Plan fallido: AMLO debió implorar al “enfermo”, “¡levántate y anda!”

Un Presidente “domador” se enfrentaba en Morelos, cara a cara, sin temores, a la maldición china. ¿Mascarilla, cubrebocas? Para eso es la “fuerza moral”. Pero esa maldita prensa “fifí”, conservadora, rastreros miembros de (la) BOA… descubrieron el montaje

Compartir:

Genaro García Luna debió estar presente, contemplando, para que aprendiera, pero algo salió mal. Quizá, mis añorados plumíferos y tercos cansones, demasiada pureza.

Por ningún rincón de las habitaciones del Hospital General “Dr. Carlos Calero” se notaba ni pizca de polvo. Mucho menos en la que el Presidente Andrés Manuel López Obrador observaba, casi conmovido, al “infectado”. Entonces, quién podría asegurar que por ahí merodeaba el malvado coronavirus.

Vaya, Porfirio Muñoz Ledo estuvo a punto de convertirse en el agorero oficial de la “Cuarta Transformación” por aquello de que se comprobaba que López Obrador sí era “el auténtico hijo laico de Dios… Un iluminado”.

Más aun, Hugo López-Gatell brincaba hasta la primera línea política -pasando, disculpa de por medio, por encima de su jefe, su maestro, Jorge Alcocer; sobre Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum (que ya no le pediría que dejara de mentirle a ya saben quién), de Ricardo Monreal), porque, por fin, se comprobaba, presencialmente, que el cubrebocas no sirve para nada.

Pero, repito (y hasta pena me da graznarlo), algo falló.

Cuestión de pasarse a la otra habitación. Si al primer “paciente” le faltaba el rictus indeseable en todo aquel carcomido por la maldición china, al de ésta le faltaban los dos pies, los dos brazos y las dos manos. Permanecía inmutable. Ni lloraba, ni reía. Era como de piedra.

“No, pues así, hasta Epigmenio Ibarra”, habría dicho el malogrado ex Secretario de Seguridad en tiempo de la otra peste, la A(H1N1).

Amigos gansos, pero qué miedo.

Un Presidente “domador” se enfrentaba así, en Morelos, cara a cara, sin temores, confiando en sus amuletos, al imperio del mal. ¿Mascarilla, cubrebocas? Para eso es la “fuerza moral”.

“Fuerza de contagio”, por aquello de no te entumas, los que estaban hasta atrás (sin malinterpretar, que no son iguales), muy atrás, el General Luis Cresencio Sandoval y el Almirante Rafael Ojeda Durán.

Para el despiste, en medio, pero con la “cuauthemiña” a tiro, el Gobernador de Morelos. Mientras, el Secretario de Salud, no un fantasma, sí, Jorge Alcocer, imitaba la seriedad del Jefe de la 4T.

Como azorados, pero seguramente pensando “a este no le duele ni un pelo”. Por eso ni a Susana se encomendaron.

El mensaje era clarísimo. “Ya ven, salgan a la calle, sean libres; no tiren su dinero comprando cubrebocas”.

Pudo haber sido el día de la consagración espiritual. El de la vehemencia total. La reverencia. El de la sesión encabezada desde el más allá por Francisco I. Madero para invocar al verdadero líder itinerante -porque en su tiempo si eran balazos no abrazos-, y mostrar que a López Obrador (los virus) le hacen lo que el viento a Juárez.

Pero, insisto -y yo solo asomando el pico-, algo salió mal.

La maldita prensa “fifí”, los rastreros miembros de (la) BOA, seguramente se pusieron más “avispados” que el pueblo sabio (“porque tonto es el que cree que el pueblo es tonto”), y tuvieron que meter su cuchara y echar a perder todo el menjurje.

Quesque el “enfermo” de Covid-19 era, en realidad, un espontáneo, que el “otro” era un pedazo de maniquí. Que el Presidente fingía consternación, y lo secundaban Alcocer, Blanco, Sandoval, Ojeda.

Pero qué esperábamos después de una gira por el sureste en donde no se puso ni un clavo en el arranque de las obras del Tren Maya (que por cierto, funcionará con diesel) y en el que su equipo -para nada científicos ni matemáticos, esos tratan la epidemia de Covid-, le pone, para lucirse, un ferrocarril que parece extraído de la Revolución Mexicana (o quizá era el ambiente epigmeniano sugerido), pintarrajeado, herrumbrado, como un elefante reumático.

No, si “domar” la epidemia requiere seso. ¿Pues qué creían, que solo era como aquello de “me canso…”?

Y yo, plumíferos y cansados amigos, pregunto: ¿Qué habría pasado si en los momentos en que el Presidente Andrés Manuel López Obrador visita al “enfermo” de Covid-19 en el hospital “Doctor Carlos Calero”, suena la alarma sísmica?

Sobre la “cama crítica” solo habría quedado una ondeante sábana.

Afortunadamente, el ISSSTE ya salió a aclarar el asunto: Fue solo un simulacro.

¡Montaje!, gritan desde Nueva York.

Pero como no hubo alarma sísmica, ni virus, ni enfermo, ni riesgo, ni cubrebocas, pues qué desperdicio. Pudieron ganar todo, consagrarse.

López Obrador solo tenía que haber implorado al “enfermo”, “¡levántate y anda!”.

Yo ya me cansé.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...