Estocada a la esperanza

Fundamental salvar a Auditoría Superior de la Federación; de alta calidad moral, nivel de experiencia jurídica y absoluta independencia del gobierno y de los partidos, perfil que debe cubrir su nuevo titular

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La Auditoría Superior de la Federación es el último reducto, al menos de información objetiva, que tiene a su alcance el pueblo respecto al manejo de los recursos públicos que le pertenecen. Su existencia ha costado muchas décadas, después de haber sido una pequeña oficina en la Cámara de Diputados que se conocía como la Contaduría Mayor de Hacienda y que, efectivamente, cuando reportaba al órgano legislativo, su operación obedecía a la intervención de la Secretaría de Hacienda sólo para cuadrar los números en las cuentas que aprobaba la Cámara. Fue un antiguo panista, que posteriormente se separó de ese partido, Ramiro de la Garza de Monterrey, quien con algunos otros priístas todavía responsables, diseñaron la Auditoría Mayor con autonomía técnica pero supeditada, a través de una Comisión de Vigilancia, a la Cámara de Diputados.

Su primer impulso fue muy productivo (se recuerda con respeto al C. P. Enrique Ojeda Norma), se empezaron a emitir resultados de las auditorías practicadas que fueron dados a conocer y que evidentemente, prendían las luces amarillas que, a querer o no, evitaron o al menos redujeron en algo, los desvíos y saqueos al erario, por la cierta censura moral para los servidores públicos que incurrían descaradamente en esa práctica ruin. La institución fiscalizadora continuaba funcionando y sus reportes anuales, aunque desfasados de los ejercicios inmediatos cimbraban a la opinión pública porque exhibían no pocos saqueos. La caída de esa tendencia positiva vino cuando, triunfando Vicente Fox y por la intervención de sus asesores, logran colocar a Arturo González de Aragón al mando del organismo.

De ahí en adelante todo se convirtió en relativo. La publicación de resultados y los negocios colaterales del Auditor mayor que le cedía al despacho de sus hijos la licencia para asesorar a los grandes ejecutores del gasto público para que, dada una auditoría, si les tocaba, la liberaran arreglando la contabilidad para que el auditor la pasara. La decadencia llegó al extremo de que, con el fraude habido en el IPAB para favorecer en las subastas a los hijos de Marta Sahagún, el propio titular de la ASF los exculpó ante el Ministerio Público cuando pagaron la garantía en una licitación para concursar, con un cheque de un tercero, sin que se suspendiera el remate, llevándoselos desde luego la empresa que se había arreglado con la Bribiesca Sahagún para adquirir a precio de risa multimillonarios activos bancarios.

El actual Auditor Mayor, el contador Juan Manuel Portal (2009) fue descartado recientemente de la reelección cuando salieron a la luz auditorías del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca (Ruiz Esparza); Odebrecht y Oceanografía (Lozada financiero de la campaña) y los delfines de Veracruz, Quintana Roo, Chihuahua y Sonora. Ahí se le sentenció al retiro. Se advirtió el riesgo para el sexenio, sobre todo porque el Sistema Nacional Anticorrupción cuyo fiscal sigue vacante al igual que los 17 magistrados, viene operando sólo con la presidenta del Comité Coordinador del SNA Jacqueline Peschard. Ella concluye su cargo a principios del año entrante y era la primera a la que debieron haber pedido su opinión para la reelección o no del Portal. Lo cierto es que el “miedo no anda en burro”.

La Cámara de Diputados emitió una convocatoria tan abierta para ocupar la titularidad de la ASF, que se han inscrito más de 40 solicitantes, entre ellos incluso, los mapaches financieros que han sido parte en los peculados en los estados cuyos ex mandatarios están siendo procesados o están prófugos. La maniobra del régimen es tan burda que pretende, al ampliar la lista, minimizar dos o tres candidatos que sí reúnen buenos perfiles, como es el caso de Mauricio Merino, de la Red de Rendición de Cuentas, especialista en transparencia y derecho ciudadano a la información.

El cuadro se parece al habido en la PGR con el pase automático del Procurador Raúl Cervantes a Fiscal Anticorrupción que fue frustrado hasta ahora, por la participación ciudadana. El nombramiento sigue pendiente, como el del titular de la Auditoría Superior. Hasta el día 15 de diciembre tendrá la Cámara de plazo para tomar la decisión. El futuro de México estará cifrado en ello, la reelección de Portal sería el camino más accesible, la elección de un nuevo auditor podrá serlo a condición de que no sea un embozado de los atracadores incondicionales y se trate de un mexicano de alta calidad moral, nivel de experiencia jurídica y absoluta independencia del gobierno y de los partidos. Pocas decisiones de esta relevancia tienen pendientes los legisladores. Se trata de salvar la Auditoría Superior de la Federación o incluirla en el carro de la corrupción para las siguientes generaciones.

El tema es tan simple que, sin un Auditor Superior honesto y patriota que detecte en las revisiones de la cuenta pública los grandes desfalcos y los pueda documentar y respaldar probatoriamente ante un juez, lo que se diga del Sistema Anticorrupción será otro timo más al pueblo. Creo que el equipo que colabora con Portal es profesional e íntegro. Desarticularlo para prostituirlo, sería una traición a México de daño irreparable.

 

 

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