¿Imprudencia de Margarita y Felipe o desquite de López Obrador?

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Por más que lo intento no imagino a Felipe Calderón, mucho menos a Margarita Zavala, planeando hacer trampa, aunque quisieran, para construir un partido político que les permitiera incursionar en la política mexicana a sabiendas que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador vigilaría cada uno sus pasos y escudriñaría cada papel del sexenio antepasado hasta encontrar la manera de cobrar que le “robaran” la Presidencia en 2006.

Cuando la señora Zavala anunció su deseo de tener un partido político, para cualquiera era evidente que más allá del discurso sexenal de corte evangélico sobre amor, abrazos y perdón, el nuevo grupo gobernante no desaprovecharía el poder para desquitarse contra quienes con supuestas malas artes consiguieron que los mexicanos no vivamos en el paraíso de la Cuarta Transformación desde hace 14 años.

Supongo que, si consciente de que habría desquite, la familia Calderón Zavala decidió en plena 4T construir un partido político para medio disuadir a la Cuarta Transformación de ejercer venganza, sabía que no podría permitirse el lujo de incurrir en ilegalidades, sobre todo monetarias, porque fatalmente serían descubiertos.

Cometer las irregularidades conscientes del riesgo, habría sido, más que temerario, tonto.

Y Margarita y Felipe pueden ser tildados de lo que sea, menos de tontos.

Quizás la señora Zavala, que quiso ser candidata del PAN a la Presidencia, pecó de ingenuidad al no percatarse de que, montado en los hombros de Gustavo Madero, Ricardo Anaya fue un prospecto de Luis Videgaray y compañía para un Plan B electoral en 2018 que fracasó a causa de traiciones mutuas.

También se equivocó al considerar que existían condiciones para disputar la Presidencia como candidata independiente, pero de ahí a incurrir en ilegalidades para crear un partido político durante el reinado de quien no los ha perdonado –y como decía don Teofilito, ni los perdonará–, hay un trecho.

Ayer por la tarde, “en aras de los principios de transparencia y máxima publicidad, y por considerarlo un asunto de interés general”, el magistrado del Tribunal Federal Electoral del Poder Judicial de la Federación José Luis Vargas hizo pública su propuesta de confirmar la negativa de registro a México como nuevo partido político nacional.

Perogrullo objetaría que aún falta la votación y que al proyecto de Vargas podría ocurrir lo que al del ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Luis María Aguilar sobre la consulta popular para juzgar a los ex presidentes de la República, pero Calderón sabe sin lugar a dudas que la consigna es cerrarle el camino y dejarlo indefenso para cuando se ventilen los casos de Genaro García Luna, pero mucho antes el de Odebrecht-Bramsken-Idesa-Etilemno XXI.

No se trata sólo de mantenerlo quieto, sino de cobrarle con cárcel el triunfo de 2006 y qué mejor que llevarlo como actor político ante un tribunal, con o sin consulta popular, por delitos presuntamente cometidos en el pasado, precisamente durante su mandato.

Cuando Margarita y Felipe se dieron a la tarea de organizar México Libre sabían que serían sometidos a la más estricta vigilancia.

Sabedores de lo que se puede hacer desde la Presidencia, aunque el espionaje político hoy ya no exista, habrían cometido el más condenable de los pecados, soberbia, si se hubiesen arriesgado a ofrecer a López Obrador el mínimo pretexto para pavimentarles el camino al infierno.

Si no me equivoco al suponer que Margarita y Felipe no son tontos, me resulta de carcajada la argumentación de evitarles tener su propio partido por aportaciones irregulares después de que todo el país miró a Pío López Obrador conseguir dinero para colaborar en la creación de Morena, y el IFE y el TRIFE se siguen comportando como el señor caminante del whisky.

Pero también de preocupación porque no hay manera de disipar el aroma a venganza.
Y ya se sabe, que contra el poder nada se puede, aún portándose bien.

Por lo demás, que me perdone el TRIFE por partir de la sospecha de que alguien pudo pasarle la consigna de abrir las puertas del infierno a Calderón por robarse la Presidencia.

Y también al presidente por especular que pudiera albergar un sentimiento tan terrenal como el desquite, pues cualquiera sabe que él está por encima de eso.

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