La desmañanada de la ‘mañanera’

El Presidente está obligado a recuperar el valor de su palabra

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Señor Presidente López Obrador, como usted repite a la menor provocación, con respeto le sugiero, en realidad suplico, reconsidere la programación de las conferencias de prensa que en la jefatura de Gobierno le sirvieron para imponer su primera candidatura presidencial, pero que ya en Palacio Nacional empiezan a desgastar su palabra y amenazan, además, con acabar con la cordura de quienes lo seguimos a distancia, pero cotidianamente, y ocasionar bajas prematuras en su equipo, al menos las de varios de mis contemporáneos cuya fatiga es imposible disimular, aún con maquillaje.
Insisto, lo digo con todo respeto porque no de otra forma fui educado a dirigirme a El Águila en el periodo neoliberal, y un poco antes, cuando mi arribo al pueblote que es la capital de la República, en tiempos que gobernaba Luis Echeverría, el Presidente que en materia de comunicación, confío que sólo en eso, era como usted, pero al revés.

Luis Echeverría, como López Obrador, pero al revés

LEA realizaba giras y en cada una de ellas vomitaba discursos, encabezaba eventos masivos, seguía habla que habla por aquí y por allá, y para terminar el día, ya muy entrada la noche, organizaba largas reuniones de trabajo en los diferentes salones de Los Pinos jugando simultáneas con los asistentes, a quienes les caía por sorpresa; hacía preguntas y soltaba interminables parrafadas que luego llegaban, en la madrugada, a las redacciones de los periódicos y eran entregadas a los reporteros de guardia, yo uno de ellos.
Era un martirio porque de media docena de discursos había que sacar la frase obligada para las 8 columnas, y eso que Mauro Jiménez Lazcano solía enviar los discursos subrayados y hasta con sugerencias de “lead” (entrada). Según me cuentan, solía acompañarlos con una frase que acuñó y que nunca vi ni escuché: “Ahí como cosa tuya”.
El problema consistía en que, en cualquier rincón del territorio, Echeverría hablaba a diario, sin cesar; no al país, sino al mundo, porque promovía su Carta de los Deberes y Derechos de los Estados; soñaba con ocupar la Secretaría General de la ONU y conseguir, en la historia, un lugar menos oscuro que el ya garantizado por la noche de Tlatelolco y el halconazo.
Le ruego no mal entender. No se trata de rehuir el trabajo, sino de hacerlo un poco más llevadero para Usted, sus colaboradores de la tercera edad y aún de los más o menos jóvenes que están por rebasar la segunda, y para nosotros los periodistas, en especial los que ya no nos cocemos ni al cuarto hervor. Un par de veces a la semana, o cuando sea necesario, hablar a la nación, pero eso sí, en un horario más decente.
Entiendo sus razones. Adueñarse del micrófono apenas sale el sol, y prestarlo a sus colaboradores por segundos o pocos minutos, tiene una razón estratégica. Dado su talante democrático, imagino que nada que ver con el Rey Sol, pero sí con imponer la agenda política diaria, conseguir que no se hable de nadie, sólo de usted, y de nada más que usted no haya dicho.
Lanzar el mensaje a partir de las 7:00 horas permite dominar los noticiarios electrónicos matutinos, del mediodía y la noche, así como dirigir el debate en el Congreso, la SCJN, los organismos sociales, etcétera, y determinar la política editorial de la prensa escrita del día siguiente.
La mañanera fue innovación genial cuando desde el viejo edificio del Ayuntamiento capitalino inició usted la campaña por la candidatura presidencial del PRD con la intención de que Cuauhtémoc Cárdenas ya se quedara a cuidar nietos.
Quien no reconozca su genialidad pecará de mezquino, pero la repetición cotidiana, sistemática, de lugares comunes, frases prefabricadas, construcción de villanos, etcétera, le rindió dividendos hasta su tercera campaña.
Para entonces, las figuras retóricas por usted creadas ya estaban en la mente de millones de mexicanos que durante casi dos décadas no se cansaron de identificar a los enemigos de la patria y devoraron la única solución a nuestros males históricos, agravados en la época neoliberal: Su honestidad personal, único cimiento sobre el que descansa la Cuarta Transformación.


ANÉCDOTAS Y ESPECTÁCULO
Han pasado casi 80 días del inicio de su gobierno y la conferencia mañanera empieza a perder su efectividad, al menos desde una óptica diferente a la suya.
Contra sus planes, no hay mucho a recordar de lo dicho desde esa tribuna privilegiada de la madrugada que no tenga que ver con espectáculos como los problemas de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, para hablar de presiones y de la manzana de Newton, que, por venganza, por poco y cae sobre su cabeza; de los desencuentros, por el departamento de Houston, entre las de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y la de la Función Pública, Eréndira Sandoval.
Nada relevante.

Rocío Nahle, Secretaria de Energía: Hablar de presiones y de la manzana de Newton en la ‘mañanera’
Olga Sánchez Cordero
Eréndira Sandoval

Peor aún, el nada afortunado debut de mi respetado Manuel Bartlett en la felpa a sus ex compañeros de gabinete con Carlos Salinas por emplearse en empresas energéticas o crear las propias, lo cual podría ser inmoral, conforme a quien sea el Savonarola en turno, pero no ilegal. Y, por si fuera poco, cometer errores, imperdonables en él porque es de lo más valioso del gobierno de la 4T, tales como confundir a Jesús Reyes Heroles González Garza, que no fue compañero suyo en la administración del villano favorito, pero secretario, sí, de Energía y director de Pemex en la de Felipe Calderón.

Manuel Bartlett, errores y felpa a ex compañeros del Gabinete de Salinas

Le insisto, existe el riesgo de que mucho quede a nivel de anécdota en la mañanera. Por ejemplo, que el Presidente tenga que hablar de personas que se colaron a niveles altos de la administración por error o favoritismo de sus jefes, los nuevos jerarcas sexenales a medio salario.
Quizás lo más recordado hasta hoy sea la inesperada irrupción de Nino Canún, que aprovechó el micrófono para narrar la supuesta persecución de Enrique Peña Nieto, que en realidad se trató de sus diferencias con Francisco Aguirre, el propietario de Radio Centro.
También la revelación suya, señor Presidente, de que algunos de sus cercanos no logran superar la cultura caciquil propia del neoliberalismo y reclaman “sus plazas”, o que estén dejando fuera a su gente.

UN GIRO QUE VALGA EL ESFUERZO
Hace muchos años, en la Cámara de Diputados, aún en Donceles y Allende, escuché a un legislador hablar del primer transformador. Palabras más o menos, preguntó: “¿Quién fue aquel indito que abandonó a sus ovejas y caminó a Oaxaca? ¿Quién aquel que aprendió castilla en la casa donde servía su hermana? ¿Quién el que estudió, llegó a gobernador, a Presidente, desterró a los franceses, fusiló a Maximiliano, impuso las leyes de Reforma, separó a la Iglesia del Estado…?”.
Con seguridad aún estaríamos escuchando la perorata que omitió el Tratado McLane Ocampo y que la angina de pecho impidiera a Juárez eternizarse en la Presidencia, a no ser porque un desesperado, que nunca falta, gritó desde la gayola al diputado: “Me doy ¿Quién fue?”. Dicen que los fantasmas de los diputados aún ríen a mandíbula batiente
Nada me gustaría más que conseguir que Jesús Ramírez Cuevas contestara el teléfono, encontrar a quien pueda proporcionar el machote a llenar, obligadamente, para en 5 días hábiles saber si se es bienvenido o no en la mañanera, y esperar turno entre el centenar de ávidos preguntones para imitar a aquel anónimo personaje y decir al Presidente: “Me doy ¿Quién quiere plazas? ¿De quién es la gente que están desplazando?”
Por ahora todos seguimos pegados a la pantalla de televisión, o al monitor de la computadora, siguiendo su palabra, algo así que prometía ser la buena nueva de la 4T y que por algunos momentos lo ha sido, como cuando firmó el acta de defunción de la Reforma Educativa de Peña Nieto, pero una secretaria mató sin querer a la autonomía universitaria, cuya resurrección no ha ocurrido porque la fe de erratas que equivale al “Lázaro, ¡levántate y anda!” se perdió en el camino a la Cámara de Diputados.
Señor Presidente, la jornada ha empezado a perder interés porque, más allá de algunos destellos relevantes, todo se reduce a la repetición incesante de fifís, conservadores, neoliberales alcahuetes, luego les platico, yo respeto, corruptos, la estamos haciendo, financiaremos con lo que estamos ahorrando, se pasaron, etcétera, etcétera.
Es probable que sea el momento de un giro si no dramático, si más novedoso, de tal suerte que la desmañanada de usted, sus colaboradores, los periodistas y el público, valga el esfuerzo.

UN GUIÓN PARA NO BOSTEZAR
Hasta donde entiendo, antes del encuentro con los periodistas se reúne con el gabinete de seguridad. Esto implica que la jornada empiece para usted, y cada uno de los servidores públicos, a las 3:30 o 4:00 de la madrugada; quizás después de la mañanera, alguno también tenga una hamaca en su oficina para echarse un coyotito, pero, sin duda, sus tareas diarias no terminan como en el trópico, a las 7:00 de la noche, sino hasta muy tarde. Es decir, no duermen las 8 horas recomendadas para que el cuerpo y la mente no sufran daño.
Algunos de quienes seguimos la mañanera, aún y cuando no acudamos a Palacio Nacional, empezamos la jornada más o menos a la misma hora porque utilizamos las noches para dormir y demás cosas propias de la intimidad nocturna; en ocasiones, la comida o la cena se prolongan, como bien lo saben el presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, y cualquier político de la era neoliberal, los ex priístas que lo rodean y la mayoría de la tropa de Morena.

Porfirio Muñoz Ledo. El diputado sabe de desvelos

Además, muy pocos, yo entre ellos, inician las labores domésticas muy temprano bajo el apotegma de doña Clemen: “Ayer como rey; ahora como buey”.
Por estas, y las razones profesionales, creo merecemos una buena mañanera que vaya más allá de la repetición de calificativos y la reiteración de que, como ya aprendimos, la corrupción es la madre de todos nuestros males, razón por la cual debemos aprender a portarnos bien.
Si usted va a hablar todas las mañanas de todos los días del sexenio para imponer la agenda política y borrar, más aún, al inexistente gabinete que lo acompaña, y estar en condiciones de aprovechar la oportunidad de la nueva Constitución, no la moral, sino la que ya pergeña Muñoz Ledo, es necesario un esfuerzo suyo para crear un guion novedoso, capaz de regenerar el verbo presidencial, de lo contrario, dejará de ser noticia y la mañanera terminará por dormir a los más entusiasta o matar a quienes ya no estamos para estos trotes.
Decididamente, señor Presidente, está obligado a mantener el valor de su palabra y tener piedad hacia quienes ya no somos tan jóvenes como usted, en especial sus colaboradores.
De lo contrario, para mantener la atención del respetable y sus altísimos niveles de popularidad, tendrá que acudir a expedientes espectaculares. Por ejemplo, ordenar, para estar al estilo de países que tanto admira por su falta de corrupción, como Noruega y Dinamarca, que el general Cresencio Sandoval y el almirante José Rafael Ojeda Durán lleguen a la mañanera en bicicleta o en transporte público.

Cresencio Sandoval
José Rafael Ojeda Durán

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