La cultura es riqueza

Exiguos presupuestos no dan para un mejor mantenimiento de museos; pingües negocios con la destrucción y pérdida de nuestro patrimonio histórico

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Destrucción de Museo Nacional de Brasil, llamada de atención

La señorial ciudad de Zacatecas albergó el Simposio Internacional “La Habitabilidad de las Ciudades: De la Supervivencia al Patrimonio Mundial”. El pasado 3 de septiembre en la ceremonia de inauguración, nos enterábamos de lo ocurrido horas antes en Rio de Janeiro con el incendio del gran Museo Nacional de Brasil. La doctora Aída Castillejas del INAH en su brillante intervención manifestó su consternación por lo ocurrido horas antes en uno de los museos más importantes del mundo y, desde luego, en el Continente Americano. El inmenso edificio de 1881, cuando el país era todavía colonia de Portugal, tenía una colección de 20 millones de piezas, desde momias egipcias hasta el fósil más antiguo de las Américas conocido como “Luzia” de casi 12,000 años (primeros humanos del continente) y el primer dinosaurio de gran tamaño de hace 80 millones de años, que con 13 metros de altura fue encontrado en Minas Gerais. Ambos constituyen la colección paleontológica más importante de Latinoamérica.

El hecho nos enfrentó a una realidad espeluznante. Ese gigantesco museo con 200 años de existencia, el principal centro de investigación y museo de historia natural y antropología, que tenía también momias egipcias y una colección única de insectos extintos, se ha perdido para las nuevas generaciones de Brasil y del mundo. Algo quedará en los libros, pero nunca jamás a la vista de los seres humanos de hoy y de mañana. La causa del desastre no fue el siniestro que lo consumió, sino la estupidez humana que lo permitió; la política voraz que gasta en partidos, campañas, rapiña y corrupción y que por lo tanto desprecia la cultura, la educación y la memoria histórica del pueblo. El último presupuesto disminuido por los recortes anuales era de 100,000 euros y este año de sólo 43,000, menos de la asignación para lavar los coches de los diputados de la Cámara Baja en Brasilia. Así de absurdo e irracional.


Guardadas las proporciones, algo parecido ocurre en nuestra patria. Es cierto que pocos museos sufren de una indolencia criminal como el Nacional de Brasil pero lo es también que, comparativamente, nuestros exiguos presupuestos no dan para su mejor mantenimiento, menos para la óptima prevención de protección civil frente a siniestros. La cultura es el último rubro del presupuesto anual, la riqueza de nuestra arqueología prehispánica y los monumentos coloniales están a expensas de los buitres que se la roban, o de los desarrolladores inmobiliarios que los destruyen. Las autoridades que pudieran protegerlos con honestidad y compromiso no tienen recursos para la defensa y, la burocracia que se colude con los depredadores, hace pingües negocios con la destrucción y pérdida de nuestro patrimonio histórico.

Por ello el simposio de Zacatecas tuvo mayor relevancia en cuanto a que sus cinco mesas trabajaron intensamente en el intercambio de vivencias y experiencias de Ciudades Patrimonio de la Humanidad en México, Latinoamérica y España. Todos los representantes expusieron sus problemas y soluciones para que, tanto desde la óptica administrativa como de la misión cultural de su conservación, se cumplan puntualmente las exigencias para mantener la clasificación que otorga la UNESCO a las mismas. En particular la mesa de Historia, Cultura y Arte en Ciudades Patrimonio, en la que nos tocó participar con una ponencia, así como la de Gobernanza en Ciudades Patrimonio, donde también expusimos, cobraron doble importancia después de la tragedia irreparable ocurrida en Rio de Janeiro.

Sólo el Centro de la Ciudad de México tiene 48 museos; los más de extraordinario valor. Sus 42 bibliotecas y los vestigios prehispánicos del origen de la fundación de la Gran Tenochtitlan, los monumentos arquitectónicos como capital de la Nueva España y desde la Independencia ciudad capital de la República, la ubican en la mayor grandeza reunida y rescatada de la historia del país, con 700 años a la vista. Todo ha resistido el paso del tiempo pero ya es inocultable que, pese a los programas de salvación, la existencia de más de 500 inmuebles en estado ruinoso, exigen atención inmediata. La misma prioridad tiene la defensa contra los enemigos del Centro Histórico dentro del gobierno de la ciudad, que con su indolencia o complicidad, son incapaces de aplicar la ley para acabar con el abuso en la violación de normas federales y locales, que han hecho estragos en los planes y programas de preservación y rescate del núcleo de nuestra cultura nacional en la altiplanicie central.

Ahora mismo en colaboración con el Museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso, se celebra el “Encuentro del Camino Real de Tierra Adentro”, que convoca a todos los estados y poblaciones que atravesó el camino hasta Santa Fe Nuevo México, partiendo de la Plaza de Santo Domingo en la capital. Esta ruta por la que se diseminó y expandió nuestra cultura tanto precolonial como novohispana, para marcar la frontera real o histórica, de una misma nación que participa de un pasado común de identidad que le debe asegurar también un futuro de proximidad sin los muros, ni dicterios de los infaltables dementes que, como el fuego, intentan borrar el pasado ilustre de los pueblos que al final resurge como está ocurriendo con éste patrimonio cultural itinerante que revela la verdadera magnitud de nuestra patria.

 

 

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