmañanadas. ¡Ah! y que los legisladores lleguen al Congreso a partir de las tres de la tarde, con la cruda bien curada, sin intenciones asesinas ni oponiéndose a todo.
Recapacite, nada grato se hace de madrugada. Los fusilamientos, las misas de beatas chismosas y las autopsias se hacen bajo el duro cierzo del amanecer; las bodas no son a las siete de la mañana (no se consumarían nunca, con los novios rendidos de sueño); la misa del obispo es a las doce y la ópera al anochecer; los toros a las cinco y el buen futbol de noche; nadie celebra su cumpleaños con un desayuno y los bautizos son temprano porque el bebé igual va dormido.
Temprano se empiezan batallas y se bombardean ciudades; temprano se giran órdenes de aprehensión y se pide el divorcio. Famosos por tempraneros fueron Stalin, Franco, Iván el Terrible y Huerta. A los monjes los canonizan por la hombrada de levantarse al amanecer a cantar maitines y el monumento a la Madre es por tanto madrugón para arreglar niños para la escuela.
Esa reforma sí importa, que la Constitución prohíba trabajar, estudiar y hacer ejercicio antes de las once, las diez como concesión mayor, y si no funciona como todo lo que se ha intentado estos dos siglos, bueno, cuando menos fracasaremos en un horario más cómodo.
No se resista si usted es víctima de la mala costumbre de madrugar; piénselo: los racionales inventamos la luz eléctrica para poder desvelarnos y las abluciones matutinas deben hacerse cuando el Sol ya ha calentado la atmósfera; en cambio, las que madrugan son las fieras.

 

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LA FERIA

Ineficacia y verborrea, el sello de AMLO

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Sus 3 grandes obstáculos: la Ley, el Congreso y la Suprema Corte * Otra vez estamos ante un sexenio perdido, el peor de toda la historia, y la revocación de mandato, un plan con maña, una exigencia de su ego

 

EL SEÑOR LÓPEZ

 

Ineficacia y verborrea.

Allá por 1950, un tal Hemigdio oriundo de la capital del país, conoció por casualidad a tía Obdulia -de las de Autlán- y pasó a ser tío Hemi. Aparte de adinerado por herencia, era un brillante abogado de la Libre de Derecho y también, distinguido egresado de la Facultad de Filosofía y Letras.

Hablaba cinco idiomas y eran fama su cultura y su elocuencia. La tía sólo era muy guapa y su fama era otra, pero nada más en Autlán, así que en la Ciudad de México la cosa pasó inadvertida. Tuvieron cinco hijas, todas como su mamá, de guapas y de modos.

Ya grandecitas las niñas, una fue sorprendida en plena ejecución de un acto lúdico de gimnasia rítmica en pareja; el tío profirió varios insultos que ratificaron su riqueza retórica, pero no pasó de ahí: se le iba la fuerza por la boca. Después a otra de las “niñas” la tuvieron que sacar de la preparatoria, por practicar el teorema de Pitágoras con el profesor de álgebra, siendo la hipotenusa cierta parte del caballero y los catetos las piernas de la prima; esa vez aprendieron nuevas palabras en su casa:  baldón, vilipendio y mácula… y tampoco pasó a mayores, aunque hubo órdenes tonantes, medidas de apremio y vigilancia, amenazas y muchas esdrújulas, que no impidieron el ejercicio de las actividades hidráulico-recreativas a las que se fueron incorporando las otras tres.

Con motivo de los disgustos que regularmente le procuraban sus hijas, las llamó busconas, pupilas, cortesanas, turras, pelanduscas, casquivanas, cocotas, barraganas, pindongas, fulanas, canaanitas, daifas, targelias, lagartas, entretenidas, cabuqueras, guarripandas, suripantas, trotonas, candongas, zurriagas, mesalinas, trolas, disolutas, trilladas, cantoneras, zurriagas, guarras, golfas, ninfas, rofas, servilias, espintrias, agripinas, amancebadas… al tío se le iba agotando el léxico y aquello no paraba.

No habían entonces ni ahora, academias militarizadas para mujeres y no se supo si se le ocurrió a él o se lo aconsejó alguien, pero un invierno mandó a las cinco a un internado de monjitas en Irlanda. Santo remedio, a los dos años regresaron pasmadas de frío, igual de güilas, eso sí, pero más discretas que un Notario (o iban de regreso a Irlanda). Luego se le fueron casando y el problema ya no fue de él.

 

LA GRAN HABILIDAD PARA INSULTAR

Sabida es la enorme habilidad presidencial para insultar, descalificar, ningunear y despreciar a cualquiera que no le brinde apoyo incondicional o disienta de él en cualquier cosa. Absoluta e incondicionalmente con él o contra él, sin medias tintas.

Al asumir el cargo habló bien y dijo que sería Presidente de todos (no es cita, lo dijo a su manera). Gustó. Pronto sus hechos y más que nada sus dichos, dejaron muy claro que la conjunción ‘y’ no está en su léxico, para él, gobernar no es él ‘y’ los demás, sino él ‘o’ los demás, los otros, que por no coincidir en sus propuestas o proyectos, pasan a enemigos, a traidores a la patria. No cede jamás en nada y la verdad es lo que él diga, no lo que la realidad manifieste, por eso sus ‘otros datos’ (que jamás aporta), por eso sus iniciativas que no pueden ser cambiadas ni en un punto ni una coma, todo o nada, con él o contra él.

En sus primeros tres años y cuatro meses de gobierno, ha topado con tres obstáculos que lo irritan mucho: la ley, el Congreso y la Suprema Corte.

La ley, ya sea la Constitución o cualquier otra, si significa variar alguna de sus disposiciones, si impide que se ejecute alguna de sus órdenes, es injusta y no le interesa, lo ha dicho, sobre la ley la justicia (no es cita tampoco), y la justicia es lo que él diga, faltaba más… y no ha podido hacer charamuscas con la ley por lo que la viola, sin rubores, como ahora con lo de no hacer propaganda de la consulta de revocación.

El Congreso, porque nunca tuvo los dos tercios de curules necesarias para reformar la Constitución a su gusto y sabe que su reforma a la industria eléctrica, como él la quiere, tiene tantas posibilidades de ser aprobada como Alfredo Adame de ser Premio Nobel de la Paz o ‘El Noroñas” de casarse con Isabel II (que está viudita).

La Suprema Corte porque ha emitido varias sentencias contrarias a sus intereses, como el rechazo a ampliar dos años el periodo del magistrado presidente; limitar el monto de los salarios de todos los funcionarios, por encima de sus derechos adquiridos; impedir diez años que un funcionario se contrate con empresas privadas del ramo de su labor pública, por sobre el plazo de tres años que dispone la Constitución, fallo que ayer calificó como “aberración”… y tal vez sí sea, pero eso dice la Constitución, esa que juró cumplir y hacer cumplir.

Es de ayer otra de la Suprema Corte de Justicia: le invalidaron la facultad otorgada por el Presidente para él mismo, de disponer discrecionalmente, a su gusto, por decreto, de los recursos “ahorrados” por sus medidas de austeridad, lo que en los hechos significaba hacer reasignaciones presupuestales limpiándose el extremo inferior de su sistema digestivo con la Cámara de Diputados, única instancia facultada para autorizar el Presupuesto de Egresos.

También el muy ninguneado Tribunal Electoral Federal le dio un gran disgusto cuando destituyó a su magistrado presidente, el tal Vargas, exhibido como probabilísimo corrupto e indudable fidelísimo servidor del Presidente de la República.

Así, en medio de este vendaval de fiascos y adjetivos, ya casi llegamos a la fecha de realización de la consulta de revocación del mandato y es tan grande el interés del Presidente en que salga a votar mucha gente, que a algunos no pocos alarma y piensan que es plan con maña cuando es solamente una exigencia de su ego, un desesperado intento de confirmarse a sí mismo y ratificar que el “pueblo bueno” no se da cuenta de nada, particularmente de las montañas de cadáveres, la quiebra de las finanzas públicas y la desconfianza del mundo sobre si en México prevalece el Estado de Derecho.

Otra vez estamos en un sexenio perdido con un gobierno que se describe en dos palabras: ineficacia y verborrea.

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LA FERIA

Reforma de AMLO busca deformar al INE

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A través de su iniciativa electoral-política * Los consejeros federales, en las urnas, legalito, así como fue su consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco. Lástima que no lo va a lograr: no tiene los votos en el Congreso

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

Un pito.
Conforme a la prédica actual, el error de don Miguel Hidalgo, lo que explica por qué le salió mal su asunto, es que no hizo una consulta popular antes de precipitarse a dar el Grito de Independencia en Dolores, Hidalgo (por eso ha de ser que le cortaron la cabeza un año después, para colgarla como adorno de “halloween” colonial, en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas).
Otro que no sometió sus decisiones al resultado de las urnas fue Simón Bolívar, que por andar independizando países por sus puras pistolas (Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia, poquita cosa) lo acabaron echando y murió huyendo, enfermito y pobretón.


En esa lógica, no se entiende que los franceses se hayan atrevido a tomar La Bastilla, sin hacer antes un plebiscito; que Lenin le quitara a Nicolás la chamba de Zar, sin tomarse la molestia de hacer siquiera una votación a mano alzada (cien de sus rojos hubieran cubierto el requisito)… ni que Iturbide y sus amiguitos hayan decidido independizarnos de España, en sabrosa plática en el templo de la Profesa, sin siquiera pedir parecer al pueblo que iban a ‘liberar’.

EL PODER VIENE DEL PUEBLO
Otros sí sabían que el poder viene del pueblo y no movieron un dedo sin escuchar su voz, expresada en plebiscito o proceso electoral, garantía infalible de respeto a la ética y bienestar general.
Uno, Adolfo Hitler, quien fue canciller de Alemania por las urnas, sí señor; o Mussolini, que fue “Duce”, no voto por voto, ni casilla por casilla, pero con el apoyo exultante del pueblo (y por la estupidez del rey Víctor, que le abrió la puerta). Para que no anden con dudas de que “vox populi vox Dei”.
Por si le parece que esos ejemplos de demócratas pasteurizados como Hitler son ya viejos, se le recuerda de otras alimañas que también se hicieron con el poder, sometiéndose primero a la voluntad del pueblo en procesos electorales, como Bordaberry en Uruguay; Bánzer en Bolivia; Perón en Argentina; Fujimori en Perú; Chávez y Maduro en Venezuela; y el fétido Ortega en Nicaragua.
Y para que vea que no es ojeriza con América Latina, ahí está en Europa un perpetuo triunfador electoral: Vladimir Putin, tan simpático él, que no suelta el poder hace 23 años.

En Asia, Xi Jingping, hace 10 años elegido por sus 1,400 millones de habitantes representados muy legítimamente en su Asamblea Popular Nacional compuesta por 2,980 integrantes elegidos por el pueblo (¡pero-por-supuesto!), en la que don Xi tiene a 2096 en la buchaca. Aunque debe advertirse que es muy malo para la salud oponerse a estos dos jefes de Estado elegidos en riguroso apego a sus leyes y la voluntad popular, claro.
Aparte están Marruecos, Corea del Norte, Cuba y Vietnam del Norte, oficialmente gobernados por los que el pueblo decide (y hay otros, pero falta espacio).
Si ya empieza a pensar que en nuestra querida patria esas cosas no pasan, bueno, antes de que se le suba a la cabeza, recuerde que en el siglo XIX tres señores nos gobernaron 78 años: Santa Anna de 1833 a 1855 (y los representantes del pueblo le iban a rogar que regresara cuando abandonaba el poder); Benito Juárez, de 1857 a 1872 (que por su manía de reelegirse provocó la división de los liberales y que lo abandonaran los de a de veras como Jesús González Ortega, y que su juarista amor desmedido por el poder causó guerras y no pocas matazones, cosa de la que parece no se ha enterado nuestro actual Presidente: Juárez no soltaba La Silla… o a lo mejor sí lo sabe y eso es lo que… no, no, ni pensarlo).

Y Porfirio Díaz, que de 1876 a 1911 se hartó de coleccionar triunfos en las urnas… y no olvide, por favor, que don Porfirio no se trepó ni una sola vez por sus calzones, él sabía cómo funciona la democracia contante y sonante.
Luego en nuestro siglo XX, unos se treparon a balazos, pero de 1924 a 1994, 70 años, todos, todos fueron elegidos por el muy buen pueblo, en comicios tan bien hechos que, por ejemplo, Lázaro Cárdenas (otro santón de nuestro actual Presidente) ganó la Presidencia de la República con el nada sospechoso 98.20% de los votos y todas las curules de diputados (entonces 173) y todas las de senadores (58) para heredarle al país el PRI como lo conocimos, imperial, absoluto, invencible, aunque tuvo el buen tino de sacar al ejército del partido (algo les sabía, era general).
Y no se trata de que se ponga usted dramático, que el “fraude patriótico” justificaba las travesuras electorales como cuando Manuel Bartlett jugó brisca con las actas de casilla y las boletas electorales para que asumiera la presidencia Salinas de Gortari, porque sin el voto, aunque sea de mentiritas, no se vale… y ahora resulta que el Bartlett es muy amiguito de López Obrador y el innombrable, tan campante, mirando a su gran cómplice al servicio de la Cuarta Transformación. ¡Cosas de la voluntad popular!


Todo esto a cuento de la cantaleta presidencial de que lo que decida el pueblo en elecciones es infalible. Por supuesto, también por su manifiesta intención de birlarnos al Instituto Nacional Electoral (INE), quitando de golpe a todos los consejeros y magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), eliminando todos los órganos electorales estatales, para que el pueblo elija otros consejeros federales, en las urnas, legalito, como fue su consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco. Lástima que no lo va a lograr, no tiene los votos en el Congreso.
Igual, a la vista, está su intención de hacer un órgano electoral a su gusto y tal vez seguir las huellas de Plutarco Elías Calles que entregó el poder sin entregarlo, mangoneando a los siguientes tres presidentes (Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez), aparte de arreglar el triunfo de Cárdenas. Pero no se le va a conceder, para empezar porque en 2024 tendrá 70 añitos y para seguirle, porque no es matón.
Pero él confía en el arrastre de su palabra… por eso su desesperación de que vaya una inmensa mayoría a las urnas a eso de la consulta de revocación, porque si no, quedará a la vista que ya solo se oye él y al pueblo… al pueblo le importa un pito.

 

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