La educación, más allá de la reforma, el retorno de Elba y la rabia de la CNTE

Ningún tema es tan sencillo como se pueda pintar en una campaña política. Lo vemos con lo del nuevo aeropuerto de la CDMX, la inseguridad, el petróleo. Y el del magisterio será un examen casi de doctorado

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Según líderes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, Andrés Manuel López Obrador y su equipo ya los hicieron a un lado en la revisión y propuesta de derogar la Reforma Educativa.

“Hasta hoy, López Obrador, Moctezuma Barragán o Martí Batres, no han mencionado que nosotros metimos una iniciativa (contra la reforma de Peña Nieto) y que la van a tomar en cuenta. La metimos en febrero del 2017 y hasta hoy no la han tomado en cuenta”, reclamó Enrique Enríquez, dirigente de la Sección 9, con sede en la Ciudad de México.


Ayer, Alfonso Romo, próximo Coordinador de la Oficina de la Presidencia, anunció, como en sociedad, el “matrimonio católico” entre los empresarios y el próximo nuevo gobierno, aunque si hemos visto flirteo, nunca vimos las amonestaciones, ni mucho menos la entrega de argollas, máxime cuando una adversidad todavía los separa, el nuevo aeropuerto.

Bueno, pues, éste otro “contrato nupcial” entre el próximo gobierno y el magisterio disidente parece que no va como Dios manda, a pesar de los momentos de seducción antes y durante la campaña política.

“Leímos la convocatoria de los foros (sobre la Reforma Educativa) y esa convocatoria está muy general”, reprochó Enríquez. “No habla sobre la derogación de la reforma; habla sobre cómo mejorar la educación. Términos teóricos, pedagógicos, didácticos, de proyecto educativo; qué se hace en Preescolar, qué se hace en Primaria y en Secundaria.
“Nos parece que no es por medio de la consulta como se va aplicar la derogación de la reforma. Si ustedes observan la convocatoria, va más en términos educativos, teóricos, proyecto educativo”.
Vaya que en competencia de egos se dan de topes.

Pero hay otra cosa que los inquieta, la permanencia del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, creado antes de la promulgación, en 2013, de la Reforma Educativa.

Y, para acabarla, están exigiendo que la recién reaparecida, la “guerrera” Elba Esther Gordillo, sea investigada por un supuesto crimen, el del profesor Misael Núñez Acosta, ocurrido ¡en 1981!, porque así lo denunció en aquel entonces el ex dirigente Carlos Jonguitud Barrios. Y, para redondear el entuerto, reviven la clásica: Se robó cuotas sindicales.

Es decir, tientan a López Obrador a que se eche un trompo muy difícil a la uña. Si algo presumió la profesora en su rueda de prensa de retorno fue la constancia de la justicia mexicana de estar libre de culpa.

Y a Andrés Manuel lo podrán enganchar en lo que gusten (porque no creo que la maestra siga siendo cuestión del sexenio por terminar), pero no a hacerse el harakiri.

El resumen de esta aparente frustrada relación, alentada por la insistencia de Andrés Manuel, en campaña, de echar abajo la Reforma Educativa, prometida, sobre todo, a la disidencia, es que el proceso de revisión o de derogación del sistema educativo no estará libre de confrontaciones.

Un mes y medio antes de la elección del 1 de julio, Eloy López Hernández, líder de la Sección 22, en Oaxaca, advirtió que el movimiento magisterial disidente no estaba “casado” con López Obrador  “porque puede ser uno más que no cumple con lo que promete”.

“Nosotros no hemos confiado, ni lo vamos a hacer, (en) que un candidato presidencial, o una elección, defina el rumbo en este movimiento. (Andrés Manuel López Obrador) es un candidato más que puede prometer y no cumplir; eso es lo que siempre hacen los candidatos”.

Con la CNTE, a Andrés Manuel lo que le puede ocurrir es tener que soportar, como lo han hecho otros gobiernos, el de Peña Nieto principalmente, el golpeteo constante, las exigencias de “mesas” de diálogo a la futura Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para sacar $oporte para el movimiento.

Sin embargo, el verdadero insumo para lo que viene en cuanto a la cuestión de quitar, poner o corregir de la Reforma Educativa, del protagonismo de los maestros como sindicato poderoso, de la riesgosa división del mismo, y hasta de una contraparte política nacional, se dio el lunes pasado.

El regreso de Elba Esther, renovada y con ansias de medir fuerzas con quien sea, pone nerviosos a más de uno.

Y no sé, aunque me supongo que sí, si la disidencia magisterial ya fue invitada a los foros de consulta educativa porque Gordillo ya fue hasta ratificada. Y no es ninguna cortesía invitar a quien del tema es casi la figura central.

La Reforma Educativa marcó su encierro y la Reforma Educativa marca su retorno. Es muy temprano para leer sus cartas y, además, no tiene ninguna prisa.

Poner la mesa es como mostrar las cartas, y eso es lo que desde el día siguiente a la elección hizo y mantiene ante la opinión pública Andrés Manuel. Faltan tres meses para el arranque oficial del nuevo gobierno y tender los manteles con antelación a comensales de colmillo y finura podría resultar contraproducente, pero cada quien juega como le acomoda.

No, el asunto de la Educación y el magisterio no vienen como si de la hora de recreo se tratara.

Ahora que si quiere agregarle un poquito más de condimento al asunto, la administración futura mete, como en todo, la sabiduría popular (encapsulada en consultas), es decir, la cuchara de muchos, que de éste u otro asunto (digamos, aeropuerto) no saben ni jota.

Me parece que el trimestre por venir debe ser tomado por el equipo de López Obrador, y por él mismo, como un curso básico e introductorio a la nueva materia: “La Cuarta Transformación, andamios para hacerla realidad”.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

 

 

 

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