Islas Marías: así ni para qué hablar de amnistía, ¿o ahí va?

Muchos dicen que el bien nunca podrá existir sin el mal o, lo que es lo mismo, que para que uno exista requiere del otro.

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Con lo que narró Laura Restrepo en su novela “La Isla de la Pasión” y lo que me contó Juan Bustillos, Director de IMPACTO, en uno de sus viajes, siempre queda el deseo de conocer tal lugar, aunque, dice éste último, ahí no hay nada.

Pero, bueno, también me ilusioné con La Isla de Guiligan, sobre todo porque uno cree que en todos esos paraísos perdidos vive una Mary-Ann.


De la que sí, tal vez no me salve, es de las Islas Marías; ah, eso sí, sin el tradicional uniforme a rayas, porque de pisarla sería ya en plena Cuarta Transformación y convertida en territorio de cultura y pasatiempo.

Lo que me preocupa no son los tiburones que, dicen, rodean a la cárcel con muros de agua, sino los tiburones de todos colores que quedarán en libertad, 200 de los 600, que habitan las históricas islas y que encerraron por poco más de un siglo a temibles delincuentes.

Lo cierto es que la Cuarta Transformación está siendo realidad el paraíso prometido, no sé a qué costo y riesgo, pero espero que con la bendición de Dios, sin traumas a futuro.

Con el decreto firmado ayer por el Presidente Andrés Manuel López Obrador de convertir La Isla María Madre (la mayor de las Tres Marías) en reserva natural, el crimen organizado recibe otra buena nueva, aunque a decir verdad a ese destierro nunca fue a parar ningún miembro de ningún cártel de las drogas. Pero aviso es aviso.

A la medida se agrega el dicho de hace algunas semanas del propio López Obrador de que “oficialmente ya no hay guerra (contra el crimen organizado”), y de que en su gobierno la meta no es detener a alguien, sino propiciar el amor al prójimo, la paz.

“No se han detenido a capos, porque no es esa nuestra función principal. La función principal del gobierno es garantizar la seguridad pública, ya no es la estrategia de los operativos para detener a capos. Lo que buscamos es que haya seguridad, que podamos disminuir el número de homicidios diarios”, dijo a finales de enero.

Quizá mal entendimos a López Obrador desde su campaña presidencial cuando habló de una “amnistía” a quienes propician la violencia y la inseguridad en el país. No era, necesariamente, firmar un papel, ni mencionar por su nombre a los “amnistiados”, sino, paulatinamente, vencerlos con el arma de los mensajes de la indulgencia.

En todo caso la penitencia sería portarse bien, olvidar la mala vida en busca de la (evasiva) buena vida.

Y en el tiro va todo, pues, delincuencia organizada y no organizada, federal y del fuero común.

Muchos dicen que el bien nunca podrá existir sin el mal o, lo que es lo mismo, que para que uno exista requiere del otro.

En fin, que si hoy se habla de la Cuarta Transformación, también por ahí se menciona la Quinta Dimensión… Espiritual.

Vaya usted a saber, pero por lo pronto, ya con lo de las Islas Marías, pues ni para qué hablar de amnistía. ¿O por ahí era el “business”?

Que me canso…

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