En donación de órganos, México avanza, pero rezago es espeluznante: Castellanos

Actualmente se trasplantan de 2 mil a 2 mil 500 órganos a pacientes por año, cuando se deberían estar trasplantando 10 mil, afirma a IMPACTO TV; la tarea para que un país se convierta en donador no sólo es una tarea burocrática, sino también de la sociedad y de un liderazgo intachable, señala

Compartir:

La historia de los trasplantes en México inició hace casi medio siglo y, como necesidad paralela, a ello se unió la urgencia, cada vez más apremiante, de la donación de órganos.

Detrás de estos dos asuntos de vida, ciencia, altruismo, cultura y desarrollo, existen historias no reveladas, anécdotas impresionantes, trabajo exhausto, dudas y hasta actos heroicos.

Para hablar sobre el tema en IMPACTO TV, nadie más autorizado y facultado, profesional y moralmente, que el doctor Javier Castellanos Coutiño, uno de los pioneros en trasplantes de órganos en México y gran impulsor de la ley sobre donación.

En momentos en que la cultura de la donación avanza en México en forma lenta y bajo muchos estigmas, casi en niveles de emergencia, el doctor Castellanos, quien en el sistema médico nacional es reconocido como “el maestro”, y ha sido discípulo y compañero de dos premios Nobel, revela a IMPACTO información que puede ser determinante en el cambio de visión de la sociedad sobre esta “necesidad”.

“La vida no radica en el latido cardiaco”, expresa en entrevista exclusiva. “La vida radica en lo que tiene el control de todo el cuerpo humano que es el sistema nervioso”.

El también ex subsecretario de Salud y ex subdirector médico del ISSSTE, revela así un concepto médico que puede llevar a la recapacitación de las personas sobre el acto de donar órganos.

Castellanos narra a IMPACTO una charla hace años con el entonces senador panista Juan de Dios Castro.

“Discutimos el concepto de ‘muerte cerebral’, y el punto fue: ¿En cuál de los dos quirófanos estoy vivo, en el que el cirujano me quita el corazón mediante circulación extracorpórea, pero el cerebro recibe sangre oxigenada, o en el que el corazón está latiendo, pero mi cerebro ya está sin sangre?, plantea.

Explica que en los años en que comenzaron a trasplantar, los 70s, la regulación estaba contenida en el Código Sanitario y luego en la Ley General de Salud, pero ninguna de ellas consideraba lo que es básico en el trasplante, “el concepto de muerte cerebral”.

Castellanos revela que en los 80s, en México la muerte era el paro cardio-respiratorio, y que en comparación con otros países, México había quedado rezagado por años en el concepto de “muerte cerebral”.

“(Entonces) hicimos un trabajo de campo con las academias, con los distintos grupos religiosos, con los neurocirujanos más afamados del país, para aceptar el concepto de ‘muerte cerebral’”.

Por fin, narra, en el 2000 se aprobó la “muerte cerebral”.

”Su aprobación fue un paso gigantesco”, celebra.

 

UN AVANCE MÁS

Castellanos, quien acumula miles de trasplantes, explica una de las confusiones actuales y que tienen que ver con la decisión del Congreso de convertir a los mexicanos en “donantes potenciales”, mientras en vida no expresen lo contrario.

Señala que en el 2000 se aprobó la donación tácita: “Todo mexicano es donador (mayor de edad, que tenga salud mental, que no esté preso) a no ser que exprese lo contrario”.

Un avance en el sentido de trazar una línea y poner a los mexicanos en el lado del “sí”, al no decir “no”.

Pero los que se debieron encargar de esto no entendieron, afirma. Siguieron manejando la tarjetita del “yo sí dono”.

“Quedó un compromiso en el Congreso, y ojalá lo rescaten, que la Secretaría de Gobernación anotaría en tu registro de población si tú decías ‘no’, y bueno, si tu decías ‘no’, pues era ‘no’”.

Pero ya había puesto al país en el lado del “sí”, y la verdad no lo entendieron, indica.

Castellanos expresa que Holanda apenas el año pasado propuso la “donación tácita”, 18 años después, lo que califica de absurdo, “pues nosotros llevamos 18 años de avance, pero no se entendió”.

Asegura que en aquella ley que aprobó el Congreso se logró que se desechara la “donación viva” de parentesco a no ser que fuera una situación especial, por ejemplo, “yo le quiero donar a mi hijo”.

Pero por ley sólo quedaba el “donador cadáver” y el “donador vivo” quedaba totalmente proscrito, añade.

El mensaje, dice Castellanos, tenía el propósito de hacer que nosotros le metiéramos motor a la “donación cadavérica” y a la creación de la cultura de la donación.

Hubo frutos, agrega, un año antes se creó el Consejo Nacional de Trasplantes, y posteriormente los Centros Nacionales de Trasplantes, que siguen vigentes porque está la estructura.

“Se creó una figura copiándola del modelo español que fue muy exitoso, que tiene una tasa de donación de arriba del 35 por millón.

“En España una persona que espera un órgano no espera más de cuatro o cinco meses; aquí espera nueve años, 10 años”.

Revela que en el logro de “jalar” el modelo exitoso de España, tuvo mucho que ver, entonces, un acercamiento con la International Trasplant Society.

“Entonces creamos una figura que todavía está vigente, el coordinador de trasplantes de cada hospital registrado como captador de órganos o realizador de trasplantes, que es una figura del modelo español”.

Hoy, sugiere Castellanos, a esta figura se le debería reconocer todo el peso que su actividad conlleva.

 

EL DATO PREOCUPANTE

Cuando empezamos a hacer los trasplantes en los 70s nuestro argumento era que deberíamos hacerlos porque era 10 veces más económico sacar a los pacientes de los programas de hemodiálisis, trasplantarlos y rehabilitarlos, expresa Castellanos a IMPACTO.

En aquel momento, afirma, la necesidad del país era poder atender 100 nuevos pacientes por año, por millón de habitantes, que caían en insuficiencia renal.

Pasado el tiempo, los trastornos de las patologías que se han hecho comunes, como la obesidad, la diabetes, las cardiopatías, han disparado el volumen, agrega.

“El año pasado, la situación era espeluznante”, narra. “Con cifras de la Secretaría de Salud eran 500 nuevos pacientes, por año, por millón de habitantes”.

Y añade un dato más que deja ver la situación actual en México: “De 2 mil, 2 mil 500, pacientes que se trasplantan al año ahora, se debería estar trasplantando 10 mil”.

Esos son los que están registrados, dice, y espera que en esta nueva dinámica de gobierno, se puedan mejorar los registros del Cenatra.

“Porque si están registrados 8 mil, 10 mil, seguramente no son todos, deberían estar registrados 20 mil. Aún con 25 mil estamos cortos”.

Es un mundo de pacientes que están llenando las unidades de diálisis con un alto costo social para el paciente y económico para las instituciones, asegura.

 

REZAGO IMPRESIONANTE

La dinámica de la plática con Castellanos ante las cámaras de IMPACTO lleva al comentario inevitable: “México tiene un rezago impresionante en materia de donación de órganos”.

Lo afirma quien en el 2000 recibió en Italia la “Medalla del Milenio” para los pioneros de trasplantes en el mundo, un reconocimiento que ningún latinoamericano ha obtenido.

Algo que impulsó a recibir esa medalla, expresa, fue que mantenía estándares muy altos de realización de trasplantes reportados a la International Trasplant Society, y por entrenar a otros médicos de Centro y Sudamérica.

El país, asegura, tiene muy buenos hospitales, buenas instituciones; si antes hacíamos trasplantes tres o cuatro médicos, ahora los hacen docenas de jóvenes, brillantes; buenos cirujanos.

Pero ello, afirma, contrasta con las acciones de donación de órganos.

“México, en materia de donación, es uno de los últimos países en América Latina en materia de tasa de donación”, reitera.

“El año pasado, México todavía registraba 3.5 por millón de donación de órganos”, señala, cuando Cuba, con todo respeto, que no tiene la organización de salud ni el tamaño que tiene México, ni el número de fallecimientos, alcanza una tasa de 12 por millón”.

Indica que Argentina y Brasil nos superan con mucho y que a los únicos que superamos es a Guatemala.

“Estamos atrasadísimos”.

Para empujar esta cultura, dice a IMPACTO, en 1999 se creó el Consejo Nacional de Trasplantes, durante la gestión del doctor Juan Ramón de la Fuente en la Secretaría de Salud.

“Él fue el primer presidente, como secretario de Salud, y yo fui el secretario técnico del Consejo, entonces empezamos a promover la donación de órganos cadavéricos”, señala.

 

‘EL MEXICANO ES GENEROSO’

El doctor Castellanos asegura que la tarea de que un país se convierta en donador no sólo es una tarea burocrática que deba quedar en una oficina de una secretaría.

Asegura que quien esa responsabilidad y tarea, debe convertirse en un líder social para poder tocar las puertas de organizaciones privadas y públicas, y presentarse en foros como el organizado por la Cámara de Diputados recientemente, encabezado por el secretario de Salud, Jorge Alcocer.

Más aun, señala, es tarea de la sociedad entera.

Puntualiza que quien esté al frente de este programa debe ser una persona, en primer lugar, intachable, con una capacidad de liderazgo, de mover a la sociedad en su conjunto, y de borrar cualquier percepción de malos manejos.

“Porque yo sí creo que el mexicano es generoso, y la respuesta que hemos tenido en muchos cientos de donaciones ha sido muy positiva dentro de las familias”, indica.

“Pero nos falta ese liderazgo, ese convencimiento, esa figura de coordinador de trasplantes, que sea capaz de desvelarse, y que esté con la familia, que sea amable, cariñoso, afectivo, mucho es del trato que reciban estas familias”.

En la charla con IMPACTO se recordó que hace años, esta empresa periodística publicó, con base en auditorías internas de los institutos de donación, que gente que se encontraba esperando la donación de un órgano de repente se daba cuenta que ya no estaba en la lista, o alguien más había sido beneficiado anticipadamente.

“Por qué en México no hemos sido capaces de crear y robustecer una cultura de la donación”, respondió.

“En parte, creo que la sociedad tiene una percepción no siempre correcta de lo que hacemos en el gobierno”, afirma, “y sigue prevaleciendo mucho el criterio de que hay corrupción y otras cosas”.

Castellanos afirma que estamos muy lejos de las necesidades que se tienen en el país. “Quizá el año pasado estábamos a 3 y pico de tasa de donaciones, y espero que éste se llegue a cuatro”.

“Pienso que la sociedad es generosa; creo que hay que quitar ese estigma de posibilidades de negociaciones y de corrupción”.

De algo sí está seguro: “Se debe crear una cultura, una conciencia, de que el cielo se gana dando, no negando”.

 

‘CAUSA DE LA MUERTE: AUSENCIA DE ÓRGANOS’

En casi cinco décadas, la vida de Javier Castellanos Coutiño, cercana a los trasplantes, está llena de anécdotas y vivencias.

“Empezamos a trasplantar en los años 70s con el Código Sanitario”, expresa.

Entonces, afirma, eso era como un vacío para la actividad que comenzaba en México con relación a los trasplantes y donación de órganos.

“Aspirábamos a que pudiéramos lograr, inspirados en el proyecto de justicia social, un ‘lugar más tranquilo’ para quienes trasplantábamos”, recuerda.

“Era (con ese Código) un riesgo gigantesco”.

Y entonces cuenta una anécdota que refleja la cultura de entonces en ese aspecto:

“Un día, para hacer el primer trasplante de corazón, en el Hospital 20 de Noviembre (ya habíamos hechos muchos de riñón) conseguimos una donación estupenda, con una familia estupenda.

“Una Ministerio Público, perfectamente talentosa, lamentablemente teniendo de por medio las consideraciones del Código Sanitario, nos donó todos los órganos.

“Hicimos el trasplante de corazón, y dos días después (esto es historia no escrita) fui llamado a la Procuraduría del Distrito Federal… El licenciado Rafael Anzures era el subprocurador del Distrito Federal. Por fortuna era una gente que me conocía muy bien.

“Mostró un documento del Servicio Médico Forense que describía la muerte de la persona y su identificación. El legista, al final, corroboraba: “Causa de la muerte: Ausencia de órganos”.

 

DOÑA CARMEN Y LOS MUERTOS SIN ÓRGANOS

El doctor Castellanos colma a IMPACTO de anécdotas y datos para la Historia. Por ejemplo, que doña Esther Zuno, esposa de Luis Echeverría, impulsó en México el primer banco de córneas.

Y en este asunto de trasplantar y donar órganos se involucran tanto cuestiones humanitarias como económicas, afirma. Por eso las historias se van dando.

Narra que tratando de empujar la donación cadavérica de órganos, un año después de la acción de la señora Esther Zuno, platicó en Los Pinos con doña Carmen Romano, esposa de José López Portillo, luego de conocer a un familiar de ella dedicado a la medicina.

“Otro día ella me dijo, ‘doctor, ¿y usted se ha puesto a pensar en el daño que usted les hace a esos seres humanos que al fallecer se van sin órganos?’”.

Y Castellanos asegura que recapacitó: “Si algo se rescata en la muerte no es el cuerpo, si acaso es el alma (según la religión en la que todos los mexicanos estamos educados, la Católica)”.

Entonces, dijo, le respondió: “El cielo se gana dando, no negando”.

 

EL LÍMITE DE LOS 70 AÑOS…

Por encima de los 70 años ya no eres un donador cadavérico, comenta el doctor Castellanos a IMPACTO.

Sobre este aspecto señala que muchas cuestiones que tienen que ver con la ley para ser un donador cadavérico las ha platicado con varios expertos, entre ellos uno de sus maestros que fue Premio Nobel, Félix Rapaport, fundador de la International Trasplant Society.

Con Felix Rapaport, Editor en Jefe de Transplantation Proceedings y co-Premio Nobel con Jean Dausset por el descubrimiento de los antígenos de histo-compatibilidad.

Pero agrega que en una convivencia con los trasplantadores de Grecia, cuando él decía ‘es que no más de 70 años’, ellos rebatían con una filosofía muy griega: ‘Si tú has utilizado los riñones 70 años, qué bueno, pero si tú llegas a los 90 y tus riñones siguen buenos, tu expectativa de vida ya no es mucha, dona’.

“Estoy convencido que si alguien es mayor de edad y tiene órganos funcionantes, y fallece por causas ajenas, y puede ser un donador, los órganos deben aprovecharse”, señala.

“¿Por qué cancelar a los donadores vivos no relacionados?”, pregunta.

Primero, expresa, para echar a andar la maquinaria de la donación cadavérica.

“Si se mueren 500 mil mexicanos al año, que podamos conseguir una tasa de 3 por millón no es nada. Deberíamos conseguir cuando menos el 30 por ciento. Cubriríamos una gran necesidad social”, indica.

Sobre el evento reciente en el Congreso, al que acudió el doctor Jorge Alcocer, actual secretario de Salud, Castellanos señala que el funcionario federal es respetable y con visión amplia del tema (“académico, un hombre serio, formal… Me gustó su discurso”).

También expresa que le gustó la participación de Miroslava Sánchez Galván, presidenta de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados.

Pero pone el dedo sobre un asunto que ya debe tomarse muy en cuenta en estos eventos: El modelo de Salud de México, que tuvo cosas extraordinarias, es necesario revisarlo ante las elevadas cifras de diabéticos, de obesidades.

“Prevenir antes que lamentar. Si nosotros creemos en la sociedad, que la sociedad crea en nosotros”, expresa.

 

UN COLOFÓN DE RECONOCIMIENTO

Y algo más del anecdotario:

El doctor Javier Castellanos Coutiño tuvo el privilegio de ser el médico final del poeta Jaime Sabines, hasta su muerte. Ello le valió el acercamiento con la familia del apellido hoy grabado en la Historia de la Literatura mexicana. Bueno, no con todos.

Castellanos fue una de las pocas personas en quien confiaban las fuerzas rebeldes zapatistas (un personaje de Chiapas con quien hubo incompatibilidad de valores me dijo: ‘Cuídese, lo pueden matar por allá’”).

Pero hablando de la medalla recibida en Italia, la “Medalla del Milenio”, para él existen, entre muchas otras, dos importantes.

Una, que en Monterrey celebran cada año a una paciente que él trasplantó hace 30. Ella cada año da su testimonio en un hospital del ISSSTE.

Otra, que la persona que le hizo el primer trasplante en México, en 1975, falleció el año pasado por otras circunstancias. Es decir, dice con orgullo, “cuarenta y tantos años de sobrevida”.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...