Historias de policías y ladrones, las mismas de siempre en la CDMX

El chiste para la autoridad es no salir salpicada; la culpa ante la ola de delitos nunca es de ella

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A veces graznan más los delincuentes que mi comunidad de gansos.
Uno quisiera que no fuera así, pero la realidad no hay manera de esconderla ante tantos episodios idénticos.
No lo han hecho con eventos de inseguridad, pero no tardan en hacerlo: Cuando la autoridad es rebasada, el asunto es “atípico”; las intensas lluvias con drenaje tapado y la Ciudad inundada; la alta contaminación y las medidas para contrarrestarla olvidadas.
Lo “atípico” ha tapado errores e incapacidades.
El fácil asalto a una tienda de Casa de Moneda, que, para no hacer la pena más grande, hay que recalcar que no fue directamente al órgano descentralizado del Gobierno Federal, que emite esas piezas, vuelve a poner en evidencia la facilidad con que se atraca en la Capital del país, pero también el alto riesgo que corre la sociedad ante una incapacidad de décadas.
Cierto que no fue, como muchos dicen, “el robo del siglo”; no hubo vidas perdidas que lamentar, pero tampoco asaltaron un tienda de dulces o chocolates. Creo que una tienda, que aunque traten de separarla de la institución central (Casa de Moneda de México), que expende centenarios y otras piezas de oro, pues, amerita alguna atención especial por parte del Gobierno capitalino.
Porque, partamos de ahí, del “atípico” asalto, pues pobre los restaurantes de la Ciudad, del transporte público de pasajeros (Metrobús, Metro, micros, taxis), de conductores de vehículos particulares, de transeúntes.
Es viejo aquel slogan de Los Polivoces de “la policía siempre en vigilia”, pero se usa para decir que aun estando los agentes cerca o en el lugar de los hechos, éstos ocurren, como pasó en el establecimiento ubicado en plena Avenida Reforma.
Ya la autoridad local dio su propia versión de lo ocurrido en la tienda que expende piezas de Casa de Moneda: No falló la Policía, sino los protocolos del establecimiento.
¿Por qué me hacen graznar?)
Jesús Orta, titular de Seguridad Ciudadana, detalló lo elemental (“mi querido Watson”) en los inicios de la investigación: 1.- Cuando llaman a la Policía -aunque no se hayan tardado-, los delincuentes ya habían escapado. 2.- Hubo un fácil (¿y “atípico”?) acceso a la tienda (no a la institución, eh). 3.- Los asaltantes fueron directos hacia una bóveda que estaba abierta. 4.- Hay dos antecedentes de robo al mismo lugar. 5.- Había empleados en el sitio (“que hay que investigar”).
¿Así o más científico?
Entendemos que el titular de Seguridad esté en un predicamento porque él mismo se impuso un plazo (larguito) para disminuir la inseguridad en la Ciudad o retirarse.
Él mismo habló de otro asalto, a un transeúnte, también sobre Reforma, casi a la misma hora, pero a unas calles de la tienda de Casa de Moneda. Negó cualquier relación entre un hecho y otro. ¡Qué alivio!
Orta pidió a los habitantes de la zona no preocuparse porque ya se incrementaron los elementos de vigilancia. Eso está muy bien, pero aumentar el número de elementos debe hacerse en muchos, muchísimos, lugares más de la Capital.
Desde hace semanas, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ha mencionado la presencia, ya, de elementos de la Guardia Nacional en la Ciudad de México. Sé que no se han distribuido en toda la Capital mexicana, y sólo en algunas alcaldías, pero más allá de los que entraron a dos o tres estaciones del Metro a revisar mochilas y bolsas de los usuarios (cosa que no fue bien vista por muchos) no sé de otros.
Algo sigue fallando en cuanto a las estrategias. Sigo pensando mucho en la capacidad, adiestramiento, cultura, salario, de los agentes. En su honestidad, en su aplicación al trabajo.
Vimos, por ejemplo, cómo se amontonaban y gritaban a diestra y siniestra, sin orden -como dice Orta-, sin “protocolos”, como si no recibieran instrucción, cuando atendían al policía herido en la balacera del restaurante “Hunan” de Plaza Artz, en el Pedregal, donde ultimaron a dos israelíes.
Ahorita mismo hay un lío por la presunta violación, dentro de una patrulla, de una joven de 17 años en Azcapotzalco, en la que participaron cuatro policías que, se suponía, vigilaban la zona. Ya los identificamos, dijo, hace dos días, la Procuradora Ernestina Godoy, pero no están detenidos.
El llamado de ayer de Sheinbaum a los policías de salir a enfrentar a la delincuencia, a trabajar con honestidad, valentía, disciplina y con mucha cercanía a la ciudadanía, no está mal, siempre y cuando lo impriman y lo peguen en todas las patrullas a distancia leíble de los agentes.
“Tenemos que cambiar esta visión que a veces se tiene del ciudadano de la Policía, y la única manera de hacerlo es desarrollar nuestro trabajo. Tienen el apoyo de la Jefa de Gobierno y del Secretario de Seguridad Ciudadana…”, dijo.
A estas alturas (y me canso de graznar) no sé quién esté más desesperado, si la autoridad o la ciudadanía.
Existe un razonamiento muy claro: Cuando la inseguridad, la violencia y la delincuencia triunfan, el atraco es de la autoridad, del gobierno.
Y me ganso, canso.

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