Insostenible Ebrard en la cancillería, posición con Maduro compromete al gobierno de AMLO

La crisis humanitaria en Venezuela toca fondo, la comunidad internacional presiona la salida de Maduro pero México insiste en una posición insostenible que tendrá consecuencias brutales para las relaciones con América y Europa.

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Sin ser un entusiasta del chavismo y de Nicolás Maduro, la posición de Marcelo Ebrard Casaubón en la Secretaría de Relaciones Exteriores se torna insostenible en el futuro de las relaciones internacionales del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con Latinoamérica, América del Norte y Europa.

Marcelo es la cara visible de la posición de México en la crisis humanitaria de Venezuela.


Navegó a contracorriente de las democracias del continente y Europa, pero sobre todo contaminó la presunta neutralidad de México al proponerse junto con Uruguay de Tabaré Vázquez Rosas como virtuales conjurados con Maduro para una salida de diálogo, que recibió el rechazo exprés del presidente de la Asamblea Nacional Bolivariana, Juan Guaidó, nombrado Presidente Encargado.

De sostenerlo en la cancillería, las consecuencias para López Obrador serán desastrosas en geopolítica. El apoyo a Maduro arrinconó a México junto a dictaduras, países islámicos radicales y autocracias como la de Cuba, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, China, Irán, Turquía, Rusia y el grupo terrorista Hezbolá de Líbano, cuyos representantes parlamentarios encabezados por Mohammad Raad fueron recibidos el 24 de enero por el embajador de Venezuela en Beirut, Jesús González González.

El gobierno de López Obrador utilizó la política de no intervención para cerrar los ojos ante la violación a los derechos humanos, el genocidio, la persecución, el éxodo, el brutal desabasto de alimentos y medicinas, y la desaparición de todo tipo de libertades en Venezuela.

En paralelo, la protesta del pueblo venezolano que llegó al clímax el 23 de enero, conmovió al mundo. Dimensionó los horrores de Nicolás Maduro apostado en un segundo mandato con elecciones claramente fraudulentas, apoyado en la construcción de un Congreso Constituyente con su nomeklatura, con el propósito de aniquilar a la Asamblea Nacional Bolivariana de Guaidó.

La reacción del Grupo de Lima fue contundente, el respaldo de  Estados Unidos, Canadá, Colombia, Brasil, Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Perú y República Dominicana decidieron un destino donde Marcelo Ebrard bajó a México al abstenerse en la declaratoria contra Maduro, con la justificación de la anacrónica Doctrina de Genaro Estrada diseñada para las condiciones internacionales de 1930 en el gobierno de Pascual Ortíz Rubio, 89 años atrás.

Es como desempolvar el texto original de la Constitución de 1917  -como en algún momento lo propuso López Obrador- sin tomar conciencia de la prohibición al sufragio de la mujer.

No sabemos con precisión los compromisos de López Obrador con los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, pero se intuye que la fidelidad mutua corresponde a ayudas mutuas durante al menos 18 años, y en alguna parte de la inteligencia de Cuba que opera en Venezuela deben estar documentadas situaciones comprometedoras, pero es mera especulación, aunque no hay otra forma de explicarlo.

Los pronósticos hablan de la caída inminente de Nicolás Maduro, y la reconfiguración geopolítica de la región. Y aún cuando se sostenga a sangre y fuego contra el pueblo venezolano, que, según Mitofsky, el 84% pide su salida, es un camino sin retorno.

En una carta de Juan Guaidó dirigida este viernes a López Obrador y Tabaré Vázquez, el presidente interino aclara la ruta de su gobierno en tres puntos: 1) Cese de la Usurpación 2) Gobierno de transición y 3) Elecciones libres.

En respuesta a la convocatoria de diálogo de los mandatarios mexicano y uruguayo, Guaidó contesta que la oposición se prestó al diálogo en múltiples ocasiones y sólo sirvió para que “la dictadura de Nicolás Maduro” se burlara en la cara del pueblo venezolano y se opusiera al cambio.

El también presidente de la Asamblea Nacional invita a Andrés Manuel y Tabaré a ponerse del “lado correcto de la historia” ya que, como decía el premio Nobel de La Paz Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, estás del lado del opresor”.

En poco tiempo López Obrador tendrá que redefinir su política exterior, esa que Marcelo Ebrard llevó al lado equivocado de la historia, no sin el consentimiento del Presidente de la República.

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